El trabajo de esta artista e investigadora ha pivotado durante once años en entender las carencias de la representación femenina en las viñetas desde sus inicios hasta la actualidad. Con motivo de la reciente inauguración de su exposición Con voz propia: mujeres cuerpo a cuerpo en la sala de arte La Recova, organizada por la Fundación Cine+Cómics y la Cátedra Cultural Moebius en colaboración con el Museu del Còmic de Barcelona, Vila hace una revisión profunda de los cánones de mujeres en el mercado de la viñeta y su impacto en la construcción del significado de mujer.

¿Qué significa el cómic para Marika Vila Migueloa?

Es un lenguaje de comunicación artística y un medio de expresión de la cultura popular. Nos dota de su fantástica capacidad de síntesis, de fluidez y movimiento para jugar con los tempos, a la vez que conjuga razón y emoción al dirigirse a nuestra visceralidad con la imagen. Combina su discurso con un texto que racionaliza el sentimiento causado. Esta cualidad lo situa de forma privilegiada para la manipulación y la generación de modelos y domina tanto el mainstream como las contraculturas. Tradicionalmente, ha sido considerado un territorio masculino y su discurso canónico ha estado en manos de una cultura patriarcal que controla también las transgresiones contestatarias pero, para las mujeres, ha sido un territorio hostil. A pesar de ello, algunas sobrevivimos en él, causamos grietas y abrimos así una senda nueva. Mi experiencia en el interior de este espacio masculino recorre múltiples facetas. Soy lectora inatendida, profesional perfeccionada en el cómic mainstream, autora pionera, responsable de un mensaje feminista y revulsivo en el surgimiento del cómic adulto y, finalmente, una de sus introductoras en la investigación académica como analísta y teórica. Llevo once años analizando sus representaciones, recopilando información y rescatando el trabajo de las voces invisibles huyendo del victimismo, en defensa de un nuevo discurso que cubra sus carencias, porque creo que el cómic lo necesita y este ha sido el objetivo de mi doctorado.

¿Cómo sería el cómic ideal en términos de igualdad?

El cómic está necesitado de voces femeninas que incluyan la diversidad en la audiencia a la que se dirigen. Hasta ahora ha venido siendo un diálogo entre chicos, el sujeto a quien se ha dirigido su discurso tradicional ha sido un lector, básicamente como en toda la historia de la cultura patriarcal, pero en el cómic, que se supone un medio moderno. Parece increíble que un medio que nace al mismo tiempo que las sufragistas no empiece a reflejar las voces de las mujeres reales hasta bien entrado el cambio de milenio. Y esto último solo ocurre gracias a la constancia y la necesidad de romper el silencio de ellas. En eso estamos y en ello debemos insistir. Es prioritario recuperar sus voces en el discurso histórico, que siempre han estado allí, para construir una genealogía que permita el arraigo y los referentes tan necesarios en la implantación de un nuevo discurso artístico más inclusivo y diverso, más universal, en el que todas podamos participar y seamos contempladas.

A lo largo de su carrera como investigadora en la construcción del significado del género en ámbitos como la comunicación o el arte, ¿hubo algo que descubriera (concepto, idea, teoría, definición, roles, estereotipos, etc..) y no era consciente de ello previamente?

En mi primer artículo, publicado en el Totem Especial Mujeres el año 1977, me atreví ingenuamente a expresar mis sospechas sobre la invisibilidad que nos afectaba, tanto a autoras o como a lectoras. Al mismo tiempo, me desconcertaba la lejanía del modelo de mujer que implantaba el estereotipo, y que no creía que las lectoras se sintieran realmente representadas. En todo caso, se veían forzadas a imitarlo, y por tanto, violentadas. Esta hipótesis de partida es la que me ha permitido realizar los estudios y la investigación necesaria para su confirmación en el análisis académico. El estereotipo femenino, el artefacto mujer, es un constructo de la mirada masculina, creado desde su interés y rellenado con su voz a modo de simulacro obediente. Esta constatación me ha llevado al concepto de cuerpo okupado. Uso la letra k para marcar la condición transgresora de la mirada que toma posesión del cuerpo femenino desde una bandera de liberación. Pero tan solo libera los traumas y las represiones masculinas, mientras sigue usando al icono de la representación femenina como territorio de negociación entre sus congéneres. El discurso ha sido siempre del poder heteromasculino y occidental. Las modificaciones propias de la diversidad que se han ido incorporando lentamente tan solo han ido suavizando los disfraces reestructurados de forma superficial. Han seguido dejando las voces del femenino ocultas por el simulacro que menciono, el artefacto mujer que ha sido la bandera del cómic (y su anzuelo erótico de ventas) mientras las mujeres reales quedaban en la oscuridad del silencio. Cuando las mujeres toman la palabra, podemos seguir cuerpo a cuerpo la interpretación múltiple de las identidades en la autorepresentación que rompe y deconstruye el estereotipo. Nuestra identidad es múltiple y en construcción… como todas. Fijarla y crear esencias es normalizar el tópico y naturalizar la imposición.

¿Resaltaría alguna diferencia de estereotipos femeninos en cuanto al cómic americano y el europeo?

Si, también es algo que he analizado a fondo en mi tesis doctoral. El cómic americano ha simulado la modernidad de sus heroínas incorporándolas como súper guerreras. Aunque siempre lo ha hecho desde un patrón masculino que las ha considerado menores, mujeres fálicas o falsas imitaciones del héroe y, sobre todo, objetos decorativos para la acción o en erótica lucha entre ellas al gusto masculino. El cómic europeo ha sido más ambicioso intelectualmente y ha querido representar a la generación de las revoluciones de los años sesenta, recuperando al cómic como lenguaje artístico y comunicativo. Ha conectado con la nouvelle vague del cine y ha reestructurado el estereotipo femenino en el momento en que emergían las reivindicaciones de las mujeres reales tomando las calles. Pero las ha ignorado, creando un supra modelo de lo que debía ser la liberación femenina a su servicio.

El cómic europeo ha sido más ambicioso intelectualmente […] Ha conectado con la nouvelle vague del cine y ha reestructurado el estereotipo femenino en el momento en que emergían las reivindicaciones de las mujeres reales tomando las calles. Pero las ha ignorado.

Marika Vila

Y dentro del cómic europeo, ¿ha percibido matices específicos entre las mujeres de la historieta española, franco-belga e italiana?

Se crea la musa moderna para los intelectuales, un patrón masculino de mujer liberada. Pero se vuelve a okupar un nuevo icono al servicio de la liberación masculina, el artefacto mujer ahora pierde las armas de las súper guerreras y se le adjudica un falso protagonismo de cabecera a cambio del silencio, la exposición al desnudo y la pasividad. Valentina es un ejemplo perfecto de ello y Crepax nos lo confiesa abiertamente en sus historias: “Valentina soy yo y mis fantasmas”. Crepax, Manara, Pratt, Bilal, Moebius, Gotlib, Lauzier, García, Font, Bea, Usero o Giménez… todos ellos grandes y fantásticos artistas, pero que han hablado de sus sueños eróticos y han intercambiado con el lector sus más íntimos deseos. En ellos no aparecen las mujeres, solo ellos y sus fantasmas, okupando la representación femenina con el artefacto mujer. Al cómic le ha faltado dar un mayor eco, escuchar un poco más a Brétècher, Montellier, Claveloux, Pompeia, Marika, Laura, Colino, Capuana, Cingliano o tantas otras, en las que ese artefacto no existe. Solo están presentes las mujeres. Ese es el desequilibrio fundamental.

Lo mismo podríamos decir del underground, tanto americano como español: desde Crumb a Nazario, de Shelton a Martí y a Mónica & Bea (alias de J.A. Calvo y Santiago Segura) quizás nos hacía falta más Kominsky, Roberta Gregory, Trina Robbins, Mary Flanner, Phoebe Glockner o July Doucet, para equilibrar un discurso tan asimétrico. Todas son artistas desde los 80 pero no las conocemos hasta entrar en el nuevo milenio, cuando la corrección política obliga a buscar mujeres en los más raros cajones. Por suerte siempre hay un montón, será por algo… ¿no?

¿Se ha enfrentado alguna vez a situaciones de discriminación de género o desprestigio de su trabajo como artista o académica?

Por supuesto, como en cualquier otro ámbito. En mis primeros pasos como ilustradora, era muy normal que me tomaran por la novia o la acompañante de alguno de mis compañeros en las visitas a editores, e incluso en mis estudios. Ese era el papel normalizado para las mujeres. En esta profesión masculinizada, ganar un espacio ha significado siempre un doble valor a demostrar. El ser una mujer sola en estos ambientes también generaba una falsa sensación de privilegio que en realidad podía ser problemática. En fin, nada que las mujeres no hayamos tenido que enfrentar en cualquier otro ámbito, tan solo que, en este ambiente vanguardista resultaba bastante inesperado. Por otro lado, el desprestigio venía inserto en el espacio que se adjudicaba a lo femenino: el cómic femenino o romántico era considerado inferior. Se consideraba femenino el dibujo sencillo, decorativo y sin complicaciones de profundidad artística, infantilizado. Por eso quizás cuando rompí ese techo de cristal, necesité romper con cualquier redondez y blancura o suavidad y mi dibujo se transformó en grito. En la parte académica, mi incursión ha sido en una época posterior. No he entrado en las competiciones típicas del estatus profesional, porque mi carrera ya estaba desarrollada en el arte y mi motor ha sido otro. Pero las mujeres tenemos aún mucho por recuperar, en la Universidad también. Más allá de ser una mayoría en la excelencia, seguimos siendo una minoría en las altas esferas académicas, aunque poco a poco todo se vaya compensando. Siempre será gracias a la lucha y el esfuerzo de ellas.

En ocasiones, ha nombrado ese “contexto dulce en comparación al pasado” que experimenta la mujer actualmente, pero siempre puntualiza que queda mucha revisión por hacer respecto al lenguaje, la iconografía y estereotipos. ¿Por dónde se podría empezar a trabajar para eliminar esos aspectos?

Lo que hace falta es no parar en lo que estamos haciendo muchas y algunos: dar visibilidad a la historia oculta y seguir trabajando en la que construimos y reconstruimos cada día. El lenguaje se inventa, y con ello, nos reinventa continuamente. Fijar la fluidez de las ideas es matarlas o transformarlas en losa que nos encierra. El trabajo nunca estará acabado, se trata de no parar de recuperar el acervo histórico ni cejar en la mirada crítica sobre lo nuevo.

El cómic es un medio didáctico y con gran calidad pedagógica gracias a la fuerza de su iconografía. Puede ser muy útil a la manipulación de cualquier sistema de relaciones de poder.

Marika Vila

¿Cómo cree que el cómic y la ilustración pueden contribuir a la visibilización de la lucha feminista, la destrucción definitiva del techo de cristal y las barreras invisibles pero tangibles a las que aún hoy deben enfrentarse las mujeres?

Con lo que aporta toda obra humana a la construcción de nuestras realidades. Las personas nos expresamos y nos construimos: a nosotras, a nuestros cuerpos, a nuestro entorno y a nuestra sociedad. El pensamiento expresado es creador de realidades, y el cómic es tan solo un medio más, pero un medio didáctico y con gran calidad pedagógica gracias a la fuerza de su iconografía. Puede ser muy útil a la manipulación de cualquier sistema de relaciones de poder. Es por ello que requiere una mayor inclusión de la diversidad, de la horizontalidad de sus diálogos y de la lucha contra tópicos y estereotipos modélicos, incluso contra los transformados o modernizados. Todo porque dirige a públicos cada vez más sensibles a la diferencia. No hay modelos buenos, hay personas diferentes que necesitan visualizar su espacio y oír su voz.

¿Algunos consejos para futuras ilustradoras con sueños y talento que quieran hacerse un hueco en el mercado del cómic de autor?

No hay fórmulas más allá de la constancia, el compromiso con el objetivo y el trabajo imbatible al desaliento… se que no es algo fácil y puede desanimar a algunas, pero no lo creo. Cada vez es mayor el número de mujeres convencidas para conquistar su lugar en el escenario común y especialmente en los discursos sociales que nos transforman. Su objetivo es más serio y comprometido de lo que pueda parecer en todos los campos, y en el cómic o la ilustración también. Las redes sociales son de gran ayuda. Hoy las mujeres pueden colocar sus creaciones en el escaparate global y contactar directamente con su auditorio, y ellas lo saben y lo aprovechan. Su público dirá cuánto necesita el cambio. Y esto último es una función de todos que debemos asumir: lo que consumimos o que dejamos de buscar es lo que nos transforma… tenemos una responsabilidad social como lectoras/es.

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