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Manuel Darias
Historieta

Uno de los más prolíficos y respetados críticos de la historieta española, galardonado con el premio a la divulgación del Salón del Cómic de Barcelona del año 2008. Desde su infancia, fue un lector apasionado de los cuadernos de aventuras de su época. De profesión aparejador, cofundó el fanzine Epsilon Eridani en 1969 y colaboró con la mítica revista Bang!.En enero de 1973 empezó a escribir una página informativa sobre cómic en los diarios La Tarde y a partir de 1976 en Diario de Avisos. Desde este último periódico, concede anualmente unos premios que gozan de gran predicamento en el mundillo nacional. Su página de crítica, con más de 2000 apariciones, es la más antigua de las que se publican en España. En 1981 dirigió el documental Carlos Giménez, un maestro del cómic español. Un año después, presentó el programa El sonido del cómic para Radio Nacional de España en Canarias, junto con José H. Chela. En los años 90, fue vocal del Patronato de Cultura del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, desde el que puso en marcha las tres primeras ediciones del Salón del Cómic de Tenerife (1993, 1994 y 1995).

   Manuel Darias

Historieta

Uno de los más prolíficos y respetados críticos de la historieta española, galardonado con el premio a la divulgación del Salón del Cómic de Barcelona del año 2008. Desde su infancia, fue un lector apasionado de los cuadernos de aventuras de su época. De profesión aparejador, cofundó el fanzine Epsilon Eridani en 1969 y colaboró con la mítica revista Bang!.En enero de 1973 empezó a escribir una página informativa sobre cómic en los diarios La Tarde y a partir de 1976 en Diario de Avisos. Desde este último periódico, concede anualmente unos premios que gozan de gran predicamento en el mundillo nacional. Su página de crítica, con más de 2000 apariciones, es la más antigua de las que se publican en España. En 1981 dirigió el documental Carlos Giménez, un maestro del cómic español. Un año después, presentó el programa El sonido del cómic para Radio Nacional de España en Canarias, junto con José H. Chela. En los años 90, fue vocal del Patronato de Cultura del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, desde el que puso en marcha las tres primeras ediciones del Salón del Cómic de Tenerife (1993, 1994 y 1995).

¿Quién fue más popular: el Capitán Trueno o el Guerrero del Antifaz?

Ya he escrito en un par de ocasiones acerca de esta cuestión, pero ahora voy a insistir al respecto ante la reciente petición que me ha hecho un viejo compañero de curso, de cuando ambos estudiábamos en el querido y recordado Colegio de San Ildelfonso de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.

Quién es más fuerte: ¿Goliath o Taurus?

Hace un año, en esta misma página publiqué un artículo titulado ‘Los hercúleos amigos de los héroes del tebeo clásico español’, en el que presentaba una relación de los forzudos que acompañaban a los más famosos protagonistas del tebeo de aventuras español del pasado siglo.

Los dibujantes del Capitán Trueno

Cuando escribo un artículo parecido al de esta semana, lo reviso una y otra vez para evitar algún gazapo pero, a pesar de ello, es frecuente que también me suceda.
En este caso concreto me ha pasado con la omisión del magnífico álbum de José Revilla titulado El Capitán Trueno y el Círculo de Fuego, aparecido en 2017, y que me encantó, como lo demuestro en el comentario que entonces escribí sobre la obra, cuya página adjunto.
De ello, increíblemente, me di cuenta el pasado domingo al volver a leer el suelto.

Mis veinte tebeos de humor clásico

Se acabaron las páginas que yo he venido llamando «divertidas», porque me han obligado a bucear en mi tebeoteca y a escoger una serie de ilustraciones y fotos, nostálgicas y entrañables.
A las páginas dedicadas a: colosos, graciosos, novias eternas, villanos, western español, perros y gatos, arquitectos, personajes juveniles, periodistas, planos del Cachorro, personajes esqueléticos, errores de los dibujantes, aldea de Astérix, personajes envejecidos y mis veinte tebeos realistas clásicos, se une ahora esta última entrega.
No se me ocurre nada más, que sea «especial».
Salvo que, en un momento dado, una nueva lucecilla ilumine mi tebeística mente.
Así lo espero.