Esta película japonesa de los años 70 está llena de ropa, música y cultura americana.
La película Stray Cat Rock Delinquent Girl Boss/ Stray Cat Rock: Female Boss, cuyo nombre no deja mucho por descifrar, trata con una trama típica de gangsters y delincuentes que chocan en la ciudad de Shinjuku. La única diferencia es que el elenco principal no son hombres, sino una mujer llamada Ako y un pequeño grupo de mujeres delincuentes que la siguen en su lucha por la libertad de la banda de motoristas Seiyu, respaldada por una poderosa familia yakuza y liderada por Katsuya, una marioneta de su hermano, Mr. Hanada, un hombre despiadado.
Mei es una de las chicas de la pandilla, y es la razón por la que Ako la conoce en primer lugar. Su novio, Michio, quiere unirse a la banda de motoristas Seiyu y para hacerlo promete que manipulará un combate de boxeo para hacer ganar a Mr. Hanada mucho dinero. Las cosas se tuercen cuando el combate no sale como Michio había planeado, creando así el conflicto de la película.
Tras la segunda guerra mundial, Estados Unidos controlaba Japón militar y políticamente. Muchos militares estadounidenses del frente del pacífico se quedaron tras la guerra en la tierra del sol naciente, trayendo consigo sus costumbres y su cultura. La población local abrazó en las siguientes décadas toda esa ola cultural, dando lugar al movimiento llamado Ametora. Desde los años 60 hasta los 90, la cultura de la calle en Japón estuvo profundamente influenciada por figuras como James Dean y Marlon Brando, con sus motocicletas y sus vaqueros azules, además de las magníficas chaquetas de cuero y actitudes soberbias.
Con un presupuesto estimado de entre 10 y 20 millones de yenes la película de Yasuharu Hasebe destaca sobre todo en su fotografía, con mucho uso del ojo de pez, angulaciones e incluso divisiones en ciertas escenas, jugando con la distancia de los personajes a la cámara. Las escenas en movimiento pueden llegar a desconcertar o incluso marear, ya que no hay estabilización o es muy rudimentaria. Muy probablemente esto sea intencional para generar una respuesta en el espectador. Las escenas paradas con resaltados de colores para indicar cambios de fechas o momentos clave aportan vivacidad a la película y generan un cambio de aires que estructura la historia, siendo un recurso visual muy sencillo pero que sorprende al espectador con sus colores vibrantes y apariciones espontáneas.
La historia no es especialmente innovadora, no intenta decir nada más profundo que “esto es una lucha de bandas” pero sí que es verdad que pone a la mujer en la gran pantalla, y no de manera débil o inútil. Estas mujeres son despiadadas y crueles, saltándose muchos estereotipos de la época. Los movimientos punk surgidos a principios de los 70 comienzan a entreverse en las calles de Japón en la misma época. Ver eso en persona fue lo que llevó al director a crear esta película: un reflejo de las sucias y crueles calles de las grandes ciudades niponas.






















