“Ganar el Premio Nacional del Cómic fue la leche Es el más importante que se da en España donde los autores nos movemos en una gran precariedad”
“Hoy la batalla no es de ideologías, sino de autoritarismo o democracia, ese es el verdadero dilema”
“Estoy haciendo jornadas de doce horas, espero que sea algo coyuntural y no dure mucho”
“La IA me produce un rechazo muy visceral, mi mirada va directamente a la imperfección o al error humano”·
Noé Ramón
Javier de Isusi es uno de los nombres propios más consolidados de la novela gráfica contemporánea en España, lo que supone un notable mérito si se tiene en cuenta que se lanzó sin red a este mundo y pasó su particular purgatorio los primeros años hasta que logró asentarse y vivir exclusivamente de sus creaciones. Arquitecto de formación a los pocos meses abandonó los planos por las viñetas y así lleva ya dos décadas navegando en la cuerda floja de la profesión con premio Nacional del Cómic en su edición de 2020, por La Divina Comedia de Oscar Wilde que gira sobre los últimos años de la vida del escritor inglés. Invitado de lujo a la última edición del Salón del Cómic, en estas entrevista repasa su trayectoria, su visión sobre la realidad política actual, el impacto de la Inteligencia Artificial (IA) en el arte y los entresijos de su último gran proyecto: El año en que fuimos reyes. Curiosamente en una de sus obras titulada El Mar recordará nuestros nombres dedica varias páginas a hablar del Santa Cruz de principios del siglo XIX con imágenes de la plaza de La Candelaria y de La Concepción incluidas.
-Ganaste el Premio Nacional del Cómic en el año 2020 con ‘La Divina Comedia de Oscar Wilde’ ¿De dónde surge esa idea?
-Es un juego muy gracioso. El título surge del propio Oscar Wilde quien antes de morir dijo que su vida había sido como La Divina Comedia de Dante, en cuanto que le tocó vivir el infierno en la cárcel, luego pasó por un purgatorio y, bueno, esperaba que al final hubiera un paraíso para él. El juego de la novela es precisamente ese, ver si realmente lo hubo o no. El título es mío, pero la idea de que su vida fue una divina comedia era suya.
-No lo sabía, lo más parecido que conozco es el libro De Profundis que escribió en la cárcel.
-Sí, la reflexión la saqué de ahí.
-Tus obras suelen ser bastante grandes, muy voluminosas. ¿Cuánto tiempo te llevó hacer la de Oscar Wilde?
-La verdad es que sí, son voluminosas. Más de la mitad de mi obra la he hecho por decisión propia, porque he querido, y la otra mitad ha sido por encargo. Se nota mucho la diferencia en el volumen, las que hago porque me da la gana siempre tienen un montón de páginas mientras que en los encargos te tienes que ajustar al tiempo, a las páginas y al presupuesto que te dan, así que son más pequeñitas. La Divina Comedia de Oscar Wilde me llevó cinco años en total, aunque no dedicados exclusivamente a ella. Podríamos hablar de unos dos años y medio de trabajo real. Tiene unas 350 páginas.
-Supongo que recibir el Premio Nacional debió de ser un auténtico vuelco en tu carrera.
-¡Para mí fue la leche! Es el premio más importante que se da en España con un doble valor porque los autores de cómic nos movemos en una gran precariedad, en un mundo muy pequeñito y con un reconocimiento social muy bajo, así que las ventas suelen ser modestas. Por eso, tener ese reconocimiento a nivel moral fue una maravilla y luego, por supuesto, también se notó en lo comercial porque el libro se vendió mucho más gracias al premio.
-Creo que ahora estás sumergido en un proyecto también gigantesco titulado ‘El año en que fuimos reyes’. ¿Qué nos puedes adelantar?
-Sí, se titula El año en que fuimos reyes, en total van a ser unas 600 páginas divididas en dos tomos. Es una obra a la que llevo dándole vueltas unos veinticinco años, y desde que me puse a dibujarla en serio ya llevo otros cinco. Va sobre el año universitario de un grupo de estudiantes, lo que aprovecho para hablar mucho de las relaciones entre ellos y de su amistad, pero luego se meten en dinámicas sociales de la ciudad en la que viven, en una especie de revolución.
-Curiosamente, parece conectar de forma directa con la realidad social que se está viviendo en las calles últimamente.
-Sí, tiene mucho que ver con el dinamismo de los jóvenes moviéndose, como vemos con las acampadas de Sol en Madrid o lo que pasa en Francia. Lo curioso es que cuando yo concebí la historia esto no estaba en el aire, pero ahora veo que mi cómic tiene resonancias muy claras con la actualidad. Eso sí, no hay violencia.
-Mencionas los movimientos de los jóvenes pero no sé si teniendo en cuenta que son igual de radicales por ambos lados. ¿Eres pesimista respecto al futuro y la consolidación de los movimientos de ultraderecha?
-La verdad es algo que me asusta muchísimo, pero no tengo tan claro que la gente no vaya a ser capaz de reaccionar. Tengo esperanza, porque veces parece que estos fenómenos surgen con fuerza pero a la hora de la verdad se contienen, aunque lo que estamos viendo en Estados Unidos, en Argentina o lo que hicieron en Brasil es una bestialidad y una brutalidad. Ya veremos qué pasa. El problema actual no es una alternancia clásica entre izquierdas y derechas, ojalá fuera solo uno de los lados el que causara conflictos. Hoy la batalla no es de ideologías, sino de autoritarismo o democracia, ese es el verdadero dilema.
-Se puede decir que tu estilo es en gran parte realista, al igual que las temáticas que abordas pero siempre de una manera muy particular con un dibujo que llama la atención por su originalidad.
-Sí, mi estilo de base es realista, pero siempre meto una parte muy importante en la historia que tiene que ver con cosas que no lo son. Es habitual que aparezcan espíritus en mis cómics o referencias oníricas. Casi todas mis obras juegan con la fantasía, siempre hay más de lo que se ve, aparece una dimensión que no controlamos muy bien, ya sea a través de los sueños o de otras cosas, y sí quizá se parezca a una especie de realismo mágico.
–¿Ese juego entre fantasía y realidad se mantiene también cuando adaptas hechos históricos como es una constante en tu obra?
-Bueno, por ejemplo, en mi cómic El Mar Recordará Nuestros Nombres sobre la conocida como la expedición de Balmis que en 1803 llevó la vacuna contra la viruela desde la península ibérica hasta Latinoamérica y Filipinas, pasando por Santa Cruz de Tenerife, estuve muy sujeto a la realidad histórica. Ahí no pude meter tanta fantasía, pero en general siempre busco esa otra dimensión.
-Estudiaste arquitectura pero solo ejerciste unos pocos meses. ¿Qué te hizo dar un giro tan radical de un día para otro?
-Hice la carrera de Arquitectura porque a los 18 años no sabía qué estudiar. Yo siempre había querido dedicarme a contar historias, pero en mi entorno familiar y social parecía que eso no era algo «serio». Así que cuando acabé la carrera me sentí liberado de ese peso social que yo mismo me había impuesto y me dije: “Voy a intentar dedicarme a contar historias, que es lo que realmente necesito hacer. Si no lo intento, voy a ser un desgraciado toda mi vida. Al menos, si lo pruebo y no sale, siempre sabré que no me arriesgué”.
-Supongo que el inicio fue muy complicado.
-Desde luego, Estuve casi tres años intentando que me publicaran algo, mandaba proyectos a las editoriales y me decían que no, hasta que al cabo de dos años conseguí que aceptaran el que sería mi primer libro, La Pica de Flandes, pero luego me llevó otro año entero dibujarlo. En ese tiempo de constantes rechazos mi pequeño aliciente era que me presentaba a concursos y, aunque no ganaba, quedaba segundo o en la lista de seleccionados. Eso me hacía decirme a mi mismo: “Bueno, todavía no has llegado al nivel, pero sí tienes posibilidades”. En mi mente estaba muy claro que quería ser autor de cómics.
-¿Cuál sería el matiz entre autor de cómic y dibujante?
-Porque a mí lo que me interesa es contar historias, no es tanto que quiera vivir de hacer dibujos para otros. Si fuera solo por contar historias de cualquier forma, preferiría ser guionista de cine antes que dibujante a secas. Pero me siento muy bien en la globalidad de ser un autor total, de manera que escribo el guión y lo dibujo, porque muchas veces acabo de cerrar la historia directamente sobre el papel mientras lo hago. Solo he ilustrado el guión de otra persona una vez y lo hice en Ometepe porque era muy amigo mío y fue un proyecto compartido. Lo disfruté en cuanto que me liberaba de la responsabilidad de hacer toda la trama, pero prefiero contar mis propias historias.
-¿Cómo es un día normal en la vida de un autor que vive al 100% del cómic? Supongo que será menos romántico de lo que parece y que los dolores de espalda o con la vista deben ser bastante habituales.
-Yo vivo del cómic desde hace veinte años, pero siempre digo que estamos en la cuerda floja, a lo mejor el año que viene ya no puedo seguir, tal y como está el panorama nunca se sabe.
-No sé si conoces el Libro Blanco del Cómic que editó hace un par de años la Sectorial en el que se hace un repaso a la realidad de los autores y del mercado.
-Ese informe reflejó datos muy crudos y necesarios sobre nuestra realidad, por ejemplo, como la gran mayoría de los creadores cobran poquísimo al año y tienen que ganarse la vida dando talleres, clases o con otros trabajos. Los que vivimos exclusivamente de esto somos muy pocos, pero no es fácil en absoluto. En un día normal suelo trabajar unas siete horas entre la mañana y la tarde, y luego me dedico a mis tres hijos. Pero últimamente llevo una cadena de plazos tan estrictos que me levanto a las seis y media de la mañana y estoy dibujando casi hasta las siete de la tarde. Son jornadas de doce horas. Espero que sea algo coyuntural y no dure mucho.
-Con semejante volumen de trabajo y tantas páginas está claro que el estilo debe ser un elemento fundamental.
-Intento desarrollar un estilo lo más suelto posible que me permita avanzar rápido, porque lo que me interesa es la narrativa. En La divina comedia de Oscar Wilde, por ejemplo, usé una pincelada muy rápida y las viñetas ni siquiera tenían límites definidos. En cambio, en El año en que fuimos reyes, la ciudad es un personaje fundamental de la trama y al tener que dibujar tantos edificios y detalles urbanos, el estilo ya no me permite correr tanto.
-Hoy en día muchos autores utilizan la Inteligencia Artificial para las tareas más tediosas del dibujo. ¿Te sirve a ti para algo?
-No la uso para nada. Sé que hay autores que sí la están utilizando mucho, y supongo que si la sabes manejar bien puedes obtener buenos resultados, pero a mí me produce un rechazo muy visceral todo lo que tenga que ver o visualmente huela a IA. Mi mirada va directamente hacia las cosas donde se nota la mano, se ve la imperfección y el error humano. Eso es lo que realmente me interesa del arte y además como creador, tampoco quiero dibujar algo ayudado por una máquina. Creo que mi ventaja, dentro de que no tengo un estilo puramente comercial, es que precisamente esa imperfección manual es muy difícil de copiar por una IA. Ya veremos hasta dónde llega todo esto, pero de momento me quedo con el error y la línea suelta.