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Eduardo González, autor –entre otras muchas obras– de los álbu-mes Autobiopsia, Dentro de la No-che e Historias Olvidadas, es uno de los mejores y más conocidos dibujantes de Canarias, un creador de gran talento y versatilidad, ca-paz de manifestar su arte en muy distintas facetas del dibujo: la ilus-tración, el cómic, la viñeta humo-rística, la tira de prensa… y por supuesto, también en la caricatura.

Su obra como caricaturista es enor-me: ha realizado alrededor de me-dio millar de caricaturas de perso-najes conocidos de la vida política y social local, que han sido reuni-dos en un libro, Fauna, de inmi-nente publicación. Pero su grafis-mo ha evolucionado muchísimo en los últimos años, desde un acer-camiento deudor de la historieta cómica, con cierto regusto naif, hasta una fórmula de retrato que desestructura a los personajes para reinventarlos de nuevo con una extraordinaria elegancia y econo-mía en el trazo.

Gracias a estos últimos trabajos, Eduardo es hoy considerado uno de los grandes caricaturistas de Ca-narias, a la altura de dibujantes his-tóricos y reconocidos como Paco Martínez, Rafaelly, Galarza, Crosita, Claverie, Manrique de Lara, Francisco González o Harry Beuster.

Cuando ofreció al Parlamento de Canarias la posibilidad de presen-tar en nuestra sala de exposiciones su trabajo 70 (+2) diputados para un nuevo Estatuto, no lo tuvimos que pensar mucho. Sin duda, la exposición que presentamos es una extraordinaria demostración de su capacidad para el retrato caricaturesco, realizado, sin em-bargo, sin intención burlesca o satírica.

Las caricaturas de Eduardo Gon-zález no pretenden –como plantea el origen etimológico del termino italiano 'caricare'– cargar sobre el retratado sus defectos o imperfec-ciones con la aviesa intención de definirle. La intención de las cari-caturas de Eduardo es meramente descriptiva, o diría que incluso be-névola, y su técnica, con trazos muy sueltos y ligeros, lo que hace es humanizar a los personajes que dibuja, hacerlos reconocibles para el público sin necesidad de buscar el recurso fácil de la comicidad impostada, la distorsión de la apariencia física o la alegoría engañosa.

Eduardo se inscribe claramente en una línea de caricaturistas muy ce-lebrada en las islas, que retrata a sus personajes desde el aprecio, o –al menos– desde la neutralidad. Quizá por eso, las caricaturas de Eduardo González se han conver-tido desde hace años en un ele-mento de identidad asumido por los caricaturizados: una veintena de amigos y conocidos míos usan caricaturas de Eduardo como foto de perfil en sus móviles y redes sociales.

Eduardo ha dibujado a los setenta diputados que hoy componen nuestra cámara, y también a los dos que obtuvieron acta en las últimas elecciones al Parlamento, y renunciaron a ella para convertir-se en senadores en representación de Canarias.

Presentar la totalidad de sus cari-caturas de los diputados elegidos en la primera legislatura del nuevo Estatuto –la décima de nuestra his-toria parlamentaria– es una opor-tunidad única. Estoy convencido de que van a disfrutarla.