Existen personas, instituciones y/o colectivos que tienen la costumbre de sacar, siempre que pueden, las cosas de quicio. Es más, termina por dar la sensación de que, si no lo hacen, no se encuentran a gusto consigo mismos, y de ahí que se jacten de hacer, pactar y comulgar con aquello que el resto suele evitar por razones de mera supervivencia personal.
Son de esa clase de gente que llevan una frase hecha, por ejemplo, aquélla que dice “La familia es la familia y la sangre es la sangre” hasta el extremo más literal, homicida y descarnado de las letras que la forman. Y para que no falte de nada, le añaden un pacto con el ultramundo para que todo tenga una gruesa pátina de respetabilidad que, en realidad, NO tiene.
Son de esa clase de gente que, al igual que el personaje de Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), Fausto, creen que su empeño por lograr lo que pretenden los exime del cumplimiento de cualquier regla impuesta por la sociedad en la que viven, se reproducen y, por supuesto, medran. Por lo menos, en el caso de Fausto, éste sella con su sangre la posibilidad de obtener un conocimiento infinito, imposible de lograr de otra forma. Sin embargo, las sucesivas generaciones de la familia Le Domas llegan al mismo planteamiento para lograr un enriquecimiento y una posición que les permita vivir por encima de las reglas sociales anteriormente citadas, pero sin tanta parafernalia ni boato.
Son de esa clase de gente, los miembros de la familia Le Domas, que ni siquiera con todo el poder obtenido por sus antecesores han logrado forjar unos lazos íntimos lo suficientemente sólidos como para poder hacer frente a las calamidades a las que se ven expuestos los seres humanos, quieran éstos o no. Sus lazos son frágiles y artificiales, basados más en la debilidad de cada uno de ellos que en la valía y su único sustento reside en sus posesiones, sus títulos y su apellido. El resto, como también se diría en una de esas “frases hechas” tan del gusto de los Le Domas, es “papel mojado”.
En el extremo contrario se encuentra Grace quien, aún criada en una casa de acogida y sin unos lazos familiares tan “sólidos” como la familia Le Domas, posee un sentido de la responsabilidad y de lealtad que ninguno de los miembros de la familia de su marido, Alex Le Domas, logrará tener ni en mil generaciones.
Grace es de esas personas que sabe que las cosas no se ganan sin trabajo duro y esfuerzo, lejos de lo que pueda decir Alex, una suerte de hijo pródigo de vuelta en el seno familiar por culpa del compromiso matrimonial. Ella desconfía de quienes no pueden disimular su ostentación, física y espiritual, sobre el resto de las personas que las rodean, en especial el padre de Alex, Tony Le Domas, su hermana, Helene y las hijas del primero, Charity y la descerebrada de Emilie.
No obstante, para los Le Domas -quienes han forjado su fortuna sobre los juegos de azar- la elección de un juego para sellar, de manera definitiva, el compromiso adquirido tras intercambiar Grace y Alex los votos y los anillos de rigor, no debería ser, al fin y al cabo, una decisión tan descabellada, más si se tiene en cuenta que un juego es sólo eso… O así debería ser.
Hasta aquí duran las excentricidades tolerables y dan comienzos los excesos más grotescos y sádicos de un grupo de personajes, los integrantes de la familia Le Domas, tan patéticos y grotescos como sedientos de la sangre de Grace por la misma causa que los emparenta, a éstos, con ese ser erudito e insaciable por el conocimiento universal como lo es Fausto.
Lo que no estaba en los planes de nadie, ni siquiera de Stevens, el mayordomo de los Le Domas -quien NO es el asesino- es que Grace se transmutara en una presa mucho más difícil de doblegar de lo que ellos pudieran pensar…
En realidad, el macabro juego en el que se ve envuelta Grace es el argumento que una panda de degenerados, cansados de su patética y acomodada vida, en especial la madre de Alex, Becky, esgrime para perpetuar su falta absoluta de moralidad. Esto no significa que, entre secuencia y secuencia, no queden al aire las vergüenzas de todos los integrantes de la familia y una irracionalidad que terminará por pasar una factura muy, muy grande, incluso entre los más pequeños.
Daniel, el eslabón más débil de aquella cadena de insania, es quien tratará de mantener la cordura, a pesar de la debilidad que siempre ha gobernado sus actos, pero en una partida tan demente como ésta, su protagonismo se verá marcado por el resto de las piezas que le acompañan sobre el tablero de juego.
Ready or not, literaria y cinematográficamente hablando, es muchas cosas además de una ácida crítica contra todos los que se consideran “Por encima de Ley”. Es toda una sátira contra quienes aún sustentan sus modos y sus maneras siguiendo un modelo caduco y anquilosado. La narración cinematográfica pone sobre la mesa el uso obsceno que ejercen quienes tienen los medios y los recursos sobre aquéllos más desfavorecidos, tal y como está sucediendo, ahora mismo, en nuestro cacareado mundo.
Grace es solamente un sano divertimento para que una familia sin ninguna ética ni cortapisa o moral perpetúe su desmesura y mantenga un estatus que tantas vidas se ha cobrado ya.
Los personajes van dando bandazos, sin tener muy claro qué deben hacer, pero terminan siendo incapaces de pensar y actuar por sí mismos, algo que no le sucede a Grace, capaz de soportar el dolor, la indefensión y la brutalidad de aquella panda de degenerados, con tal de salvar su vida.
El mismo título, Ready or not, deja claro que poco importa que estés preparado para lo que viene a continuación, porque, en la sociedad en la que vivimos, unos pocos deciden quiénes deben vivir y quiénes, morir.
Y Grace, embutida en su precioso e inmaculado traje de novia, está a punto descubrirlo y de la peor manera posible…
¿Se atreven a jugar al macabro juego que les propone la familia Le Domas?
© Eduardo Serradilla Sanchis, Helsinki, 2019-2026
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Poster internacional en lengua inglesa para Europa y el continente americano.

Grace, antes de empezar su “noche bodas”.

Poster internacional para el Reino Unido, República de la India, República Federativa de Brasil y los Estados Unidos de América.

De izda., a Dcha., la familia Le Domas, al completo; Fitch, Emily, Becky, Tony, Helene, Daniel y Charity.























