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Imágenes, volúmenes y, además, palabras

6 noviembre, 2025

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Peter Parker: The Spectacular Spider-Man# 107-110 (1985-1986). La muerte de Jean DeWolff

Peter Parker: The Spectacular Spider-Man# 107-110 (1985-1986). La muerte de Jean DeWolff

El pasado día 24 de mayo, falleció, a la edad de sesenta y ocho años, Peter Allan David, uno de los mejores y más lúcidos guionistas de cómics de cuantos han trabajado en esa área de la creación, en las últimas décadas, además de un ESCRITOR, con mayúsculas cuando hablamos de la literatura de género, en especial si nos referimos al universo de Star Trek o Babylon V y sólo por poner dos ejemplos de su extensa bibliografía.

Su verbo preciso, incisivo, tintando de un cinismo que le servía de excusa argumental para llevar a sus personajes hasta un tablero de juego, real y cotidiano, supuso un cambio radical de planteamiento, dentro de una industria incapaz, en la mayoría de los casos, de ser consciente de sus propias carencias.

Lo mejor es que, frente a este “baño de realidad”, los guiones del Peter Davis, cada vez más elaborados y mejor aún desarrollados, no escatimaban en mostrarnos un sentido de humor, en algunos casos, un sentido del absurdo que lograban poner en jaque a los más doctos y anquilosados del lugar, dentro y fuera de la industria, todo sea dicho.  

Todo esto lo explicaban, de forma no menos lúcida y brillante, Cristina Macía y Francisco Pérez Navarro en uno de los textos que acompañaba el séptimo volumen de la colección “Obras Maestras”, publicado por Comics Forum, en el año 1993, y el cual recopilaba los números 340 al 346 de la colección The Incredible Hulk.

El estilo narrativo de Peter Davis es lento y concienzudo, aunque no aburrido, nunca aburrido. Sabe a dónde quiere llegar y da los pasos lógicos, necesarios, para conseguirlo. Sumando poco a poco elementos a la historia, dando rodeos si es necesario para aportar éste o aquél nuevo detalle, personaje o situación. Controla a la perfección los cabos que deja sueltos, y consigue una historias sólidas, redondas, prácticamente perfectas.

Por ende, Peter Davis sabe que está haciendo comic-books, cómics, y sus personajes parecen saberlo también. El humor y la ironía asoman en -casi- cada página, las réplicas son ocurrentes, los guiños son constantes. En ocasiones, los personajes pueden tomarse en serio a sí mismos, y es entonces el propio Davis quien se encarga de ponerlos en su lugar colocándolos en una situación ridícula. Su sentido del humor es irrepetible; amable unas veces, negro otras. Siempre excelente y muchas veces genial.1

Paralelamente, el guionista y escritor tampoco perdió, por su condición de “asalariado” para con los grandes editoriales, Marvel y DC, su opinión y su libertad de conciencia, algo que plasmó, en los párrafos de su columna semanal «But I Digress»2 publicada en la revista Comics Buyer’s Guide, entre el año 1990 y hasta el 2002, año en el que luego se empezó a publicar en su página web.3

Sobra decir que un “verso libre”4 como Peter Davis, sobre todo por la lucidez que siempre demostró el guionista natural de Fort Meade (Maryland), terminó por no ser del agrado de muchos, sobre todo, aquellos que olvidan a quienes les han pagado, literalmente, la silla desde la que toman sus arbitrarias y torticeras decisiones.

De ahí que, cuando se empezó a deteriorar, seriamente, la salud del escritor, una década atrás, se tuvo conocimiento de los problemas económicos derivados de tal condición, al no poder acceder Peter Davis a los beneficios del programa Medicaid, el cual forma parte de un sistema sociosanitario, el que impera en los Estados Unidos de América, tan inhumano como despojado de cualquier otro interés que no sea el meramente económico. Es por ello que, ante las noticias que, cada vez con mayor asiduidad, circulaban por los mentideros de mercado gráfico, fueron muchos los que trataron de ayudarle, en especial mediante campañas para recaudar fondos en plataformas tales como GoFundMe, además de reclamarle algún tipo de compromiso a las grandes editoriales a las que tan bien les vino el trabajo de Peter Davis en su momento.

En un mundo ideal, esto hubiera sido posible, incluso hubiera sido una buena estrategia de marketing, pero no en este, cuando la casa de las ideas y la distinguida competencia, Marvel Comics y DC Comics son, ahora mismo, simples engranajes dentro de bastas corporaciones multimedia cuyo único interés es ganar DINERO, con mayúsculas, y que nadie les afee su comportamiento. Para ser más precisos, lo que no quieren es que nadie les recrimine todo lo relativo a mala praxis que demuestran para con los creadores de cómics, guionistas, dibujantes, entintadores, coloristas y rotulistas, una circunstancia que denunció, en activa y en pasiva, Peter Davis en su columna y en cualquier foro al que acudió, a lo largo de todas las décadas en las que estuvo en activo.

Al final, quien recibió galardones tan distinguidos como el premio Eisner o el Wizard Fan Award, en un momento en el que la revista del mismo nombre pasaba por ser una suerte de lectura obligatoria para todos los que trabajaban en esta industria, murió en las instalaciones del NYU Langone Hospital (Suffolk), a la edad de 68 años y sin que la misma industria a la que tanto le había aportado se hiciera mucho eco de lo sucedido en sus últimos momentos, ni de las circunstancias en las que el escritor pasó sus últimos años.

Tras lo sucedido, se han empezado a prodigar quienes tratan de poner en el lugar que se corresponde todo el trabajo desarrollado por el escritor, incluso por parte de estas grandes editoriales con las que trabajó, pero, esto no les redime de la dejadez demostrada para Peter Davis, así como para con otros tantos compañeros de su profesión.5

Sea como fuere, entiendo que la mejor manera de recordarlo, a partir de ahora, es hablando de su trabajo y, en este caso, he tomado como punto de referencia para los párrafos que vienen a continuación, la primera columna publicada en la sección “But I Digress”, Dead and recovering nicely, fechada el tres de agosto del año 1990. En ellos se habla, además de la insana costumbre de evitar el matar a un personaje de cómic -incluso aquellos que no gozan del beneplácito de los lectores-, de su experiencia en dicha área cuando se le ocurrió la “peregrina idea” de escribir un arco argumental que ya se conoce en la historiografía del noveno arte como «The Death of Jean DeWolff», y que fuera escrito para los números de la colección Peter Parker, the Spectacular Spider-Man# 107-110. 

Además, entre los párrafos de este ensayo, será el mismo escritor quien, por medios de los textos escritos en el tomo recopilatorio publicado por Marvel Comics en el año 1990, nos vaya contando más detalles sobre sus motivaciones a la hora de abordarlos, recuerdos que desembocaron en una historia, tan atemporal como dura de leer y, sobre todo, de asimilar, ante la rotundidad de lo que se cuenta en ella.

Peter Parker: The Spectacular Spider-Man# 107-110 (1985-1986). La muerte de Jean DeWolff

Jean DeWolff, la capitana de policía DeWolff, fue uno de esos personajes que, sin prodigarse mucho en las páginas del universo gráfico de la casa de las ideas, había logrado captar atención de los lectores y de quienes trabajaban desde el bullpen. En realidad, todo esto, se debía en buena parte a que el personaje no respondía a las señas de identidad con las que se plasmaba a las mujeres en la industria del cómic y, además, había logrado sobresalir en una profesión mayoritariamente masculina, cargada de testosterona y “chapada a la antigua”, por decirlo de una forma no demasiada ofensiva.   

Su primera aparición en Marvel Team-up# 48 (Fecha de portada, agosto de 1976), según el guion de Bill Mantlo y el dibujo de Sal Buscema y Mike Esposito, nos la muestra, de cuerpo entero y sentada sobre la lápida de un cementerio, ante los atónitos ojos del tándem formado por el trepamuros y Iron Man. En tan solo cinco viñetas, quedó clara la actitud de la aguerrida capitana de policía del distrito 37 de la ciudad de Nueva York, aunque todo el número es un fiel reflejo de los “modos y las maneras” de la oficial de policía. Eso sí, por un error de coordinación y/o de la sacrosanta continuidad, por parte de la editorial, Jean DeWolff tuvo dos pasados distintos.

En el momento de su debut, el personaje era la hija del comisario general de la policía de Nueva York, Phillip DeWolff. Ambos mantuvieron siempre una tensa y complicada relación, dado que el padre la acusaba, de manera velada, de la muerte de su esposa, muerta al nacer la niña. Además, su progenitor nunca disimuló, lo más mínimo, la predilección por su hijo Brian, el PRIMOGÉNITO, con mayúsculas, y blanco de todas las atenciones paternas, en detrimento de su hija pequeña.

Al final, sería Jean quien seguiría los pasos de su padre, tras la aparente muerte de su hermano Brian, a pesar de las críticas y el ambiente hostil por el que siempre se movió la vida de Jean DeWolff, en aquellos primeros estadios gráficos. Lo cierto es que, tras su primer y movido encuentro con Spider-Man y Iron Man, en los números de la cabecera Marvel Team-Up (MTU# 48-51), Jean DeWoff se convirtió en una suerte de enlace “no oficial” del departamento de policía para con el denostado trepamuros, siempre en el objetivo de los editoriales vomitados por J. J. Jameson, para desgracia del héroe empijamado. Tiempo después, y a causa de su fallecimiento, el héroe arácnido descubrirá que la oficial de policía guardaba un extenso archivo sobre las peripecias vitales de Spider-Man, dando a entender que tras la frialdad con la que lo trataba se escondía una mezcla de admiración y afecto por su labor superheroica.6

El segundo origen, el cual se terminó por aceptar como el definitivo a ojos de Marvel Comics, lo aportó el genial e incisivo guionista Peter David, durante su estancia en la serie Peter Parker: The Spectacular Spider-Man (SSP). David transformó el primer pasado de la capitana en otro, no mucho mejor, todo sea dicho, e igualmente condicionado por su relación paterna. Tal y como se puede leer en el número 107 de dicha colección (FP: octubre 1985), Jean se nos presenta como la hija de un matrimonio separado, cuyo padre, el agente DeWolff, respondía al estereotipo, todavía vigente, de “policía machista, expansivo y amante de tirar de revolver sin que le temblara el pulso por ello”.

Tras la separación, Jean se quedó con el apellido paterno y con su madre, quien no dudaría en perder de vista el “DeWolff” al casarse de nuevo con alguien menos cavernícola. Una vez aceptado el cambio familiar, Jean encontró en su padrastro, el también agente de policía Carl Weatherby, el padre que nunca había tenido, y su admiración por él inclinaría la balanza vocacional de la niña hacia la carrera policial, en contra la opinión de una madre que llevaba demasiado tiempo estando “casada” con el departamento de policía y con la incertidumbre de no saber si volvería a ver a sus seres queridos.

Del agente Carl Weatherby, Jean DeWolff aprendió no sólo a ser una buena policía, sino a no sonreír nunca, seña de identidad aportada por el guionista Bill Mantlo décadas atrás, y que Peter David no quiso olvidar, mientras reescribía el currículum vitae de la capitana de policía para el arco argumental titulado The Death of Jean DeWolff (SSP# 107-110, octubre 1985-enero 1986).

La historia, articulada sobre el mismo concepto bíblico del pecado [Pecado. Artículo. Del lat. peccātum. Transgresión consciente de un precepto religioso.], y en la que el guionista sólo tarda tres páginas en mostrarnos que todo aquello tiene que ver con la brutal muerte de la capitana de policía, a manos de un sangriento sociópata llamado The Sin-Eater (El “Comepecados”), supone una ruptura para con la mayoría de las normas escritas, y sin escribir, sobre cómo se debe narrar la muerte de un personaje en un relato, en este caso, escrito.7

Por lo general, los personajes suelen morir en medio de una batalla, un conflicto o una catástrofe, y siempre en las páginas finales de la obra, recurso al que recurre el autor para acentuar el dramatismo que, de por sí, ya trae aparejado una muerte. Y esta regla se aplica tanto a los héroes como los villanos, en especial cuando la épica anda de por medio.    

The Death of Jean DeWolff was a contradiction in many ways, all deliberately so. First, we flew in the face of standard comic book tradition by giving a character, not a noble death in battle at the climax of a story, but an inglorious death, in her sleep, at the beginning. To kill off Jean by page four of a 90-page story was considered bizarre, to say the least.

Second, we killer off a character who had a lot of potential. Readers couldn´t fathom why we did that. Why kill off a character with whom you could have done so much? we were asked over and over again. Ah, but where is the dramatic impact in killing off someone with no potential?

Someone who the readers are sick of? There´s no drama in that, no sense of “It might have been.” Death should be a tragedy, not a relief. Perhaps in a world where moviegoers laugh at innocent teens being slaughtered by masked madmen, that´s been forgotten.

Third, Jean was really dead. This was difficult for comics fan to understand. “Maybe it was a clone,” Maybe it was and LMD (Life Model Decoy),” “Maybe she´s on life support somewhere.” Sure, right next to JFK, Elvis and Walt Disney. Gimme a break, guys.8

Peter David no sólo vulneró esa suerte de dogma estilístico, sino que, además, planteó la muerte de Jean DeWolff y la de las otras tres víctimas que aparecen en la historia de una forma clara, directa y sin vuelta atrás. Visto con los ojos de quien lleva mucho tiempo en esta profesión, la narración bien pudiera ser la antesala de cabeceras televisivas tales como Criminal Minds (2005-, Lionsgate Television, Erica Messer Productions, 20th Television, Inc and CBS Studios, Inc), tanto por la virulencia y rotundidad con la que se plasma la letanía de asesinatos perpetrados por el sociópata detrás de la máscara como por el dilema moral que se plantea al lector.   

A la vista de los ciudadanos de a pie y del propio Peter Parker, la persona que se esconde tras el nombre de El “Comepecados”, el también agente de policía Stan Carter, es un demente malnacido que sólo se merece un castigo, por brutal que este pueda parecer a los ojos del otro héroe que también protagoniza el relato, el abogado y vigilante ciego Matt Murdock. Para el segundo, el sociópata de la escopeta recortada que está sembrado la muerte en su ciudad merece ser tratado como cualquier otro delincuente, por difícil que todo este razonamiento sea de aceptar para un lego en derecho penal.    

The Sin-Eater came from a TV-movie entitled “The Incredible Journey of Doctor Meg Laurel”, in which Lindsay Wagner played a woman doctor around the turn of the century, who was bringing (then) modern medicine to uneducated people in the Ozarks. There was a character in the film, tall, gangling and ghastly, called the Sin-Eater, who ate fruit placed on or near the bodies of recently deceased. This fruit represented the sin of the dear departed. I was intrigued by this and filed it away for use in a story, should I ever need a costumed lunatic to kill off a female detective (captain).8

La mayor virtud de Peter David al plantearnos todo esto, reside en no caer en los brazos de posturas maniqueas, las cuales tienden a ignoran la escala de grises que tiñen nuestra sociedad hasta la última de sus capas. De esa forma, soflamas como “Estás conmigo o contra mí” quedan olvidadas, por mucho que nos pueda molestar dicho recurso. Nadie niega, por otra parte, que Stan Carter sea una suerte de iluminado, [Iluminado, da. Del part. de iluminar. Adj. Dicho de una persona: Que, sin atender a razonamientos, cree estar en posesión de la verdad absoluta.], incapaz de sentir remordimiento alguno y convencido de su labor de cruzado liberador contra quienes, según él, cometen pecados imperdonables, y que daría, él sólo, para escribir toda una tesis doctoral.

Sin embargo, son las convicciones del abogado ciego de la “cocina del infierno”, indefenso testigo ante el sangriento y despiadado asesinato de su mentor y amigo, el juez Horace Rosethal, por parte del “Comepecados”, las que pongan sobra mesa la realidad de cómo se articula nuestra sociedad ante los crímenes que en ella se puedan cometer y la forma en la que éstos deban ser tratados y luego jugados.

Permitir que un héroe como Peter Parker/ Spider-Man o un ciudadano de a pie se tomen la justicia por su mano y, por ende, se conviertan en juez, jurado y verdugo, NO ES, de ninguna manera, una solución a un problema que posee muchas más variables que la desmesurada proliferación de las armas de fuego en una sociedad como la de los Estados Unidos de América, por circunscribir lo que se narra a un determinado territorio geográfico.

There were two storylines I wanted to pursue. First, I wanted to do a story in which Spider-man was confronted by a villain who committed crimes so heinous, so appalling, that Spidey was pushed to the edge and over. It always struck me as unrealistic how superheroes could turn fights on and off. If you knock the guy down and he´s not getting up, most of the time you kick him because you´re so pumped and angry. You don´t back off and say “Had enough?”. I wanted to do that to Spider-man because I felt it would bring some hard-edged reality to him.

I also wanted to do a story underscoring the philosophical differences between Daredevil and Spider-Man.8

Por desgracia, una afirmación como la que se expresa en el párrafo anterior no es óbice ni cortapisa para no entender la motivación por la que se guía uno de los personajes secundarios que aparecen en la historia, Ernie Popchik, quien termina tiroteando a un grupo de jóvenes que tratan de robarle en el metro, después de un suceso previo, igualmente dramático para el anciano en cuestión y que se narra en las primeras páginas del SSP# 107.

Popchik es también un recurso para que Peter David se haga eco de sucesos tales como el acontecido la tarde del día 22 de diciembre del año 1984, cuando un grupo formado por cuatro jóvenes, de entre 18 y 19, se subieron a la línea dos del metro que cubre el servicio entre Broadway y la séptima avenida de la ciudad de Nueva York y que acabaron siendo tiroteados por Bernhard Hugo Goetz, de 37 años, luego de un fallido intento de robo según el causante de los disparos.

El suceso levantó una gran polvareda mediática, así como una oleada de reacciones entre la sociedad, reacciones que basculan entre quienes denunciaban la inseguridad a la que se veían sometidos los residentes de buena parte de las grandes urbes norteamericanas, y quienes denunciaban, ya entonces, la incontrolada proliferación de armas de fuego, muchas de ellas en manos de adolescentes sin ninguna cortapisa moral ni formación para ser conscientes de sus actos.

Todo esto, por otra parte, tampoco era nuevo, dada la repercusión que las dos primeras películas de la saga Death Wish, protagonizadas por el actor Charles Bronson, habían tenido en las pantallas cinematográficas de todo el país, en contraposición al momento en el que la novela original de Brian Garfield fue publicada, en el año 1972. El actor aparece retratado en la quinta viñeta de la segunda página del SSP# 108, cortesía del dibujante Rich Buckler, mientras lee el rotativo del… [añadan el adjetivo que deseen], J. J. Jameson y como una suerte de “anuncio” de lo que luego sucederá en la narración gráfica.9

Sea como fuere, ver la rabia desatada del trepamuros cuando logra ponerle las manos encima al “Comepecados”, mientras todavía resuena en su cabeza el sonido de la escopeta de cañones recortados del demente asesino y la imagen de su amiga y primer amor, Betty Brant, desmembrada tras recibir los disparos a quemarropa, sigue siendo tan brutal como impactante.

Cuatro décadas después, este arco argumental demuestra que, cuando se quiere, es posible encontrar nexos de unión entre la realidad superheroica y nuestra propia realidad, por mucho que esta última afirmación moleste a quienes postulan que ambas realidades son incompatibles por definición.  

De igual modo y sin perder de vista que el fallecimiento de la capitana Jean DeWolff no posee el aura mística que rodea a la muerte de Gwen Stacy, no hay duda de que su impronta siempre ocupará un lugar en los “corazones y las mentes” de quienes hemos crecido dentro del universo del trepamuros y, como Peter Parker, hemos envejecido junto a él.

Y esto mismo se puede aplicar a un guionista/ escritor/ columnista como Peter Davis, quien, durante el tiempo del que dispuso, le otorgó una mayoría de edad y una madurez a los personajes con los que trabajó, en contraposición a unos dictados editoriales que, por lo general, sólo sirven para lastrar a esos mismos personajes a los que el desaparecido guionista hizo crecer, y de qué manera.10

Why Jean? Why Daredevil? Years later, I still get these questions. As with most things in comics. It was a combination of events.

I was going to be starting on Spectacular Spider-man and editor Jim Owsley wanted to shake up Spider-man and the fans. He wanted to see a story in which Jean DeWolff was killed and there were all sorts of cover ups in the police department. So in answer to the second most-asked question I get at conventions, the answer is -Owsley wanted to kill her, not me- I actually had storylines planned with her alive.8

All Marvel Characters and the distinctive likeness(es) thereof are Trademarks ™ & Copyright © 2025 Marvel Characters, Inc.  ALL RIGHTS RESERVED.

Notas:

1-. Davis, P., McFarlane, T., Larsen, E., Wiacek, B., Sanders, J., Scotese, P., Macóa, C., & Pérez Navarro, F. (1993). Hulk/ La Masa zona nuclear: Colección Obras Maestras/ 7 (1.a ed., Vol. 7). Editorial Planeta-De Agostini, S.A.

2-. En el año 1994, el sello editorial Krause publicó un tomo recopilatorio de 246 páginas en el que se recopilaban las columnas publicadas, desde el año 1990, en las páginas de la revista Comics Buyer’s Guide. Para tan magna ocasión, la introducción corrió a cargo del escritor Harlan Jay Ellison (1934-2018), otro de los “pesos pesados” cuando se habla de literatura de género, además de un ejemplo de escritor comprometido y combativo, en una época donde comportarse así era la “receta perfecta” para lograr el ostracismo profesional, algo que, con el escritor natural de Cleveland (Ohio), no consiguieron.

Entre los párrafos de dicha introducción se han seleccionado los siguientes;

The essay, the column of personal opinion, the closely-reasoned argument of special pleading. No writing is more evanescent than what the essayist being forth. It is variable -usually- only for the moment in human history where the terminology is au courant.

The essay is not a Piece of journalism. The essay is not journal. Yet the essay, in its most translucent form, is reason and rationality and high honor set to the music.

Essay tell the truth. As the essayist perceives it. That doesn’t mean they’re always accurate, or realistic, or proper, or courteous, or even -simply- right. What is means is: the essayist is out there, his or her visceral material exposed, vouchsafing this or that belief, and willing to take the lump for having do.

The essayist is, in some ways, though I just said s/ he is not… a journalist. And as Joseph Pulitzer assured us decades ago, «The purpose of journalist should be to afflict the comfortable.»

The essayist hammers the blinders from your eyes. The essayist speaks to you in languages you’ve never heard. The essayist goes logically from presumption to inescapable truth you refuse to Accept. The essayist is a practitioner of guerrilla Warfare.

And for this, the essayist, the columnist, the setter-down of personal -inform- opinion is treated like a mangy dog.

This has been an introduction to the writing of one Peter Davis. Believe it or not.

Harlan Ellison.

© 1994 The Klimanjaro Corporation.

David, P., & Ellison, H. (1994). But I digress: Comics Buyer ́s Guide (1.a ed., Vol. 1). Krause publications.

3-. La columna de opinión escrita por Peter Davis se lleva publicando en nuestro país desde hace cuatro décadas y siempre de la mano de la editorial Dolmen.

Vicente García, fundador y editor de la editorial, lo recordaba de la siguiente forma. “Empezamos a publicar la columna de Peter (Davis), But I Disgress, a partir del primer número de la revista (octubre del año 1994, aunque, en realidad, sería el tercer número dado que, entre abril y julio del año 1994 se publicaron los números -1 y 0, respectivamente), y cuando ésta era, todavía más un fanzine que una revista per se.

En realidad, fue una sugerencia de Jaume (Vaquer, también responsable de la fundación del sello editorial mallorquín) quien la leía en las páginas de la revista Comics Buyer’s Guide (CBG) desde que ésta empezara a publicarse. Y la primera columna que publicamos fue «¿Quién ha matado a la muerte en los comics?»,

Recuerdo que, cuando nos propusimos contactar con el escritor lo hicimos vía Fax, herramienta habitual cuando se trataban este tipo de cosas, sobre todo cuando el contacto estaba al otro lado del atlántico, algo que ahora resulta del todo “prehistórico”, por recurrir a un artículo que sirve para ejemplificar cómo han cambiado las cosas.

Casi una década después, tuvimos la oportunidad de entregarle una copia del primer Pretexto Dolmen, un libro que recopilaba buena parte de las columnas publicadas hasta ese momento en la revista, durante la celebración del San Diego ComicCon del año 2002.

En la actualidad la seguimos publicando en la revista, con columnas antiguas, cosas que él mismo iba subiendo en su página web y, estos meses últimos, cuando se estado de salud yan no se lo permitía, contando el diario que su mujer va subiendo a redes sociales.

4-. El verso libre es una forma de poesía que no sigue las reglas tradicionales de métrica (número de sílabas por verso) ni de rima. Se caracteriza por su libertad rítmica y la ausencia de patrones predefinidos, permitiendo al poeta expresarse con mayor fluidez y naturalidad, siguiendo el ritmo del habla o creando sus propios patrones rítmicos.

5-. Lapin-Bertone, J. (2025, June 16). Why Peter David was special. DC. https://www.dc.com/blog/2025/06/16/why-peter-david-was-special?utm_source=dcgennewsletter&utm_medium=email&utm_campaign=dcgen_06202025&utm_content=pad_hot.

6-. Jean DeWolff se terminó por convertir en uno de los personajes más recurrentes de la cabecera Marvel Team-Up, dado que también apareció en los números #60-62 (agosto-octubre 1977), #65-66 (enero-febrero 1978), #72 (agosto1978), y #88 (diciembre 1979). Si nos ceñimos a las series del vecino arácnido, la capitada también apareció en The Amazing Spider-Man #226 (marzo 1982), #239 (abril 1983), y The Spectacular Spider-Man #103 (junio 1985). En la primera de las series gráficas, MTU y justo en el momento en el que Jean DeWolff se presentaba al vecino arácnido y a Iron Man, seremos participes de la relación existente entre la oficial de policía y el mismísimo Nick Furia, tal y como la policía le comenta al tándem superheroico, para sorpresa de un Tony Stark quien fuera responsable de desarrollar el “regalo” que se nos muestra en las pagina del MTU# 48.

7-. Las cuatro entregas contienen los siguientes subtítulos, SSP# 107 “Original Sin”, SSP# 108 “Sin of pride”, SSP# 109 “He who is without sin” SSP# 110“All my sins remembered.”

8-. Davis, P., Buckler, R., Breeding, B., & Sharen, B. (1990). The Amazing Spider-Man. The Death of Jean DeWolf (J. Owsley, Ed.; 1st ed., Vol. 1). Marvel Entertainment Group, Inc.

9-. En el año 1982, se estrenó la segunda entrega de una saga compuesta por cinco películas y al cargo, esta segunda, del director británico y corresponsable del montaje, Michael Robert Winner (1935-2013). El guion de la película recurre a la base argumental sobre la que se articula la primera entrega, estrenada en el año 1974 -y también dirigida por el realizador inglés-, en lo relativo a presentarnos al personaje principal, Paul Kersey, junto con su hija Carol, superviviente, esta, de los sucesos que se nos muestran en la primera entrega, aunque recién salida de la institución psiquiátrica en la que ha estado internado desde entonces.

No obstante, Carol será, a causa de su trágico fallecimiento, y en circunstancias bastantes similares a las que se narran en la primera película, el desencadenante del resucitar al vigilante nocturno en el que su padre se convirtió cuando su mujer Joanna fue apaleada hasta morir y su hija asaltada sexualmente, ocho años antes, mientras residían en la ciudad de Nueva York.

Death Wish II es, por otro lado, mucho más descarnada, áspera y violenta, sobre todo, porque los dilemas morales a los que se enfrenta Paul Kersey en la primera película, objetor de conciencia durante el conflicto de Corea, han quedado atrás, y de ahí que no dude en ir “cazando” literalmente, a quienes secuestraron y volvieron a abusar de su hija, sin que le tiemble el pulso los más mínimo.

Como curiosidad y nexo de unión con la saga dedicada a la capitana Jean DeWolff, la película de Michael Winner se cita en la entrega número cuarenta y nueve de la cabecera Marvel Team Up, cuando el trepamuros y Iron Man, junto con la oficial de policía, se enfrentan con el despiadado y manipulador The Wraith.

10-. En el año 1998, Cómics Forum publicó un tomo recopilatorio con una selección de trabajos del guionista, algunos de ellos inéditos en España y que, además, incluyó varios artículos sobre la labor de Peter Davis en distintas facetas. Visto con la perspectiva que da el paso del tiempo, esta iniciativa no sólo es muy válida, sino que sirvió para romper con la tónica habitual de sólo dedicar este tipo de especial a dibujantes, obviando el trabajo de “juntaletras”, tan digno de tener en cuenta como el desaparecido escritor y guionista norteamericano. Mendez, J. M., Díaz, L. F., & Vaquer, J. (1998). Peter Davis (1st ed., Vol. 1). Editorial Planeta DeAgostini.

Spider-Man Hämähäkkimies# 2 (1989) Finlandia

Peter Parker: The Spectacular Spider-Man# 107 y 108 (1985) Estados Unidos.

Davis/ Buckler/ Breeding/ Rubinstein/ Baker/ Redding/ Sharen/ Roussos.

Portada y página interiores.

Spider-Man Hämähäkkimies# 3 (1989) Finlandia

Peter Parker: The Spectacular Spider-Man# 109 y 110 (1985-1986) Estados Unidos.

Davis/ Buckler/ Breeding / M. Hands/ Sharen/ Yomtov.

Portada y página interiores.

The Amazing Spider-Man. The Death of Jean DeWolff (1990) Estados Unidos.

Peter Parker: The Spectacular Spider-Man# 107-110 (1985-1986)

Davis/ Buckler/ Breeding/ Rubinstein/ Baker/ Redding/ Sharen/ Roussos/ Yomtov.

Portada: Rich Buckler y Bob McLeod.

Death Wish II (1982)

Robin Sherwood (Carol Kersey), Charles Bronson (Paul Kersey), and Jill Ireland (Geri Nichols) en una imagen de la película Death Wish II, así como el cartel de dicha película, obra de Robert Graves.

© 1982 A Golan-Globus Productions, Landers-Roberts Productions, City Films and American-European Productions.

Ready or Not

Ready or Not

Existen personas, instituciones y/o colectivos que tienen la costumbre de sacar, siempre que pueden, las cosas de quicio. Es más, termina por dar la sensación de que, si no lo hacen, no se encuentran a gusto consigo mismos, y de ahí que se jacten de hacer, pactar y...

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¿Qué? ¿Quieren la cabeza de Francis Castiglione? ¿O no será que lo que de verdad quieren es la cabeza de Alfredo García? Alfredo “Al” García, un perdedor, como la mayoría de la raza humana, desde el momento en el que ésta comenzó a infectar el planeta Tierra. Un...