‘Mundo Perdido’ (2022), de Yoshihiro Tatsumi, es un recopilatorio de 20 historias cortas, creadas entre 1967 y 1970, que muestran la cara más oscura de la sociedad nipona de posguerra

‘Mundo Perdido’
Entre las décadas de 1950 y 1970, surgió un grupo de autores japoneses que consiguieron transformar el manga en un medio para adultos, crítico y radicalmente renovado. Frente al modelo predominante del manga como entretenimiento para niños, y la figura del maestro Osamu Tezuka, el gekiga entró en escena para llenar de realismo y de innovación gráfica unas historias inspiradas por el cine y la novela negra.
El gekiga es un movimiento dentro del cómic japonés cuyo nombre significa literalmente «imágenes dramáticas». Acuñado en el año 1957 por Yoshihiro Tatsumi, el gekiga nació para tratar de ofrecer alternativas adultas frente al manga de estilo predominantemente infantil. El gekiga se enfocó en el Japón de la posguerra para así poder abordar temas críticos, sociales y urbanos. Estilísticamente, este movimiento se caracteriza por sus trazos realistas, por su narrativa cinematográfica con una fuerte influencia de la novela negra, y por sus temáticas más maduras con historias que exploran la violencia, el crimen, la sexualidad y las dificultades socioeconómicas… sin censura ni humor.
Yoshihiro Tatsumi (1935, Osaka, Japón) es un historietista que se caracteriza por narrar los pesares del hombre mundano en una sociedad japonesa de la que, tras salir de la Segunda Guerra Mundial, la desesperanza no desapareció del todo; muy bien alimentada por la deshumanización provocada por la búsqueda de un rápido progreso a toda costa. Los protagonistas de estos relatos representan muy bien al japonés medio, que vive eternamente en la fina frontera entre la sumisión completa o el desarraigo que lo convertiría en un paria definitivamente.

Acuñado en el año 1957 por Yoshihiro Tatsumi, el gekiga nació para tratar de ofrecer alternativas adultas frente al manga de estilo predominantemente infantil.
En cuanto a su narrativa, Yoshihiro Tatsumi hace uso de sus propios recursos estructurales frecuentes. Algunos de estos recursos hacen pensar en la posible influencia del manga de humor que crea cierto enredo. Dichas recurrencias pueden ser algo buscado. La obra de Tatsumi reposa sobre unas premisas temáticas y de tono muy específicas, y las repeticiones pueden invocar mejor ese espíritu derrotista del que sus personajes no se libran.
Mundo Perdido es una muy buena forma de acercarse a la obra de Yoshihiro Tatsumi y, por supuesto, al gekiga. Muy recomendables son también los artículos que incluye la edición de Satori. Muy especialmente, el que escribe Akane Toge, que trata sobre cómo entender el gekiga como disidencia.
El historietista Yoshihiro Tatsumi (1935 – 2015) fue premiado en Japón con el Osamu Tezuka en el año 2009, con el Eisner en los USA en el año 2010, y con el Angulema en Francia en el año 2012. Mundo Perdido reúne veinte historias cortas, aparecidas entre 1967 y 1970, en las que el 95% de los protagonistas no llega ni tan siquiera a hablar, y el que lo hace solamente emite tres frases. Son protagonistas que parecen marionetas, que se limitan a dejarse llevar; en el trabajo, en las relaciones… Son distintos hombres que bien podrían ser uno solo.
Estas historias fueron publicadas originalmente en la revista Gekiga Young. Nos encontramos ante verdaderas maravillas, que ganan en grandeza en cuanto se presentan en conjunto.
Estas historias están ambientadas en el Japón de la posguerra, siempre en grandes ciudades, y siempre están protagonizadas por hombres solitarios. El tema que impregna toda la obra es el de la deshumanización.
Estos protagonistas son personas comunes, generalmente son trabajadores poco cualificados, con grandes problemas de adaptación y de comunicación. No entienden el mundo, el mundo no los entiende a ellos, y su comportamiento es a veces muy extraño, muy poco común. No saben como vivir.
Precisamente, es en esas relaciones donde Yoshihiro Tatsumi centra sus relatos. Un operario que pierde el brazo a propósito para contentar a su mujer, un hombre que prostituye a su esposa y no sabe cómo debería gestionarlo, un empujador de metro atrapado por su trabajo, un operario que trabaja en un deposito de cadáveres y practica la necrofilia, y un travesti que encuentra el amor con una mujer.
En estas páginas, hay varias historias también centradas, de alguna manera, en el aborto, y hay continuas apariciones de bebés muertos, tirados en alcantarillas.
La próxima semana: Superman y Spider-Man: ¡Los héroes y el Holocausto! (1981), de Marv Wolfman, John Buscema, y Jim Shooter, el segundo encuentro entre estos dos gigantes del cómic, para protagonizar nuevas aventuras.






















