“Lo estoy haciendo al revés que otros artistas, muchos empiezan aquí y luego salen mientras que yo estoy regresando”
“Mi estilo es surrealista y tiene algo de absurdo pero si tuviera que definirme diría que soy una artista multidisciplinar”
“Cuando haces algo para ti todo es más subjetivo pero si trabajas para un cliente con plazos y condiciones aprendes muchísimo”
“Busco sacar a la luz tabúes, mostrar lo raro, diferente o marginado y darle la vuelta para encontrar su lado positivo e incluso sanador”
Noé Ramón
La creadora que de forma simultánea lleva el nombre de Cristina Guitián cuando se centra en la ilustración por encargo y talleres y el de Cristina Reyes cuando trabaja con murales, ha decidido convertir a Tenerife en su residencia oficial después de cerca de dos décadas viviendo y desarrollando su carrera artística en Londres. La razón es que identifica a la Isla como el lugar donde se encuentran sus raíces y su hogar, por lo que ha hecho el recorrido inverso a otros creadores del Archipiélago que marchan fuera para dar a conocer sus trabajos. La trayectoria de la artista está marcada por la exploración de diferentes lenguajes y soportes, desde el dibujo y la ilustración hasta murales de casi 40 metros, esculturas de contrachapado y objetos encontrados, video-performance y últimamente intervenciones vinculadas a la música y al movimiento.
En la actualidad sus murales se pueden encontrar en ciudades como Río de Janeiro, Tokio, Ámsterdam, o Londres, y en España en la localidad de Fanzara en Castellón, en Menorca, en Valencia y acaba de terminar uno en Lanzarote en el festival Desidia. En Tenerife en 2025 tuvo una exposición individual en la Galería ATC, fue finalista del premio Manolo Millares en ese mismo año, y sus ilustraciones se pueden ver y comprar en varias tiendas de la Isla.
.-Para empezar, ¿cómo resumirías tu trayectoria vital?
-Soy hija de canarios, aunque mi padre y su familia procedían de la Península, mi madre, en cambio, era canaria de varias generaciones y siempre mantuvo una vinculación muy fuerte con Tenerife, de hecho se llamaba Candelaria. Mis padres se fueron a vivir a Madrid cuando mi madre estaba embarazada, así que crecí allí, pero siempre mantuve esa relación muy marcada con las Islas a través de ella. Veníamos a Tenerife durante los veranos y, cuando tenía dieciocho años, mi madre regresó de forma definitiva y yo comencé a vivir sola en el centro de Madrid. A esa edad no quería quedarme en una Isla en medio del Atlántico, sino conocer otras cosas. Unos años más tarde, me fui a Londres porque tenía una necesidad muy fuerte de “ver mundo”. Desde muy joven he sido bastante independiente, con catorce años ya estaba trabajando.
-¿Y cuándo aparece el arte en tu vida?
-De pequeña me encantaba dibujar. Mi madre tenía un lado artístico muy fuerte y mi padre también, así que me viene un poco de las dos familias. A él le gustaba mucho que se me diera bien el dibujo, pero yo era muy rebelde y, en un momento dado, dejé de hacerlo precisamente porque no tenía muy buena relación con él. Cuando terminé el instituto no quise ir a la universidad, no sabía lo que quería hacer, me puse a trabajar y pasé por diferentes empleos. Fue entonces cuando empecé a dibujar de nuevo, casi como un refugio frente a la vida cotidiana y ahí me di cuenta de que era artista. Después hice un año de Diseño de Interiores y volvió a surgir con mucha fuerza esa pasión, me encantaba dibujar y sentía que no podía parar. Luego me cambié de escuela y entré en Ilustración un poco de rebote, ni siquiera sabía muy bien qué significaba esa disciplina pero la prueba de acceso a la escuela me gustó tanto que decidí quedarme.
-¿Cómo fueron esos años de formación?
-Estudié en Madrid y tuve compañeros de clase buenísimos, de hecho aprendí muchísimo de ellos. Sin embargo, durante los dos años de estudios pasé por una especie de parálisis creativa, viví una inseguridad continua y de hecho tenía mucho miedo de mostrar lo que hacía. Cuando terminé ya estaba viviendo sola en Lavapiés y me dieron una beca para irme a Londres y allí acabé pasando unos veinte años.
-¿Qué supuso Londres para tu desarrollo como artista? ¿Cómo recuerdas esa etapa?
-Significó muchísimo, al principio no tenía suficiente dominio del idioma y me encerré todavía más en mis dibujos, lo que paradójicamente, me ayudó a desarrollar un lenguaje visual propio. Estar en Londres, con toda la variedad que tiene la ciudad, fue una pasada, yo estaba allí buscándome la vida y, al mismo tiempo, creando mi propio mundo. Cómo me costaba hablar el idioma empezaron a aparecer pequeños sonidos, “ruiditos”, como los llamo yo, que haces cuando no sabes expresarte bien. Años después, en el desarrollo de mis dibujos, comenzó a aparecer texto en ellos de manera espontánea, a veces frases y, para mi sorpresa, eran esos “ruiditos”, así que poco a poco fui construyendo una especie de lenguaje propio.
-Parece que ha sido un proceso bastante lento hasta dedicarte a este mundo.
-La vocación, en realidad estaba ahí desde pequeña, pero la dejé de lado y volví a conectar con ella cuando tenía dieciocho o diecinueve años. Después me costó mucho encontrar mi propia voz visual, tuve bastantes crisis existenciales en ese sentido y luego ocurrió casi lo contrario: sentí que se había destapado algo y ya no quería detener y de hecho ahora si tengo que parar, me fastidia muchísimo. Es como si aquello que había estado contenido durante años hubiera salido de golpe.
-¿Y de qué forma ese crecimiento se ha plasmado en tus obras?
-Al principio hacía todo muy pequeño, después empecé a trabajar con objetos y a coleccionarlos, luego llegaron los murales y, con ellos, una necesidad de que fueran cada vez más grandes. También he empezado a trabajar con expresión corporal y hago video-performance, es como si hubiera sido una cosa muy pequeña que al principio costaba muchísimo sacar a la luz y que después hizo ¡pumba! y empezó a crecer en todos los aspectos y en todos los niveles.
-Después de tantos años fuera de Canarias ¿por qué Tenerife vuelve a ser tu lugar de referencia?
-Ahora vivo en Tenerife y de hecho he perdido mucho el contacto con Madrid, aunque crecí allí, pasé la infancia volviendo a la Isla regularmente. Y eso siguió cuando me marché a Londres, cada vez que regresaba a casa venía aquí a ver a mi madre, así que, de alguna manera, siempre he relacionado el concepto “casa” a Tenerife. A pesar de que mi madre murió hace doce años llevo desde 2024 en la Isla, aunque también he estado unos tres entre aquí y allí, por lo que para mí está siendo una especie de regreso. En Londres, estaba en una ciudad enorme y con muchísimas posibilidades, pero a la vez también me sentía muy desprotegida y muy pequeña, estás en una gran jungla y además yo entonces no tenía del todo arraigado lo de “de dónde vengo”. Muchos artistas españoles que conocí allí hacían una exposición en su ciudad y otra en Londres pero yo sentía que me faltaba un poco esa conexión. Ahora con toda mi historia familiar, le veo más sentido a que mi casa sea Tenerife, porque pese a crecer en Madrid, ya no siento que tenga allí algo que me una de la misma manera que antes.
-¿Entonces estás viviendo esta vuelta como una búsqueda de raíces?
-Sí, estoy un poco en una exploración de mis raíces, que a un nivel me está aportando mucho conocerlas y tantear también las posibilidades que hay en Canarias. Por ejemplo, ahora vengo de pintar un mural en Lanzarote, en un festival que se llama Desidia y a principios de año voy a hacer otro proyecto en Fuerteventura. En cierto modo lo estoy haciendo al revés de otros artistas de aquí: muchos empiezan en las islas y después se van fuera, mientras que yo he estado fuera y ahora estoy volviendo para ver qué puedo hacer y aportar aquí.
-¿Cómo definirías tu estilo? Lo más común es que lo califiquen como surrealista.
-A veces dicen que es surrealista y estoy de acuerdo y también diría que tiene algo de absurdo y lo veo como una especie de figurativo abstracto, pero si tengo que definirme profesionalmente, diría que soy artista multidisciplinar.
-También trabajas como ilustradora. ¿Cómo conviven esas dos facetas?
-Tengo un nombre como ilustradora que es Cristina Guitián y luego el de Cristina Reyes para definirme como artista. Principalmente me considero creadora porque quiero contar “mi propia historia”, plasmar un mensaje que no puedo expresar con palabras pero sí mediante las artes plásticas y luego tengo formación de ilustradora y de hecho es algo que me gusta muchísimo. Cuando trabajo por encargo, utilizo mi lenguaje visual para contar la historia de otra persona o de otra entidad y eso me gusta porque me saca de mi propio mundo, lo que me parece muy sano. Trabajar dentro de la industria creativa te da mucha escuela porque estás obligada a crear imágenes que tengan calidad y que funcionen. Cuando haces algo solamente para ti todo es más subjetivo, en cambio, cuando tienes un cliente, una fecha de entrega y unas condiciones concretas, aprendes muchísimo. Al mismo tiempo, expresar mi propio mensaje es fundamental para mí, de lo contrario lo noto incluso físicamente, tengo muchas ganas de crear y necesito sacar esa parte de mí.
-¿Cómo has ido construyendo tu carrera profesional?
-Históricamente empecé haciendo trabajos relacionados con el diseño y el retoque de photoshop y acabé entrando en el mundo de la publicidad en Londres y después empecé a trabajar sobre todo en ilustración por encargo de las marcas. A partir de ahí he ilustrado libros y revistas, he hecho murales, exposiciones en galerías y diferentes tipos de intervenciones. A veces me llaman directamente y otras me presento a convocatorias, también he participado en festivales, hago exposiciones y, en general, voy combinando muchos formatos diferentes. El año pasado fui finalista del Premio de Arte Manolo Millares y los ganadores fuimos invitados a realizar una intervención artística para un concierto en la Fundación CajaCanarias. La mía fue creada para el concierto del cantautor Fajardo y para ello creé una pieza de unos tres metros de alto, una especie de gigante dividido en dos partes. Durante el proceso se me ocurrió que podía incorporar también artes vivas para animar la pieza, y la acabé realizando yo misma junto al bailarín Ian Garside. Creo que soy bastante proclive a experimentar con medios diferentes, pero la temática se mantiene, hay determinados símbolos, imágenes y formas que se repiten constantemente en mi trabajo.
-El tuyo tiene toda la pinta de ser un mundo muy competitivo.
-Sí, muchísimo, es muy difícil conseguir encargos hasta que después cuando entras en esa rueda que va girando, parece que todo sale solo pero aún así mantenerlo de manera constante es muy complicado. Hubo una época en la que conseguí tener mucho trabajo pero no supe cuidarlo, cuando eres artista quieres tener libertad creativa pero lo malo de tener éxito es que aparecen muchas presiones y cosas que debes hacer aunque no quieras. En aquellos momentos no cuidé suficientemente la promoción de mi trabajo, fue cuando empezaron las redes sociales y no las trabajé demasiado hasta que con el tiempo me he dado cuenta de que eso también es importante. Cuando estás bajo presión tienes que seguir y aprovechar ese momento, porque si pierdes el ritmo que has creado tú mismo es muy difícil volver a generarlo y además, los tiempos cambian.
-¿Cómo puede ser un día normal de trabajo para ti?
-No creo que exista un día normal. Hay tantas cosas que hacer, incluida toda la parte administrativa, que tener un día dedicado exclusivamente a crear casi parece un lujo. Cuando estoy pintando un mural o trabajando en el estudio, la jornada consiste básicamente en desayunar, irme al estudio y trabajar, pero eso sí depende muchísimo del proyecto. Por ejemplo, la semana pasada estaba pintando un mural en Lanzarote, me quedaba en un hotel, nos venían a buscar, íbamos a comer a un restaurante al lado del mar, a veces me daba un baño después de comer y luego volvíamos a pintar hasta las nueve de la noche.
-¿Has participado en alguna convocatoria de Ilustradoras & Ilustradas, la iniciativa de la Fundación Canaria Cine + Cómics?
-La verdad es que no y eso que hace poco me hablaron del catálogo tan impresionante con el que cuentan. No he colaborado pero creo que debería hacerlo porque tengo un portafolio de ilustración muy amplio, así que sí, debería.
-Por lo visto has trabajado en muchos lugares. ¿Dónde has realizado murales?
-He hecho murales en ciudades como Río de Janeiro, Tokio, Ámsterdam, o Londres, y en España he pintado en la localidad de Fanzara en Castellón, en Menorca, en Valencia y acabo de terminar uno en Lanzarote en el festival Desidia. En Tenerife en 2025 tuve una exposición individual en la Galería ATC, fui finalista del premio Manolo Millares en ese mismo año, y he presentado talleres en La Panera y en Merkarte.
-¿En qué lugares se pueden ver tus obras actualmente en Canarias?
-Tengo láminas y postales en la tienda del TEA, y también en distintos espacios, como Dicky Morgan en La Laguna, y May Green Collective en Santa Cruz, donde también hay dibujos originales. En Lanzarote, ahora venden mis postales en Local 6 en Arrecife, y el mural está en el maravilloso barrio de Argana Baja.
-¿Cuál consideras que es una de tus obras más significativas?
–Hay una pieza antigua que me parece especialmente interesante, Eating Stories, de alrededor de 2008, era una estructura de contrachapado de doce metros por seis, una especie de monstruo en el que se veía el aparato digestivo. Fue la primera vez que hice algo de ese tipo, era parecido a un mural recortado, pero además incorporaba objetos. He vuelto a trabajar con esa idea en la intervención de la Fundación CajaCanarias y creo que puede ser una línea que siga desarrollando porque es bastante específica dentro de mi estilo.
-¿Qué buscas al salir del formato tradicional del mural con ese tipo de propuestas?
-Que la obra no tenga por qué quedarse en dos dimensiones. La pieza de 2008, por ejemplo, no era simplemente un mural sobre un soporte cuadrado, también recorté la forma del personaje y había partes que salían a otro plano. Ahora estoy explorando de nuevo las esculturas de contrachapado, combinándolas con bailarines, músicos y movimiento, porque para mí esa es otra vertiente que tiene mucho potencial. Hicimos el primer concierto hace poco y el bailarín, el músico y yo estamos muy decididos a seguir moviéndolo. Es un inicio y creo que puede crecer.
-¿Cuál ha sido el mural de mayor tamaño que has realizado?
-He hecho murales de diferentes dimensiones. Uno de ellos llegó a unos 26 metros por 7, pero el más largo que recuerdo es de 38 metros.
-El muralismo parece estar cada vez más presente. ¿Notas ese auge? ¿A qué crees que se debe?
-Sí, parece que hay un auge, aunque es complicado saber la razón porque también existen presupuestos muy bajos, ves que hay artistas a los que parece irles muy bien pero en realidad, están cobrando muy poco por el trabajo que hacen.
-¿El hecho de que cada vez más proliferen murales tiene relación con la rápida transformación de las ciudades, en intentar compensar su degradación urbanística con obras de arte?
-No sé si lo relacionaría directamente con eso, la verdad es que nunca había pensado en los murales como una manera de tapar los defectos de las ciudades. Quizá tenga que ver también con que vivimos en una sociedad en la que la capacidad de atención está cada vez más limitada, con el móvil estamos constantemente recibiendo estímulos y parece que nos cuesta más sorprendernos o conseguir que nos paremos a mirar algo. Un mural lo suficientemente grande puede conseguir captar la atención de la gente, pero no necesariamente se hace en lugares degradados, muchas veces se realizan en espacios que están en buenas condiciones y en otras simplemente se hacen porque el espacio y el dibujo funcionan.
-¿Hacia dónde quieres llevar tu trabajo en los próximos años? ¿Hacia dónde crees que se dirige?
-Creo que voy a seguir desarrollando las dos líneas: Cristina Reyes en mi propia obra artística, tanto en murales cómo en el taller, y Cristina Guitián en la parte de la ilustración por encargo, talleres y murales participativos. Mi trabajo tiene mucho que ver con sacar a la luz los tabúes y las cosas que no se quieren decir, con intentar mostrar aquello que es raro, diferente o que está marginado y darle la vuelta para encontrar su lado positivo. Me gustaría seguir desarrollando los talleres que tienen también esa parte de ayudar a la gente a expresarse y ofrecerle un espacio para explorar lo que quieran. Por ejemplo, en Fuerteventura voy a hacer uno en el que la ciudadanía pueda dar su punto de vista sobre cómo están las cosas en la sociedad y a partir de esas aportaciones, crearé un mural. Pienso que esa vertiente tiene mucho potencial y al mismo tiempo, quiero continuar con mis encargos personales de murales, las exposiciones y la variedad de proyectos que ya estoy desarrollando.
-¿Y cómo imaginas la evolución de tu estilo en el futuro?
-Quiero que los murales sigan creciendo en tamaño porque me interesa mucho jugar con el espacio y también continuar explorando las esculturas de contrachapado y su combinación con bailarines, músicos y personas en movimiento. Esa es una línea que acabamos de comenzar y que quiero seguir desarrollando. A finales de octubre tengo una exposición pequeña e individual en Londres, en un espacio del Soho en el centro de la ciudad, y allí voy a introducir también estas figuras de contrachapado combinadas con un mural. En general, pienso que voy a seguir ampliando las posibilidades de mi lenguaje, tanto en escala como en soportes y en la relación de la obra con el espacio y con otras disciplinas.





