La película desarrolla el misterio principal de la mítica serie homónima y plantea una cruda visión del trauma a través de lo real y lo espiritual
¿Quién mató a Laura Palmer?, en torno a esta pregunta se presentó en 1990 la serie Twin Peaks codirigida y coproducida por David Lynch y Mark Frost. En la pequeña localidad ficticia de Twin Peaks, basada en las reales North Bend y Snoqualmide, se encuentra el cadáver de una joven. Para resolver este misterio es enviado el Agente especial Dale Cooper, interpretado por Kyle MacLachlan, actor predilecto de Lynch.
El show, que ya forma parte de la cultura popular, rompió entonces con la forma que había de hacer televisión y hoy es considerada una de las series más relevantes de la historia. En el marco de la serie, el ya difunto director americano, quiso realizar la película Twin Peaks: Fire Walk with Me en 1992 para profundizar más en los últimos días con vida de Laura Palmer. De esta forma, se terminó de presentar el trauma que vivió la joven, basado en el abuso sexual por parte de su padre al que se vio sometida.
Uno podría pensar que la trama se limita a ser un thriller policiaco de misterio que vive de pistas y argumentos sólidos, pero a veces la vida es más compleja que eso. Si algo ha hecho trascendente e imborrable de la historia del cine a David Lynch es su forma de presentarnos su mundo, un mundo cargado de significación onírica, espiritual, donde lo que sentimos o soñamos está por encima de lo que vemos. Los personajes de la serie, y por tanto de la cinta, tratan de canalizar toda esa influencia mística para poder explicar algo tan atroz como el asesinato de una adolescente atormentada por el mismísimo mal personificado.
Lo real, mucho más de lo que nos gustaría aceptar, excede los límites de lo ficticio. De ahí que haya cosas que no tienen una explicación lógica o tangible y en eso se basó esencialmente la obra de Lynch. Desde la historia de El Hombre Elefante, hasta el sueño febril de Mullholland Drive, pasando por el tormento de una artista en Terciopelo Azul, el director presenta a la audiencia situaciones que, aunque ejecutadas por seres humanos, parecen llegadas desde el más allá.
Tanto el filme como la serie fueron revolucionarios a nivel audiovisual. Mezclando elementos clásicos y tradicionales con contrastes surrealistas y expresionistas, ambos se convierten en una experiencia que el espectador sufre y disfruta a la vez. El uso de colores saturados, personajes hablando en reversa o juegos de luces rompen el ambiente lúgubre general de la cinta y crean una atmósfera más mística aún si cabe. La banda sonora, compuesta por Angelo Badalamenti, es parte esencial de cómo se percibe el universo Twin Peaks y cómo se funde lo puramente real con lo mágico en una historia de agonía y sufrimiento.






















