La película ganadora de cinco premios Goya invita a la audiencia a pensar sobre cuál es el verdadero propósito detrás de cada decisión.
La premisa es sencilla, Ainara, una joven de 17 años quiere entrar a un convento de clausura. A raíz de esta motivación se destacan dos posturas muy marcadas, la de su tía, que se opone de manera frontal y la intenta convencer de que le están lavando el cerebro y que primero debe vivir e ir a la universidad. Y la de su padre, que apoya la decisión de su hija, pero de forma pasiva, arrastrado por problemas económicos y tras la muerte de su esposa no quiere oponerse a los deseos de la joven.
Con esta situación presentada, la directora Alauda Ruíz hace partícipe al público y le hace debatirse entre posturas. Hace que te preguntes cómo actuarías tú si tu hija, tu sobrina o alguien cercano decide tomar una decisión de este calibre que le cambiará la vida para siempre. Aunque el punto de inflexión se haya centrado en la Iglesia y la vocación religiosa, a la que los medios le han dedicado gran parte de la crítica, la película va más allá.
La cinta logra plantear el debate desde un guion y unas interpretaciones de gran nivel. Todos los personajes tienen una justificación para sus acciones; la tía de Ainara, interpretada por Patricia López Arnaiz —ganadora del Goya a Mejor Actriz Protagonista—, basa su decisión de oponerse a su sobrina en la frustración. Su matrimonio no funciona, siente que su madre apoya más a su hermano que a ella y paga su frustración con Ainara. El imponerse a su sobrina, bajo mi punto de vista, refleja que quiere tener decisión sobre algo, ya que el resto de su vida se hunde mientras ella busca respuestas.
Por otra parte, el padre, interpretado por Miguel Garcés —nominado al Goya a Mejor Actor Protagonista— apoya a su hija porque no tiene fuerzas para imponerse. Se ve envuelto en una deuda, tiene una nueva pareja que no gusta al resto de la familia y su relación con su hermana es un problema constante. Imponerse a su hija en una decisión así solo conseguiría destruir parte de lo único que le queda.
Ainara, que siente la llamada de Dios casi al final de la película y tras la muerte de su abuela, es simplemente una niña de 17 años que está buscando su sitio, su refugio. Todos los personajes intentan encontrar su espacio o cumplir el papel que creen que deben cumplir, esa búsqueda implica tomar decisiones que influirán definitivamente en sus vidas o cortar relaciones con familiares cercanos. En el filme somos un familiar más debatiéndose qué le diríamos a Ainara y desde qué punto compartiríamos nuestra opinión con ella, eliminando o no prejuicios, frustraciones o intereses puramente personales.
En cuanto a lo estrictamente audiovisual, la película recurre a los primeros planos y al contraste entre silencios muy marcados que se desmarcan del entorno. El silencio representa la reflexión introspectiva de Ainara frente al ruido exterior que supone su día a día.






















