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“Los que vigilan la sala de mi exposición me dicen que la gente se ríe mucho, así que la cosa va bien”

“Las madres tenemos que trabajar como si no tuviéramos hijos y cuidarlos como si no trabajásemos”

“A los haters no me los tomo como algo personal, tengo claro que esa búsqueda de polémica y de bronca ya la traían de casa”.

“En las redes te encuentras con gente que opina de todo y me han llegado a amenazar pero son minoría, si los ignoras pasan de largo”

“Antes se idealizaba la maternidad y ahora nos pasamos de pesimistas pero es necesario advertir que hay un montón de sombras”

Noé Ramón

La conciliación familiar, el peso de los cuidados y las situaciones más surrealistas que vive una madre durante el día a día son el fondo principal de las viñetas de la artista asturiana, Laura Limón quien utiliza el seudónimo, Limonarte. Afincada en Tenerife, la autora es licenciada en Bellas Artes, tiene un máster en Arqueología Prehistórica y pasó diez años recorriendo el mundo antes de regresar a su tierra natal y, posteriormente, trasladarse a Canarias. En 2024, lo que empezó como un entretenimiento en una cuenta minúscula de Instagram se transformó en un fenómeno creciente que hoy ha cristalizado en una exposición y un libro recopilatorio recién editados por la Fundación Canaria Cine + Cómics, que se está saldado con un importante éxito y aceptación.

-Para quienes no conozcan toda tu trayectoria, ¿cómo resumirías tu camino hasta llegar al humor gráfico?

–Nací en Oviedo y me licencié en Bellas Artes en Madrid, después estudié un máster de Arqueología Prehistórica y me fui de viaje durante diez años en los que también trabajé en Canadá, México, Estados Unidos, Colombia y Rusia, en la arqueología, el arte o de lo que saliera. En 2019 regresé a Asturias para tener a mi primera hija y ya un poco antes de la pandemia hacía tatuajes, pero al no poder viajar me dediqué a ello de forma cien por cien profesional. En 2024 empecé a hacer viñetas por puro entretenimiento, tenía una cuenta de Instagram muy chiquitita, pero comenzó a funcionar, a gustar y empecé a colaborar con colectivos de humor gráfico y hasta hoy.

-¿Y cómo es que has acabado viviendo en Tenerife?

–Vine en 2021 por una cuestión de pura conciliación familiar.

-En tus dibujos, tus hijos parecen ser la principal fuente de inspiración o, al menos, tu válvula de escape ante la presión que al parecer sientes por ser madre.

–Sí, es una cuestión que me inspira muchísimo, tanto la maternidad en sí, en lo que implica todo el viaje y el cambio de identidad que supone al ver la reacción del mundo ante el hecho de que eres madre, como ahora las ocurrencias de mis hijos. Los niños tienen unos momentos divertidísimos y unas salidas muy inesperadas que los adultos ni contemplamos, son mucho más creativos y frescos que nosotros pero también me inspira el día a día, la gente, las amigas… De todo se puede sacar un chiste.

-En tus viñetas tras las risas, se percibe un trasfondo de agobio y cansancio por el hecho de ser madre en la sociedad actual.

–Convives con el cansancio, evidentemente. Ocuparse de dos seres humanos, además de ti misma, es un trabajo enorme que por desgracia, en la sociedad en la que vivimos no está para nada reconocido, a las madres se nos exige seguir produciendo al mismo nivel que alguien que no tiene esa carga añadida. Eso se traduce en una sobrecarga brutal de cuidados que cae sobre nosotras, y en mi caso además, al vivir lejos de mi familia, no tengo abuelos que se puedan ocupar de los niños.

-Supongo que esa es la paradoja de la mujer trabajadora actual.

–Exacto. Existe la injusticia de que tengo que trabajar como si no tuviera hijos y cuidar hijos como si no trabajara. Debo darles toda mi atención y dedicación y, además, estar ocho horas ocupada porque yo no llego a casa y descanso como hace otra gran parte de la población. De todas formas hay mucho cansancio pero esa sensación convive con un amor inmenso y con lo maravilloso que es ser madre. Está bien que hoy en día señalemos esta vivencia de estar hasta arriba y no poder más. Antes se idealizaba la maternidad como algo totalmente maravilloso mientras que ahora a veces nos pasamos de pesimistas, pero es necesario advertir que hay un montón de sombras y situaciones muy difíciles.

-A veces tu humor me recuerda a la dibujante de El Jueves, Irene Márquez que acaba de recibir el Premio Nacional del Cómic, aunque ella desde luego es mucho más dura. ¿La conoces?

–Pues no me lo habían dicho nunca y no conozco su trabajo, pero lo miraré porque me da curiosidad.

-¿Cuáles han sido tus referentes?

–Desde pequeña leía a Quino (Mafalda), y de adulta sigo mucho a La Volatila, Monstruo Espagueti, Moderna de Pueblo, Adela por Dios… Hoy en día hay un montón de mujeres dedicándose a esto y, gracias a internet, tenemos acceso a su trabajo aunque no publiquen en grandes medios. Siempre me ha gustado el humor en todos los formatos: el cine, los monólogos, los cómics, los Hermanos Marx que veía de pequeña… Tengo muchas fuentes. También me inspiran mis compañeros de El Estafador, la revista digital donde por suerte colaboro porque me parece un lujo ver lo que ellos hacen con la misma idea base que la tuya.

-Con el tatuaje, el humor gráfico y dos niños, ¿cómo es tu día a día?

–Es bastante caótico y desorganizado. Soy autónoma y no me gustan las rutinas ni las grandes disciplinas de trabajo. Voy por «venazos», de repente me vienen varias ideas, busco el momento y las dibujo. Como desde que soy madre sufro de insomnio, me levanto por la noche a dibujar, así que mis días dependen de las citas de tatuaje que tenga en el estudio, de contestar emails o de los encargos de viñetas que deba entregar. Todo cambia muchísimo de una semana a otra.

-Recientemente has publicado un libro y tienes una exposición en marcha con la sede Fundación Cine+Cómics que también editó la publicación. ¿Cómo surgió la oportunidad?

–Surgió porque un compañero de la revista, Javi Royo, vino a dar unas charlas a Tenerife y me presentó a la gente de la Fundación, ellos vieron mi trabajo, les gustó y me propusieron hacer un recopilatorio de viñetas. Accedí de inmediato porque publicar un libro era mi gran sueño así que preparé una selección con mis 100 viñetas favoritas de los últimos años, lo editaron y acaba de salir junto con la exposición. Ha sido un proceso precioso de admiración mutua.

-¿Cómo está reaccionando el público a la exposición y al libro?

–Muy bien. En redes tengo bastante seguimiento y la gente ya llevaba tiempo pidiéndome que publicara algo, así que se está vendiendo de maravilla. En el Salón del Cómic de Tenerife tuve la oportunidad de conocer a personas que me eran totalmente desconocidas, que pasaron por la exposición y me dijeron que les había hecho mucha gracia. Al fin y al cabo, creo que de eso se trata, de algo tan sencillo como que la gente se ría y piense un poco en las cuestiones que propongo. Los que vigilan la sala me dicen que la gente se divierte mucho dentro, así que si nos reímos todos, es que la cosa va bien.

-Al volverte una autora viral y abordar cuestiones delicadas como la maternidad o roles de género, ¿te ha tocado lidiar con muchos haters?

–Tengo alguno que otro, sí. Al principio me molestaba mucho porque no estaba acostumbrada a la exposición pública y pasé de una cuenta de 60 seguidores a ver que una viñeta mía tenía un millón de visualizaciones. Así  que   efectivamente te encuentras con gente que opina de todo y alguno incluso me ha llegado a amenazar, pero son una minoría. Si los ignoras, pasan de largo, a veces me echo unas buenas risas contestándoles alguna tontería y publicándolo para que nos riamos todos de esas miserias que suelta un desconocido por internet.

-¿Cuál dirías que ha sido la viñeta que peor se ha entendido o que ha levantado más ampollas?

-Una de hace poco causó una reacción que me sorprendió mucho porque no me parecía controvertida. Era una viñeta donde se ve a una pareja en la cama, el hombre está mirando el móvil y ella le está dando el pecho al bebé y entonces él dice algo como: “¿Sabes que los capitanes que cruzan solos el Atlántico se pasan 20 días casi sin dormir?”. La gracia era ver que a una hazaña personal como esa se le da una visibilidad y una importancia brutal, mientras que las madres nos tiramos meses y años sin dormir para la pura supervivencia de la especie, sin que nos den ninguna medalla. Quería mostrar la poca consideración que hay hacia las madres mientras se vanagloria cualquier otra cosa supuestamente heróica. Pues un montón de gente se tomó a mal esa viñeta y llegaron a viralizarse las críticas. Al final, da igual que digas que el cielo es azul, siempre hay gente que comenta desde perfiles falsos solo por rabia, así que ya no me lo tomo como algo personal, porque tengo claro que esa búsqueda de polémica y de bronca ya la traían ellos de casa.