El humorista gráfico José Luis Padilla, mejor conocido como Padylla, ha sido reconocido con el Premio Canarias de Comunicación de 2026, convirtiéndose en el primer viñetista en recibir este galardón. El premio se entregará el 30 de mayo en Las Palmas de Gran Canaria en el acto institucional en el que se conmemorará el Día de Canarias y reconoce a uno de los caricaturistas más reconocidos del Archipiélago. El viñetista lleva más de dos décadas analizando la actualidad política y social de Canarias a través del humor gráfico.
En declaraciones recogida por Cadena Ser, Padylla ha admitido sentirse sorprendido por este galardón. “Son de estas cosas que llegan y te preguntas cómo es posible”, comentó. Asimismo, dijo que este era “un reconocimiento a la profesión de hu humorista gráfico de todos aquellos que me preceden, desde Morgan a Montecruz, como Rafaely y Chojuaá y un largo etcétera”.
La Fundación Cine+Cómics es una de las entidades que ha propuesto a Padylla para este premio. Su director, Lucas Morales —quien entre sus líneas de investigación académica tiene el humor gráfico— ha destacado que este premio supone “el reconocimiento del viñetismo como un género periodístico en sí mismo asociado a la opinión”.
Además, recordó que la obra de Padylla ha formado parte de proyectos de investigación como el artículo Venir de lejos: claves de la construcción del relato sobre la crisis migratoria en Canarias en las viñetas de prensa de Morgan y Padylla (2020-2024) escrito por el propio Morales junto con los profesores de la Universidad de La Laguna David Fuentefría, José Luis Zurita Andión y el profesor de la Universidad Rey Juan Carlos Sandro Arrufat. Este artículo, que recoge decenas de viñetas de Padylla y J. Morgan en las que ambos trataban la inmigración al Archipiélago, fue la base de una muestra que estuvo expuesta en varios enclaves de Canarias, como el Antiguo Convento de Santo Domingo, en San Cristóbal de La Laguna.
Morales también reveló que han pedido permiso desde la Universidad de Pittsburgh, Pensilvania, para reproducir las viñetas de Padylla presentes en el artículo lo que indica “que su trabajo trasciende lo local”, según el director de la Fundación.
Se nos fue el Baifo celebra este reconocimiento
Por su parte, La Asociación Canaria de Humoristas Gráficos y Caricaturistas “Se nos fue el Baifo” ha reaccionado con júbilo a este anuncio. En una publicación en sus redes sociales, la entidad señala que “celebra con profunda emoción y orgullo” este reconocimiento a uno de sus miembros.
Tres trazos para contarnos la verdad *
Francisco Pomares
El humor gráfico no es un adorno simpático del periódico. Es un género periodístico con una tradición larga y sólida en Canarias, que arranca en los periódicos satíricos del Siglo XIX y alcanza a los caricaturistas del Siglo XX. Durante generaciones, la ironía dibujada ha sido una de las formas más eficaces de e intervenir en el debate público. La viñeta es, en el fondo, un editorial comprimido: pensamiento político reducido a una imagen. Lograr eso no es fácil. Quienes nos dedicamos a escribir todos los días lo sabemos bien. Uno se pasa horas ordenando argumentos, intentando explicar una situación política que casi siempre es más absurda que lógica, y buscando el tono adecuado. Al día siguiente, cuando el artículo está publicado y uno abre el periódico, descubre que Padylla ya lo ha contado todo con tres trazos y dos bocadillos. Y lo ha hecho mejor.
Ese es el talento de los grandes humoristas gráficos: la capacidad de convertir la complejidad en sencillez comprensible. La viñeta funciona como una radiografía instantánea de la actualidad, no describe lo que ocurre; lo descubre. La política deja de ser una secuencia de titulares para transformarse en parte de la comedia humana. Es por eso que sus viñetas funcionan, porque el lector se reconoce en ellas. En medio de la intoxicación informativa, sin más recursos que su lápiz y puro talento, Padylla plasma lo que de verdad sucede, y encime nos hace reír.
Su obra, ya ingente, se caracteriza por tres dimensiones fundamentales. La primera, su arraigo en la actualidad: cada una de sus viñetas parte de una lectura rigurosa del presente, orientada a identificar los asuntos que preocupan a la ciudadanía. La segunda, su capacidad de síntesis intelectual y visual, que condensa en una frase y un trazo cuestiones complejas sin simplificarlas en exceso. Y la tercera, su mirada ética y social, que sitúa en el centro de su trabajo problemas que trascienden la política institucional -desde la desigualdad hasta la inmigración, el desempleo o las carencias de los servicios públicos-, y que afectan directamente a la calidad de vida de los canarios. Ese compromiso con la realidad social ha convertido la viñeta de Padylla en un espacio donde el lector no sólo encuentra humor, sino también claridad, empatía y reconocimiento. Su trabajo dialoga con la experiencia cotidiana de la gente común, y es precisamente ahí donde radica gran parte de su relevancia. Padylla ha logrado construir un estilo visual y narrativo propio, fácilmente identificable, que combina el trazo directo con una expresividad gestual que refuerza el sentido del texto. Esa identidad gráfica le ha permitido situarse en continuidad con la tradición del humor gráfico canario, pero también renovar su lenguaje, adaptándolo a nuevos públicos y formatos. Su presencia en redes sociales, donde sus viñetas circulan diariamente, confirma la vigencia de un género que ha sabido reinventarse sin perder su esencia.
El Premio Canarias que ahora recibe tiene un valor simbólico: premia a un autor, por supuesto, pero también a un género periodístico que rara vez recibe reconocimiento público. El humor gráfico ha acompañado durante más de un siglo la vida pública de las islas, Y resulta que hacer humor hoy no es más fácil que antes. Probablemente sea más arriesgado: vivimos tiempos curiosos, en los que la política se ha vuelto extraordinariamente susceptible y la sociedad parece haber perdido parte de su capacidad para reírse de sí misma. La corrección, las identidades hipersensibles y la vigilancia permanente sobre lo que se dice o se dibuja han convertido el humor en una actividad de riesgo. Siempre hay alguien dispuesto a sentirse ofendido o victimizado, aunque sólo sea por un chiste.
La sátira cumple una función democrática elemental: pinchar las solemnidades, recordarnos que los discursos grandilocuentes, los gestos épicos y las convicciones inquebrantables suelen esconder una buena dosis de ridículo. El humor no destruye nada, por muy brutal que sea. El humor humaniza. Y el humor de Padylla ha demostrado durante años una inteligencia poco común: sus viñetas pueden ser duras, pero nunca crueles. Su ironía no busca humillar, sino revelar. Esa es la diferencia entre un sarcasmo fácil y el humor inteligente. Y hay además algo que siempre me ha parecido admirable en Padylla, y es su discreción.
En una profesión donde el ego suele ocupar bastante espacio, Padylla ha preferido mantenerse al margen del ruido. Ha construido su prestigio con trabajo diario, con constancia y con esa disciplina silenciosa que caracteriza a los buenos artesanos. Sus dibujos hablan por él.
Por eso, este premio que le sorprende, llega con la naturalidad de las cosas que simplemente tenían que ocurrir. Reconoce a un autor imprescindible, pero también reivindica una tradición que forma parte de la cultura periodística de Canarias. Y de paso nos recuerda algo que conviene no olvidar: cuando la política se vuelve solemne o se refugia en la impostura, el humor es la forma más eficaz de decir la verdad. Desde hace muchos años, en Canarias esa verdad aparecer dibujada en una esquina del periódico. La firma Padylla. Mientras los políticos hablan durante horas para no decir casi nada, Padylla nos explica el mundo.
* Artículo de Francisco Pomares en el periódico El Día [10.03.26]







