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15 de junio. 2025. Entrevistar a Mariscal no resulta fácil porque el dibujante conoce todas las claves, recovecos, siente especial gusto por la ironía, el sarcasmo y dirigir el punto de mira hacia el entrevistador, eso sí de forma irreprochablemente  educada y hasta cariñosa. Estrategia que debe haber adquirido con los años si se leen entrevistas de su época dorada que más bien se convertían en batallas campales. Mariscal no parece tener un buen concepto de sí mismo, más allá de que sea posiblemente el diseñador español más conocido en todo el mundo. Gran parte del mérito se lo debe a haber inventado aquel machanguito de las Olimpiadas 92 llamado Cobi que generó un tsunami de controversia, lo que era precisamente su objetivo. De rebote, como ocurre con los grandes éxitos, al final el resto de su carrera queda eclipsada por la mascota de la que se ha convertido en una especie de esclavo. Cuando lo cierto es que estamos ante un reconocido diseñador de todo tipo de objetos, dibujante, nominado a un Óscar, ganador de un Goya, de multitud de premios y un original autor de cómics. Nada de esto parece ser suficiente para elevar su autoestima o tal vez en realidad estamos ante un brillante ejercicio de epatar, todo un arte muy propio de su generación.