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Al principio cuando decían que mis cuadros parecían cómics no sabía si me insultaban porque era un género muy mal visto”

Tintín ha sido un personaje que me ha acompañado desde muy joven, Hergé es uno de mis autores favoritos

Hay gente que todavía cree que el ordenador dibuja solo. Algunos filtros de programa pueden ayudarte, pero lo que se dice dibujar por ti, es imposible”

Ahora hay una especie de neofacismo sin uniforme. Son raros porque intentan pasar “desapercibidos” pero no lo consiguen”

De Warhol me gustó el concepto de quitarle las mayúsculas al arte para luego volver a ponérselas, a su manera”

Foto: Domingo J. Casas

Noé Ramón

La nostalgia de las generaciones anteriores y la curiosidad de las actuales hace que cada cierto tiempo salgan a la luz autores como Kiko Feria, uno de los dibujantes de la movida madrileña. Un movimiento que no destacó precisamente por la creación de cómics al contrario que el underground de finales de los 70 y la proliferación de editoriales en la Barcelona de los 80.

Feria fue uno de los primeros historietistas que vio las posibilidades casi ilimitadas de los medios digitales y ha repartido su carrera entre facetas tan variadas como dibujante de cómics, pintor o ilustrador de libros y campañas publicitarias e institucionales. Su huella quedó impresa en los números de las revistas Madriz, La Luna o Cairo.

Su familia formó parte de la oleada de españoles que decidieron dejar sus pueblos y marchar a Madrid, en su caso desde la localidad de Ayamonte en Huelva, cuando él tenía tres años. El cabeza de familia ejercía la inusual profesión de escultor y restaurador de figuras religiosas. Kiko solía ir al taller pese a que su madre no tenía especial interés en que fuera artista, pero su padre nunca le puso obstáculos, por lo que dispuso de un razonable margen para desarrollar su pasión por el dibujo desde muy pequeño. Y lo aprovechó.

-Siempre dibujé porque quería. Fue algo espontáneo. Mi padre no me decía ni que sí ni que no. Siempre instaba a tener más paciencia, algo muy necesario en este oficio. No me lo prohibía pero tampoco me forzaba a ser artista, mientras que por ejemplo en el colegio me llegaban a castigar por dibujar. En España es muy peligroso dedicarse al cómic porque siempre ha habido muy pocas opciones y te pagan una miseria. La única o mejor posibilidad es entrar en mercados como el francés o haciendo superhéroes.

-Creo que ustedes fueron los primeros en hacer una revista de cómic en Madrid.

-Sí, se llamaba Hélice. Lo montamos José Manuel Nuevo, Rodrigo Muñoz y yo, junto con Miguel Alcón como editor

-Pero no era un fanzine.

-No, Hélice no fue un fanzine. Era una revista en cuanto a formato, portada a color, interior en blanco y negro y tirada de imprenta y además no usábamos fotocopias. El fanzine en esa época era algo más rudimentario. Lo distribuíamos por los kioskos, tenía una tirada pequeña y apenas duró dos números, porque editar y todo eso, siempre sale muy caro. Al final empezamos a trabajar en La Luna de Madrid, allá por principios de los ochenta cuando realmente no se podía decir que existieran revistas de cómics en Madrid. La Luna nos dio bastantes opciones, aunque evidentemente era una revista cultural en general. Luego surgió Madriz con un estilo totalmente distinto, más relacionado con la ciudad y con historias que se salían de lo que se publicaba en España en ese momento, como fantasia, sci-fy, aventuras, humor, terror…

-¿Es cierto que Madriz lo financiaba el Ayuntamiento?

-Sí, incluso al principio se planteó que fuera gratis para los lectores, claro. Como el Ayuntamiento lo pagaba todo y usábamos la imprenta municipal, otras publicaciones nos acusaban de competencia desleal. Aunque a mí me parece que en cuanto a contenido no tenía nada que ver con lo que publicaban las demás revistas. Era un mundo aparte.

-¿Estar totalmente subvencionados les condicionaba?

-No se nos controlaba mucho, lo que pasa es que aquella era una época un poco conflictiva, pero en realidad jamás existió ningún planteamiento político, en absoluto. Sí es cierto que cuando salió el cuarto número hubo problemas y estuvieron a punto de cerrar porque un diputado de Alianza Popular (AP) -actual Partido Popular (PP)- se quejó, no me acuerdo muy bien de qué, pero al final no pasó nada. No existía censura, otra cosa es que te publicaran o no. Por ejemplo, yo saqué la portada del número tres, luego hice otra cosa en el cuarto… y no me volvieron a llamar durante un tiempo…

-Resulta un tanto inédito que una institución financie a una revista de cómics. No conozco otro caso.

-Aquí pasó y la revista llegó a los cuarenta y dos números, creo y además funcionó bien, pagaban mejor que nadie y la gente estaba contenta. No había nada parecido porque Madrid carece de una historia del cómic en el sentido editorial. Así que por lo menos se podía publicar algo.

-¿Cómo estaba visto el cómic en aquellos años cuando empezaste?

-En los años setenta y ochenta estaba muy mal visto y de hecho cuando decían que mis cuadros parecían cómics no sabía si me estaban insultando. El cómic era para niños, para colgados o delincuentes, más que nada por lo que publicaba El Víbora. Ahora tiene un valor mucho más literario y positivo, se han dado cuenta de que puedes contar muchas historias maravillosas. Hay un montón de autores que están haciendo cosas muy buenas y a los que el cómic les da un caché que antes era imposible conseguir con ese medio. Entonces poca gente leía cómics.

-¿Cuáles han sido tus mayores influencias?

-Sin duda uno de mis autores favoritos es Hergé. Tintín me ha influenciado mucho porque ha sido un personaje que me ha acompañado desde que era muy joven. También leía el Capitán Trueno, El Jabato, el Corsario de Hierro, de Ambrós, los cómics de terror y los superhéroes Xmen, Superman, Capitan America, Batman… me parecían chocantes pero no han sido una influencia tan grande como los autores Guido Crepax, Jean Giraud., Manara, Moebius, Hugo Prat…. Alfredo Alcala o Barry Windsor-Smith con sus cómics de Coman. Robert Crumb también me encantó y me sigue encantado.

¿Y cómo te tomaste la llegada del manga?

-No me gusta, pero sí admiro la capacidad que tiene de darle una velocidad impresionante a las viñetas y como rompen las estructuras. Eso me parece estupendo. Pero la verdad es que la forma de pintar los ojos me pone nervioso. Prefiero a los autores que no hacen eso. Akira me gustó mucho en su época y también innovaciones como el formato en vertical del webtoon coreano que te impide saber lo que va a pasar después, mientras que con el horizontal siempre se te va un ojo a la derecha.

-Ahora el género más novedoso es la novela gráfica. Si tuvieras que hacer una ¿qué temática elegirías? La mayoría parecen optar por la memoria histórica.

-Memoria histórica no, porque hay que documentarse mucho. Yo tenía un proyecto más relacionado con la ciencia ficción y me gustaría hacer algo así, mezclando muchas ideas y cosas extrañas en un planeta que sea muy raro. Pero ya te digo, la incertidumbre es si te van a pagar bien y te dan un buen anticipo porque el cómic y más, hacer una novela gráfica, es el trabajo más duro dentro de la plástica, claro. Resulta muy absorbente, muy pesado y repetitivo. Si no te pagan bien no compensa.

-Entonces ¿cuáles son las salidas que tienen ahora mismo los dibujantes?

-Como siempre hay mucha oferta y poca demanda. En lo digital, una posibilidad es la autoedición: colgar tu historia en internet, tener suerte y que de repente le guste a la gente. Aunque las Plataformas de publicación de cómics te pagan poquísimo por página leída, algo así como 0,004 céntimos… La otra alternativa es conseguir que una editorial te publique en papel.

-En cualquier caso está claro que el futuro ha pasado por lo digital, una opción que tú viste desde el principio.

-Si, desde 1993 más o menos trabajo en digital. Aunque todavía hay gente que se pone muy reacia cuando le hablas de estas alternativa y te dicen que prefieren leer un libro, el olor, el papel. Pero es porque no saben lo que cuesta trabajar de esa manera en cuanto a costes de producción. Mientras, el arte digital da muchas opciones. Hacer cómics es muy caro y la gente no compra ni lee tanto como se debería, siempre se pueden editar en papel y en digital y de hecho las grandes editoras ya lo están haciendo. Nuestra industria no es parecida a la de Francia. Ni en tirada ni en número de lectores.

-Pero tú prefieres el dibujo digital a pesar de los prejuicios.

-Sí, me gusta. La capacidad de trabajo es muy superior. A veces tengo que pelear con la gente y me sorprende la actitud tan negativa que tienen sin conocer el medio para hablar de esa manera.

Será quizás porque se cree que es mucho más fácil dibujar de manera digital que de la tradicionalç

-La guerra entre lo tradicional y lo digital es de siempre, desde que se empezó a trabajar con ordenadores allá por finales de los ochenta y principio de los noventa. En 1986 salió el primer Mac en Estados Unidos y rápidamente llegó a aquí. A mí la informática no me interesaba para nada, A pesar de haber estudiado informática y programación. Que no es lo mismo que trabajar con imagen digital. Así que aprendí a hacer ilustración y comics de esa manera, a pesar de la poca información que había sobre el tema. Ahora hay un montón de escuelas, academias tutoriales, etc. Cuando les decías a las editoriales que ibas a mandarles el trabajo en ese formato se quedaban a cuadros. Y eso que ellos tenían unos ordenadores superpotentes, mucho más que el de cualquier dibujante, pero no sabían bien como usarlos para la imagen ni cómo funcionaban ciertos programas. En ocasiones no eran capaces ni de abrir los disquetes para acceder a la ilustración que les llevabas. Estabas todo el día enfrentándote a cosas raras.

-¿Pensaban que intentabas engañarlos?

-Hay gente que todavía cree que el ordenador dibuja solo y es verdad que algunos filtros pueden ayudarte, es una herramienta más pero dibujar, lo que se dice dibujar, está claro que es imposible. Y menos aún la Inteligencia Artificial que coge trocitos de aquí y de allí y todo es un corta y pega. Le dices que te dibuje un personaje y te lo hace con tres manos, cuatro dedos y unas uñas muy extrañas.

-¿Rechazas totalmente la IA o crees que puede servir de ayuda?

-Ahora mismo lo uso para crear fondos que me puedan interesar y algunos me sirven y otros no. A veces también te da ideas que no se te habían ocurrido. Pero es repetitiva. Lo que pasa es que el futuro ya está aquí y nos va a comer enteros, así que o sabemos jugar con él o nos traga, pero ahora mismo no puedes sustituir a un ilustrador o a un comiquero por la IA.

-Últimamente estás de actualidad tras la entrevista que te hizo El Mundo, por medio de la cual muchos han conocido tu trabajo y otros lo recordaron.

-No sé muy claramente por qué Iñaki Domínguez me hizo la entrevista. Seguramente porque la movida ahora mismo sigue dando vueltas por ahí. La idea era explicar lo que había estado haciendo desde aquellos años. A ver, lo de los cómics es lo más llamativo porque estuve trabajando en Cairo, La Luna y Madriz. Pero cuando eso se acabó, mucho antes de que se cerraran las revistas empecé a trabajar en publicidad. Dibujando para grandes marcas, hice cómics, storyboards, y todo tipo de dibujos comerciales. Y después también se acabó la publicidad y me dediqué a la decoración de seda y porcelana y la pintura… pero como todo también tuvo su final.

-¿Y en la actualidad?

-Mezclo la ilustración, los relatos, los cómics y trabajo en una web de adultos desde hace bastante tiempo porque era lo único que había en su momento, y por ahora lo llevo bien. Es cierto que estuve una época un poco desaparecido, pero más bien fue porque vivía fuera y ahora, la verdad, es que me voy a jubilar.

-¿Crees que esa entrevista tiene que ver con el interés que despierta todo lo relacionado con la movida?

-Es que quienes vivimos aquello ya tenemos más de sesenta años. La movida se ve como una época extraña que era necesaria en el sentido de que España estaba en un nivel cultural muy bajo y después del 75 había mucha incertidumbre y mucha inestabilidad política. Todo era muy convulso. A nosotros la política no nos interesaba porque ya habíamos vivido todo aquello en nuestra adolescencia. Recuerdo que en la Universidad llegó a haber tantas protestas que no se podía ni estudiar, era un desastre. Estábamos del lado del arte, la música, la pintura o la fotografía y dijimos: “aquí lo único que se puede hacer es ir a nuestra bola” y el pasotismo de finales de los 70 se convirtió en la movida de los 80. Algunos pensaban que aquello sólo era, “vámonos de juerga”. Y sí, era eso pero también había mucho trabajo detrás. Yo salía todas las noches y de hecho comencé a hacer publicidad porque conocí a un tipo en un bar, me pidió que le enseñara mis dibujos y le gustaron.

¿Y por qué crees que ahora existe curiosidad por aquellos años?

-Igual porque ahora mismo la época no es tan liberal ni tan divertida y hay añoranza por los locos ochenta. Hace poco hicimos una exposición con fotografías de Domingo J. Casas sobre personajes de la movida.

-Decía Antonio Banderas que Franco está más vivo ahora que en los ochenta, en los que ni se le mencionaba y menos aún recordaba.

-Ahora hay una especie de neofacismo sin uniforme. Son raros porque intentan pasar desapercibidos pero no lo consiguen. No estamos ante consignas claras como las de los fascistas italianos o los nazis, son escenarios totalmente distintos. En aquel entonces no estábamos preocupados por todo eso, no era necesario.

-¿Cuál sería el punto de inflexión en el que dejó de interesar la política en el sentido convencional?

-Al ver cómo se solucionó todo aquello del golpe de Estado creo que se relajó bastante la cosa. Pero ya digo, hubo mucho de cansancio.

-¿Y en cuanto a la música?

Yo me fui a la mili y cuando me dieron un permiso regresé a Madrid, vi un concierto de Radio Futura y fue como descubrir otro mundo. Ya estábamos hartos de cantautores y no queríamos seguir con lo mismo. Cuando vi a Santiago Auserón cantando lo de la moda juvenil me dije que aquello era puro pop y que el futuro ya estaba aquí, como dice la canción. Por mi parte pase´de hippie a nuevo romántico.

-En aquella época se acabó el virtuosismo, los solos de guitarra de media hora.

-Evidentemente al principio de la movida muchos eran principiantes y aprendieron sobre la marcha.

-La consigna era expresarse a pesar de todo, incluso del talento.

-Expresar lo que quisieras sin tener que saber tocar un instrumento, aunque algunos aprendieron y otros no.

-¿Qué piensas de la gente que dice que Alaska y Almodóvar se vendieron y traicionaron al espíritu de la movida?

-Independientemente de lo que piense, creo que su evolución ha sido la lógica si tienes éxito. Me acuerdo que en su momento hicimos un recortable de Alaska, en Hélice. Y es que ella siempre se ha vendido muy bien. Entiendo que los dos han llegado a un punto en el que al tener fama surgen los pros y los contras entre el público. A mí me gustan algunas cosas del cine de Almodóvar y otras no, porque a veces aparecen historias que no encajan entre sí. Creo que todos hemos trabajado bastante en estos años, lo que pasa es que también es necesario tener suerte y estar en el sitio y momento adecuado, como me ocurrió con el chico que conocí en un bar, le enseñé mis dibujos y comencé a trabajar en publicidad.

-Ahora hay un documental sobre la visita de Andy Warhol a Madrid. Y se incide mucho en lo de “la visita” porque fue una sola, mientras que a Berlín o Londres habrá ido mil veces. ¿La recuerdas?

-Recuerdo haber visto la exposición y me pareció muy curiosa. Al él no le vi. Por aquella época creo que ya estaba bastante mayor. A mí me parece un tío interesante, con un lado más frívolo que el resto de artistas de su época. Me gustó ese concepto de quitarle las mayúsculas al arte para luego volver a ponérselas.

-En la entrevista de El Mundo decías que durante la movida se hacían cosas que hoy no se aceptarían.

-Eran cosas bastante eróticas y fuertecillas que hoy estarían prohibidas en Instagram, en Facebook y en casi todas partes. Ahora mismo casi todo está mal visto porque todo es excesivamente politizado y a la vez desvirtuado. En aquella época de finales de los 70 principios de los 80, en las revistas se hablaba libremente de cualquier asunto, incluidas las drogas, como en la revista Star. Aunque a veces se secuestraban algunos números, la verdad es que hacíamos un poco lo que nos salía de las narices. Pasaban también cosas inexplicables, como por ejemplo un cuadro que hice para una exposición colectiva de la Galería Librería Moriarty, de una chica desnuda, de espaldas con pelo punky apoyada en un rincón que se publicó con motivo de la exposición en el periódico Arriba, que era totalmente franquista.

-Para acabar crees que es cierta esa frase que siempre dice Alaska de que en realidad nunca existió la movida, que fue un invento.

-Es como decir que no existió la generación del 27 o la de los cincuenta o la del noventa y ocho. En realidad son etiquetas que se ponen antes o después para englobar a una serie de autores que coincidieron en la misma época aunque no tengan nada que ver entre ellos. Si Alaska dice que no existió la movida, ella sabrá, pero lo que yo vi es que durante esa época y en la actualidad tiene mucho éxito y está por todos lados, de lo que me alegro mucho por ella.