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20 septiembre, 2020

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Life after Flash

Life after Flash

¿Cuántas oportunidades te da la vida para subsanar aquellos errores que, según la experiencia que vas adquiriendo por el camino, deben ser subsanados?

Ésta es una pregunta muy difícil de responder, por lo menos, si se pone como ejemplo, lo que se cuenta en el documental Life After Flash, escrito, producido, montado y dirigido por la cineasta británica Lisa Downs (Reino Unido, 1982) y que ahora se puede ver con el aliciente que suponen los extras que se incluyen en la versión en Blu-ray, extras que sirven para explicar, aún más, cómo los seres humanos vamos aprendiendo sobre la marcha y sin tener muy claro cuál será el resultado final de las decisiones tomadas durante el camino.

En realidad, la mayor virtud de Lisa Downs -como en su día lograra George Méliès con sus trucos de magia trasladados a la gran pantalla- reside en ser capaz de juntar a un grupo de personas, todas ellas relacionadas con un mismo evento y/o motivo. En este caso, se trata de la película Flash Gordon, producida por Agostino “Dino” De Laurentiis y dirigida por Mike Hodges en 1980, para ponerlos a conversar sobre los momentos y sobre la figura, la impronta y la personalidad de Sam J. Jones, el actor que dio vida a dicho personaje gráfico en la producción cinematográfica donde todos coincidieron.

Y ahora me dirán ¿en qué se parece un mago e ilusionista de principios del siglo XX con una productora, guionista y directora, nacida y criada más de medio siglo después? Pues se parecen, porque ambos logran que un espectador vea en una pantalla lo que, raramente, verá en la vida real, con más o menos magia. Me explicaré. Incluso para un actor, acostumbrado como está a ponerse delante de una cámara, el género documental le obliga a desnudarse, en el sentido más personal de la palabra, dado que, si el director -directora, en este caso- quiere lograr una versión lo más “original” posible de quien tiene delante del objetivo, debe ser capaz de convencer al actor para que éste deje de actuar y, por unos minutos, sea quien en realidad es. Y en el mundo del espectáculo, se suele pedir todo lo contrario…

Pues Lisa Downs consigue, precisamente eso; es decir, que quienes trabajaron con Sam J. Jones den una versión lo más cercana, sincera y natural de aquellos instantes en donde un joven actor, sin prácticamente experiencia profesional en el mundo del cine, se convirtió en el protagonista principal de una enorme producción ensamblada por uno de los personajes más carismáticos y capitales en la historia del séptimo arte contemporáneo. Es cierto que ya no están todos, sobre todo Agostino “Dino” De Laurentiis -fallecido hace ya una década- ni tampoco los actores Carl Adolf von Sydow, quien todavía vivía cuando se rodó el documental, ni la pareja formada por Francesca Romana Rivelli – nombre oficial de Ornella Muti- y Timothy Dalton. Éstos dan la réplica a la princesa Aura y al príncipe Barin en la adaptación de la historia gráfica creada por Alex Raymond en la década de los años treinta del pasado siglo XX.

Sin embargo, la directora sí que logró contar con el resto de los actores principales, con miembros del equipo técnico y con varios actores secundarios, mucho más atentos a lo que sucedía, se comentaba y se sentía a su alrededor, dada su posición en el organigrama de toda aquella producción. Luego y con todos esos mimbres a su alcance, la ideóloga y verdadero motor de todo el proyecto, fue capaz de sentar al actor sobre el que hablaban todos los allí reunidos y conseguir que éste terminara por dar una versión “muy sincera y original” de su vida antes y, sobre todo, después de su paso por el set de rodaje de la película Flash Gordon.

Life After Flash es, ante todo, una suerte de alegato contra los modos y las maneras de una industria que termina por triturar a la mayoría de los que permanecen en ella un tiempo, sobre todo si deben enfrentarse a una producción del tamaño de la película del cineasta y productor italiano. Ni tan siquiera queda tiempo para pensar, ni asimilar todo lo que sucede a tu alrededor, porque tu vida ya no te pertenece y, como muy bien cuenta el propio actor, ni tan siquiera tus calcetines son ya tuyos, sino que debes preguntarle a alguien si los puedes utilizar, o no… Si a todo ello le suman el afán por el gremio de representantes/ agentes/ abogados y demás “expertos” en asesorar a los actores, guionistas y directores noveles, y en decirte lo que debes y lo que no debes hacer -sobre todo cuando eres un recién llegado a la arena de juego-, el resultado termina por NO ser del agrado de todo el mundo. Esto explica los errores de juicio y la precipitación que llevaron a Sam J. Jones a enfrentarse con Agostino De Laurentiis y cómo su osadía le llevó, entre otras muchas cosas, a comprobar que su voz había sido doblada, dado que no se le volvió a llamar para terminar lo que había quedado en suspenso por el parón vacacional navideño…

Esto no quiere decir que la demanda interpuesta por el actor buscara reparar un agravio económico cometido por parte de los responsables de la producción -o así se comunicó a los medios que se hicieron eco del suceso- pero, cuando acabas de llegar, y no importa que sea para interpretar al personaje principal, debes guardar la cola mientras los veteranos ocupan los primeros puestos, algo que el actor norteamericano terminó por entender de la forma más dura y brusca posible. 

Otra virtud de Lisa Downs es buscar otras voces fuera de la producción para explicar, por ejemplo, la problemática derivada del encasillamiento que sufren los actores cuando dan vida a una creación tan carismática como pudiera ser Flash Gordon o Superman, una razón que explica las palabras del director Richard Donner hablando de sus experiencias con el actor Christopher D’Olier Reeve, quien interpretó a la creación gráfica de Jerry Siegel y Joe Shuster a lo largo de cuatro entregas.

Y por último y no por ello menos importante, están las voces de sus amigos y de su familia, en especial de sus hijos, quienes terminan por completar un fresco lleno de altibajos, malos momentos, pero teñidos de un afán de superación y sentido de la lealtad para quienes le rodean que han logrado mantener a flote la vida y la carrera profesional de Sam J. Jones.

No quiero desvelar todos los elementos con los que se ensambló la imagen final de este puzle, pero no quiero dejar de mencionar que aparece también Alex Ross, uno de los mejores dibujantes e ilustradores del noveno arte contemporáneo y el responsable de presentar a las nuevas generaciones la película de Mike Hodges y la impronta de Sam J. Jones, merced a las sucesivas interpretaciones de la película en distinto formatos que ha ido aportando el artista gráfico en la última década.

El afán por ser exhaustiva que ha desarrollado la directora explica el largo proceso de realización de este documental. Eso sí, al ver el resultado final, se terminan por entender sus razones.

¿Qué más les puedo decir? Pues que visiten la página web https://www.lifeafterflash.com/ donde la directora cuenta más cosas sobre el futuro, y sobre lo que se quiere hacer en relación con el cuarenta aniversario del estreno de la película. Dicho esto, tal y como están las cosas, las opciones son, cada vez, más limitadas.

Si tienen tiempo y ganas, vean el documental para así poder entender un poco mejor todo lo que he querido expresar en los párrafos anteriores.

© Eduardo Serradilla Sanchis, Helsinki, 2020

© 2020 Spare Change Films and Strict Machine.

Imagen 1:

Cartel original del documental

Pie de foto: © 2020 Spare Change Films and Strict Machine.

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