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«Opino de que»

18 febrero, 2026

No wokie, no cry

Las personas que piensen que la diversidad y la representación en el mundo del entretenimiento llegó gracias al movimiento woke están completamente equivocadas. Hoy les traigo un dato curioso:  en la década de los sesenta —para ser más exactos, en 1966— Gene Roddenberry creó una aldea global espacial donde convivían en perfecto orden caucásicos, afroamericanos, asiáticos y también personas de la raza vulcana. Por supuesto, ese pueblo era la USS Enterprise, la icónica nave que abría y cerraba la práctica totalidad de los episodios de la serie original de la franquicia Star Trek.

Sesenta años después, el espacio sigue siendo la última frontera. Lo más grave es que mientras las cenizas de Gean Roddenberry siguen flotando por el cosmos —curiosamente, fueron lanzadas tras su muerte junto al satélite Minisat 01 desde la base aérea de Gando, en Gran Canaria—, las nuevas interpretaciones de este título de ciencia-ficción explotan como naves en llamas más allá de Orión.

La última víctima ha sido Starfleet Academy, una nueva serie de Star Trek que se centra en la escuela donde se forman los nuevos oficiales encargados de explorar el universo. Con un coste de entre 6 y 10 millones de dólares por episodio —este dato es importante—, el estreno de su primer capítulo se hizo en YouTube y ha sido un auténtico desastre: durante la emisión en directo se conectaron poco más de 1.000 personas y la interacción se estancó en los 125 “Me gusta”.

La herida es más profunda a medida que se conocen nuevos datos: una semana después del debut, no se han superado las 200.000 visualizaciones. Mientras corren rumores de la cancelación de la serie, Paramount ha eliminado el video de la plataforma para no alargar el duelo. Espero que a ningún productor de ese estudio le llegue la noticia de que la grabación de Víctor Hugo bailando junto al grupo Nueva Línea en la Radio Canaria ha alcanzado en más o menos el mismo tiempo más dos millones de visualizaciones y está rozando los 19.000 “Me gusta” en Instagram. Con esos datos, creo que su programa Canarias al cierre sí que merece una serie.

Volviendo a Star Trek, vamos a centrarnos en el programa de los sesenta, las seis películas protagonizadas por el reparto original, la continuación llamada The Next Generation y los cuatro títulos donde Patrick Stewart daba vida al capitán Picard. ¿Qué tenían en común? Que priorizaban el entretenimiento sobre la propaganda política, y eso que la producción solía establecer paralelismos con situaciones sociopolíticas que le fueron contemporáneas.

Star Trek ha sido la última franquicia en darle sentido a la frase get woke, go broke. Otros damnificados por ingerir las mieles del wokismo, esas que antaño se prometían divinas y dulces, han sido el Universo Cinematográfico de Marvel, los live-action de algunos clásicos de Disney, Resident Evil —la adaptación de Netflix dio auténtica vergüenza—, Masters of the Universe y Star Wars, la saga a la que los más puretas nos referimos todavía como La Guerra de las Galaxias. Todos estos títulos han pegado un timonazo para evitar caer en el abismo que ya ha engullido a muchos visionarios y que, por suerte, parece que ya ha saciado su hambre.

No lo olvidemos: aquellos tiempos en los que la política se metía en todos los aspectos de la vida de las personas fueron etapas muy oscuras. La religión, el entretenimiento, nuestra vida íntima y el ocio no son cosas pensadas para mezclarse con el Estado. No puedo alegrarme de la más que posible cancelación de Star Trek: Starfleet Academy, pero si celebro que el público ya se haya cansado de que, desde el cine, las series, los cómics y los videojuegos nos sermoneen constantemente. Para eso están las abuelas y ellas, a diferencia del wokismo, hacen unas croquetas excelentes.

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