Déjame Pensarlo

27 diciembre, 2020

Vitoria Noir: mentiras y construcción del candidato

Crítica de Yo, mentiroso, de Antonio Altarriba y Keko

Yo, mentiroso (2020)
Guión: Antonio Altarriba
Dibujo: Keko
Color: Keko
Norma Editorial

“Es relativamente fácil ponerse de acuerdo en que solo el Homo sapiens puede hablar sobre cosas que no existen realmente, y creerse seis cosas imposibles antes del desayuno». Una de las muchas enseñanzas que nos regala Yuval Harari en Sapiens: de animales a dioses es lo íntimamente ligados que están los constructos intelectuales y la evolución de las sociedades humanas. Nuestra historia y la mentira siempre han ido de la mano, y el despertar siempre es doloroso. Históricamente, la caída más estrepitosa que ha quedado registrada se produjo al finalizar la II Guerra Mundial: la incursión de los Aliados y el Ejército Rojo en las fronteras del Reich alemán hizo que una población que se sentía invencible sufriese los horrores bélicos en su carne y en su espíritu, renunciando del credo nacionalsocialista tras una década de extenuante propaganda.

Los continuos fracasos de la Wehrmacht, incesantes desde la desastrosa campaña de Stalingrado en 1942 hasta la caída de Berlín en 1945, siempre fueron endulzados por un régimen totalitario dueño del relato y cuya maquinaria silencio todas las voces críticas con las ocurrencias del Führer y su forma de entender -y quitar- la vida. Y no hay que olvidar que Adolf Hitler, la pieza de dominó que inició toda la cadena de acontecimientos que culminaron con la devastación de Europa en la década de los cuarenta, no era más que un aspirante a artista mediocre al que su hipnotizante oratoria y una corte encabezada por Joseph Goebbels le catapultó a los cielos (con su correspondiente caída luego, claro).

Ahora y siempre, las mentiras que elevan lo mundano hasta el Olimpo se producen a todos los niveles y no están urdidas por seres divinos, sino por criaturas terrenales. Adrián Cuadrado, el protagonista de Yo, mentiroso, último cómic de la exitosa dupla conformada por Antonio Altarriba y Keko publicado por Norma Editorial, funciona como un arquitecto del relato en una historia donde el engaño es el lenguaje de todos los personajes. De hecho, la novela gráfica es un poco tramposa en sí misma: Iván Redondo -la persona real que inspira la historia- sigue felizmente casado, no tiene hijos y, que se sepa, no ha sido cómplice de asesinato. Sí, es el hombre de confianza de Pedro Sánchez después de estar vinculado históricamente al PP y se le asocia con la moción de censura que sacó a Mariano Rajoy de la Moncloa, pero no hay certeza de que el resto de historias que se le atribuyen sean ciertas, y este es el mayor acierto del cómic.

Yo, mentiroso, última pieza de la trilogía del ego tras Yo, asesino y Yo, loco, es la construcción de un relato imposible de verificar donde la barrera entre la ficción y la realidad es difusa. Altarriba nos despierta las ganas de saber qué es cierto y qué no y, al ir pasando páginas, es inevitable tirar de hemeroteca mientras uno se pregunta «¿quién se ocultará tras este personaje?», «¿existe este monumento?» o «¿estaba Redondo entre los comensales de la última cena de Rajoy como presidente de España?». Eso solo lo consiguen las historias que te atrapan, y esta te enfrasca desde la primera viñeta al darle un sentido global al caos político que se vivió en este país entre 2016 y 2019. La única pena es que la historia haya quedado cerrada y, tras ver las tropelías del Partido Democrático Popular (PDP), le perdamos la pista a Cuadrado al comienzo de su etapa sanchista, donde es jefe de gabinete en un gobierno de coalición compuesto por el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) y Ganemos. Seguro que también hay mucho que contar.

Aunque se trata de un cómic eminentemente político, es reseñable la subtrama que enlaza con Yo, asesino, donde el ritmo narrativo y los claroscuros de Keko convierten a Vitoria en puro noir. No sé si los lectores están familiarizados con la ciudad vasca, pero Vitoria es uno de los lugares más amables de este país, por lo que verla como escenario de cine negro es una de esas genialidades que uno no puede más que aplaudir. La secuoya gigante, las rampas mecánicas del casco antiguo o la histórica Casona de los Alfaro sacan el lado más detectivesco de un Cuadrado que, para variar, sigue las pistas hacia una gran charada.

Lo único que espero es que, después de esta exploración por las Cloacas del Estado y revelar tantas verdades en un texto ficticio, Altarriba y Keko no acaben como el profesor Enrique Rodríguez, protagonista de Yo, asesino que también se pasea por las viñetas de este cómic. Seguramente jamás ocurra pero, como dice el comisario Corralejo, «en la política la mierda salpica a todos» y en una Vitoria Noir nunca se sabe. Habrá que andarse con ojo.

Cuidado, la lectura de Yo, mentiroso te dejará totalmente enfrascado. Fuente: normaeditorial.com

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