Si se pudiera escoger un simil que sirviera para definir el salón del Cómic de Angouleme, debería recurrir a la obra literaria de Lewis Carroll, «Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas» (1865) aunque, en este caso seria mejor retitularla como «Las aventuras del miembro de una Fundación cultural en el mejor de los escenarios posibles de imaginar.»

Un evento como el salón de Angouleme sobrepasa los límites de un evento de cómic al uso para convertirse en una experiencia inmersiva en donde todo lo que te rodea tiene que ver y/ o está relacionado con el cómic/ el noveno arte o La bande dessinée tal y como lo denominan en este país.

Y casi sin tiempo para poder asimilar que te estás subiendo en la guagua con Gaston, Astérix y Milu para conocer a una legión de autores, editores y muestras temáticas, entras en los dominios del salón de Angouleme per se y es cuando no tardas en saltar de una sorpresa mayúscula a otra aun mayor.

No obstante, lo que más te sorprende es el respeto y el comportamiento que demuestran las editoriales, los autores y, en especial quienes esperan, casi se diría que de forma ceremoniosa, el que dichos autores cumplan con el ritual de dedicarles un ejemplar y/ o realizar un dibujo que colme las expectativas que todo buen aficionado, espera y desea cuando acude a un evento de estas características.

Al final, entre tanto que ver y experimentar, uno termina por cruzar ese espejo que te lleva desde la realidad hasta la ensoñación y todo en tan sólo un par de jornadas de encuentro comiquero.

¿Acaso se puede pedir más?…

Eduardo Serradilla Sanchis, Angouleme, enero del año 2024.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies