

Dos de los personajes más vanagloriados por los británicos en su historia, Francis Drake y Horacio Nelson, protagonistas en gran medida de los orígenes de su pasado colonial glorioso, sucumbieron en sus intentos por conquistar Canarias.
La patente de corso era un permiso oficial que un gobierno daba a un barco privado para atacar a sus enemigos, que principalmente eran piratas que surcaban por el Atlántico.
El drama de la inmigración entre África y Canarias contada con toda la elocuencia que permite un medio fascinante como la novela gráfica. El dibujante tinerfeño Eduardo González, basándose en un texto de Juan Manuel Pardellas, retrata una historia real, trágica y trumática, con crudeza pero también poesía