Seleccionar página

“Hay muchos tipos de arte capaces de influirnos y conmovernos. Me gusta el manga, Hanna-Barbera y lo contemporáneo”

“Durante años fui seleccionando los sueños que aparecen en ‘Encías quemadas’ y los combiné con conversaciones reales”

“Hacer un cómic en España es muy bonito pero insuficiente para vivir, muy pocos autores pueden mantenerse sólo de su obra”

“Los que emigramos de pequeños coincidimos en que nuestro arraigo está más en la memoria que en un lugar físico”

 Noé Ramón

Natalia Velarde se sitúa ya en la dimensión intermedia entre empezar a tener experiencia en el mundo del cómic y dejar atrás los tiempos de despegue. La autora lleva más de una década haciendo fanzines y sacando tebeos con títulos a cual más llamativo hasta que publicó Encías Quemadas, una mezcla de sueños recopilados durante años y conversaciones reales. La obra ha sido excelentemente acogida por público y crítica pero no hasta el punto de que todavía pueda vivir tan sólo del cómic. Saber que había una profesión llamada dibujante resultó ser todo un descubrimiento al que luego siguió la incertidumbre de adentrarse en un panorama demasiado complicado, competitivo y saturado. Pero precisamente tras ese choque contra la cruda realidad es cuando comienza a adentrarse en el fanzine, escribe su propio diario y a partir de ahí ha hecho un buen número de trabajos en los que combina la autobiografía con la autoficción y los elementos surrealistas. En toda su obra hay mucho de sus primeros años vividos en Venezuela hasta que la familia decidió emigrar a España huyendo de los rigores de lo que no duda en calificar como “dictadura” chavista. Velarde  es una de las sorpresas de la próxima edición del Salón del Cómic de Santa Cruz en el capítulo de nuevos descubrimientos.

-Está claro que Encías quemadas es la obra tuya que más trascendencia ha tenido hasta ahora

–Sí, fue la primera publicación  con una editorial y por la que recibí una beca del  Instituto de la Juventud (Injuve). Conocí a Jaume Bolfil, editor de Reservoir Books, a quien le interesó el proyecto y luego pasaron unos tres o cuatro años hasta que  salió publicado. Finalmente la acogida ha sido muy buena, por suerte.

-¿Cómo la definirías?

-Es una especie de síntesis de lo que llevaba haciendo durante diez años en los fanzines, en cuanto a lo biográfico, lo ficcionado y lo diarístico, combinado con una historia de ficción con el objetivo de ver qué surgía. Siempre mezclo mucho personas con animales, es la forma que me parece más divertida de representarnos y me ayuda a utilizar la metáfora para hablar de un montón de cosas.

-Por cierto, eres venezolana aunque has perdido totalmente el acento ¿Cuándo llegaste a España?

-Vine a España con once años, en 2005. Lo del acento depende con quien esté hablando.

 -¿Cómo dirías que te ha influido la experiencia de ser emigrante?

–No sé exactamente cómo me ha influido. Mis mayores referentes son mis padres, que se han dedicado toda la vida a las artes, sobre todo al cine y al teatro, y para los que fue muy duro venir a España porque en Venezuela ya habían desarrollado sus carreras de manera que aquí tuvieron que reinventarse. Me quedo con que me enseñaron que las cosas merecen la pena aunque sean difíciles y que al final lo importante es que todos estamos juntos. Yo, al haber llegado tan pequeña, quizá me llevé la mejor parte de aquella decisión porque hice aquí mis amistades y conocí a mi pareja. A veces bromeo con que no sé si hubiese podido desarrollar mi trabajo de la misma manera si me hubiera quedado allí, a lo mejor me habrían llamado satánica o algo así. Nunca se sabe porque Venezuela también es un lugar muy rico y creativo.

-¿Hay elementos de la cultura venezolana en Encías quemadas y en general en tu obra?

–Sí, contiene recuerdos de mi infancia y referencias a las fábulas venezolanas, como Tío Conejo y Tío Tigre, además de otras figuras del folclore. Recuerdo una infancia en la que la realidad se mezclaba con lo mágico y con algo oscuro que no siempre se podía explicar y creo que esa sensación aparece bastante en mi trabajo.

-Por curiosidad ¿Por qué se fueron tus padres de Venezuela?

-Por la dictadura. Mi padre hacía documentales sobre cuestiones políticas y además, empezó a escasear el trabajo y aumentó mucho la inseguridad, querían un futuro mejor para nosotras y por eso nos fuimos.

-¿Cómo ves la situación actual de Venezuela? ¿Has vuelto a visitar el país?

-Me resulta muy complicado pensar en cómo podrían resolverse todos los problemas de Venezuela. Siempre he sentido mucha melancolía y tristeza al pensar en el país, la verdad es que no sé si llegaré a ver una solución algún día. Volví un par de veces durante la adolescencia, por cuestiones de papeles y para visitar a mi abuela pero ahora ya casi no me queda familia allí, algunos han muerto y los amigos se han ido dispersando por el mundo. Mi relación con Venezuela es extraña, a veces siento desarraigo porque no nací aquí, pero tampoco tengo ya allí la vida que recuerdo. Lo he hablado con otras personas que emigraron de pequeñas y coincidimos en que nuestro arraigo está más en la memoria que en un lugar físico.

-Supongo que te sentirás afortunada porque ahora todo resulta más difícil para los emigrantes y seguramente se pondrá peor.

-La verdad es que sí.

-Por lo que veo te gustan tanto el manga como los dibujos animados de Hanna-Barbera. ¿Cómo conviven esas influencias?

-Creo que tenemos muchísimos tipos de arte capaces de influirnos y conmovernos. Me gusta el manga, pero también los dibujos de Hanna-Barbera y el arte contemporáneo que estudié en Bellas Artes. La diversidad de las creaciones es enorme,  lo bueno es bueno, independientemente de la forma en que se presente.

-¿Reconoces esas influencias en tu propio estilo?

-Sí, en las dos y de hecho de pequeña quería ser mangaka. En Venezuela, una amiga de mi hermana dibujaba manga y me parecía increíble, tenía claro que quería hacerlo igual. Ella fue quien me explicó que aquello era un estilo y me enseñó a pintar ojos y otros elementos en una libreta, yo pasaba mucho tiempo probando las distintas combinaciones que me había enseñado. En aquella época leía todo tipo de mangas aunque ni supiera que lo eran. Me vienen a la cabeza Dragon Ball o el mismo Pokémon. Después, al llegar a España, seguí muy centrada en el manga, hasta que pensé que quizá había nacido en el momento y el país equivocados para dedicarme a ese estilo y más adelante descubrí el cómic europeo gracias a la obra de Juanjo Guarnido. Encontré una tienda en la que te compraban tus cómics por dinero,  aunque hoy en día te dan puntos o cosas así. Fue un momento como súper significativo al vender todos mis mangas que tenían muchísimos, y justo entonces me compré todo lo que había salido de Blacksad. Fue importante para mí porque dejé de pensar que solo un estilo tenía valor y entendí que lo bueno puede aparecer de muchas formas.

-¿Cómo se nota la influencia del manga en tu obra?

-Aparece, por ejemplo, en las expresiones y en las onomatopeyas que se ven  en Encías quemadas, algunas incluso escritas en japonés, porque me parece que son muy sinestésicas y sensoriales. Aunque no entienda la palabra, al verla dibujada siento que la oigo y la propia grafía cambia para imitar el sonido. Existen onomatopeyas muy concretas, capaces de describir distintas maneras de caminar o de expresar una emoción, de manera que la forma de escribirlas puede acercarlas a la comedia o al drama. Es algo que parece muy bello, un poema en sí mismas. Y luego la influencia de Hanna-Barbera también está ahí claramente y es el resultado de que cuando era niña veía muchísimo a Tom y Jerry y otros dibujos animados de esa marca. Siempre estaba pegada a la tele.

-Tus títulos llaman la atención por lo extraños que son. ¿De dónde viene por ejemplo Encías quemadas?

-Quería mezclar lo que había explorado durante diez años en los fanzines con la ficción y también representar la conexión entre esos dos mundos, el de la realidad y el de los sueños. Mi trabajo suele ser diarístico y autorreflexivo, casi autobiográfico de manera que en Encías quemadas, curiosamente, la parte más cercana a la realidad son los sueños de la protagonista llamada Piel de Perro, porque los tuve yo misma. Durante unos tres años fui seleccionando los que aparecen en el libro que a veces se mezclan con conversaciones que ocurrieron de verdad. El título viene del bruxismo, que es cuando duermes, tienes ansiedad, pesadillas y entonces aprietas los dientes hasta que rechinan y al día siguiente te arden las encías, te escuecen y  te duele un montón la cabeza. Piel de Perro echa fuego por la boca cuando está muy ansiosa y de ahí surge el juego entre el personaje y mi propia realidad.

-¿Qué críticas o comentarios sobre la obra te han llamado especialmente  la atención?

-Me siento muy afortunada por la acogida que ha tenido. No esperaba que sucediera algo así porque era mi primer cómic largo y pensaba que si salía bien, quizá me abriría oportunidades de trabajo en ilustración. Pero luego veía que hay muchísimas novedades y muchos autores y por eso puedes pasarte años trabajando en un proyecto para que después comercialmente, su recorrido sea muy breve y por eso me sorprendió tanto la respuesta. He leído palabras muy bonitas y también he descubierto cosas sobre mi propia obra que no había interiorizado, porque al trabajar hay mucha intuición y no todo pasa por un proceso racional y consciente. Me emocionó especialmente el apoyo de autores a los que admiro, como Pablo Uladel, Marco Ulices y Sara Soler. A veces pensaba que solo había hecho una vaina bien rara y me levantaba diciendo que esto no  lo iba a entender nadie.

Por eso es hermoso comprobar que el arte puede conectar a personas que incluso ni siquiera se conocen.  

 -¿Has conseguido vivir únicamente de tu arte?

-No. Hacer un cómic en España es algo muy bonito, pero no suele bastar para vivir, muy pocos autores pueden mantenerse exclusivamente con su obra. Los artistas tenemos que hacer malabares, trabajar en diseño, ilustración, impartir talleres, dar clases o tener otros empleos ¡Ojalá pudiera depender solo de mi arte! Aunque últimamente me pregunto si eso sería necesariamente bueno, porque quizá me quitaría libertad para hacer cosas raras.

-¿En qué proyectos estás trabajando ahora? ¿Seguirás la línea de Encías quemadas o buscarás otros caminos?

-Estoy trabajando en mi siguiente proyecto para el que recibí una ayuda a la creación el año pasado, pero prefiero no hablar demasiado antes de terminarlo porque siempre puedo dar un volantazo y cambiar muchas cosas. Por ahora creo que seguiré explorando los sentimientos y las preguntas sobre qué es real y si lo que percibimos lo es, porque son cuestiones que me obsesionan. Pero sí será un cómic distinto porque  Encías quemadas tuvo un propósito muy particular, en cuanto que fue una forma de despedirme, procesar un duelo y atravesar una etapa familiar difícil, lo relaciono con un rito de paso y con una manera de avanzar y encontrarme conmigo misma. No creo que vuelva a hacer otro cómic igual, al menos durante un tiempo, a no ser que quizá el siguiente también sea un rito de paso aunque de otra manera.

-¿Cómo surgió la invitación para venir a Tenerife para participar en el Salón del Cómic?

-Conocí a Paco Pomares durante una entrevista que nos hicieron a Carolina Corviño y a mí en unas charlas del Cómic Summit, que se organiza en Madrid,  estuvimos hablando y después me invitó a venir al Salón. Este año intentaba ir un poco más despacio, porque desde que salió Encías quemadas he estado viajando de un sitio a otro y como era mi primera vez viviendo algo así, quería aprovechar todas las oportunidades y me costaba decir que no porque pensaba que quizá no se repetirían. Pero también hay que detenerse para tener tiempo de dibujar, si no, al final todo lo que he estado viviendo no se repetirá precisamente porque no habré podido crear nada. Me hace muchísima ilusión viajar a Tenerife, no había podido ir nunca, así que estoy muy agradecida por la oportunidad.