Imágenes, volúmenes y, además, palabras

29 marzo, 2022

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29 marzo, 2022

Belfast (Kenneth Branagh, 2021)

Belfast (Kenneth Branagh, 2021)

Si se quiere ser fiel a la historia, el conflicto que asoló y, además, condicionó a quienes habitaban en la isla de Irlanda -la tercera isla más grande de Europa y la vigésima más grande del mundo- comenzó en 1609. En ese momento, grupos de colonos escoceses e ingleses, conocidos como Planters, recibieron tierras que, originariamente, habían pertenecido a los irlandeses nativos del lugar que luego se conoció como Colonización del Úlster. Estas circunstancias, merced a las imposiciones sufridas desde el exterior, dieron como resultado el estallido de dos conflictos religiosos particularmente sangrientos conocidos como las Guerras Confederadas Irlandesas (1641-1653) y la guerra Guillermita (1689-1691), los cuales se saldaron con victorias del bando protestante.

Hay que tener en cuenta que el dominio religioso anglicano en Irlanda se garantizaba con una serie de leyes penales que restringían los derechos religiosos, legales y políticos de cualquier persona -incluidos los disidentes católicos y protestantes, como pudieran ser los presbiterianos- que no se ajustaban a la iglesia estatal, en este caso, la Iglesia Anglicana de Irlanda. A medida que las leyes penales comenzaron a eliminarse gradualmente, sobre todo en la última parte del siglo XVIII, se desató una mayor competencia por la tierra y por desempeñar oficios que, durante décadas, habían estado vetados a una parte de la población, lo cual se tradujo en un nuevo conflicto entre los «Peep O’Day Boys» protestantes​ y los «Defenders» católicos.

El resultado de todo fue una mayor y más extrema polarización entre las comunidades y una involución dramática en muchos de los legisladores protestantes, quienes, con el paso de los años, se habían vuelto más receptivos a la reforma democrática y a contemplar a los católicos, los originarios del lugar, como algo más que unos usurpadores que debían ser eliminados de la ecuación.

En los siglos posteriores, la situación lejos de mejorar fue tomando un cariz cada vez más violento y la irrupción de grupos paramilitares armados, en especial el Ejército Republicano Irlandés (IRA, en sus siglas en inglés) y todos aquellos que se movieron a su alrededor durante décadas, no ayudaron a rebajar la tensión.

No es de extrañar que, a finales de la década de los años sesenta del pasado siglo XX, en Irlanda se viviera una situación muy similar a la de una guerra civil, la cual golpeaba a todos lo que vivían en aquel escenario geográfico.

Todo esto se tradujo en el llamado “Conflicto de Irlanda del Norte”, en el que, durante tres décadas, se desató una lucha intestina entre los nacionalistas (muchos se identificaban diciendo que eran irlandeses o católicos) y los unionistas (quienes se identificaban a sí mismos diciendo que eran ingleses o protestantes). Oficialmente, el conflicto empieza con la marcha de derechos civiles en Londonderry, el 5 de octubre del año 1968, y termina con el Acuerdo de Viernes Santo, el 10 de abril del año 1998.

Sus protagonistas fueron paramilitares republicanos, tales como el Ejército Republicano Irlandés y el Ejército Irlandés de Liberación Nacional (INLA); paramilitares lealistas, tales como la Fuerza de Voluntarios del Ulster (UVF) y la Asociación para la Defensa del Ulster (UDA); fuerzas de seguridad del estado británicas, tales como el Ejército británico y la Real Policía del Ulster (RUC); activistas políticos y políticos.

Durante estos treinta años mucha gente de diversas partes del globo equiparaba el nombre de Irlanda del Norte con asesinatos, bombas, escuadrones de la muerte, tiroteos, víctimas por fanatismo, prisión e intimidación.1

Y es precisamente en este escenario tan adverso en donde Buddy, un niño de nueve años, deberá crecer y sobreponerse a una realidad que hace todo lo que está en su mano para mostrarle la cara más amarga y esperpéntica.

Sus mayores deseos, además de sentarse al lado de la compañera más guapa e inteligente de su clase, pasan por convertirse en un recluta de la organización de la familia Tracy, la encargada de velar por la seguridad del espacio exterior y, llegado el momento, convertirse en un Thunderbirds al mando de una nave de rescate, al igual que los hermanos Scott, John, Virgil, Gordon y Alan Tracy.

También están esos momentos en los que, sentado delante del aparato de televisión que está en el salón de su casa, se imagina a su padre, “Pa”, acompañando al marshal Will Kane en medio de su devenir vital, enfrentado a los delirios de Frank Miller y los indeseables que conforman su banda de forajidos.  

No obstante, “Pa” seguro que apoyaría, dado su talante, a personajes tales como el senador Ransom «Ranse» Stoddard, una persona que siempre trata que la ley logre prevalecer sobre la insensatez y el uso torticero de la fuerza bruta que exhibe Liberty Balance. Y si a eso le suman la fantástica puntería que el progenitor tiene, armado con un resolutivo canto rodado, ¿qué más se puede pedir?

El problema, siempre hay uno -por no decir miles, en el desquiciado mundo de los seres humanos-, es que el escenario en el que se desarrolla todo este esperpento, con mayúsculas y sin necesidad de espejos que deformen la realidad, no es el mejor para querer mantenerse neutral y sin tomar partido por un bando en particular.

Ni tan siquiera los vecinos de una misma calle llegan a entenderse, merced al fanatismo ideológico y religioso que lo empapa todo. Esto termina por arrastrar a ambos progenitores y a sus hijos, Buddy y su hermano Will, hasta una espiral de violencia de la que todos parecen escapar, en la mayoría de los casos, sin heridas aparentes, pero con el trauma de verse atrapados en una contienda que ni entienden, ni están preparados para afrontar, independientemente de la edad que tengan.  

Al final, y una vez que el humo de las barricadas se disipa, quedan los destrozos ocasionados por tal comportamiento desmedido y los recelos de las tropas que, aun queriendo cumplir con su deber, miran con desconfianza a quienes se han olvidado de las más mínimas reglas de convivencia y no desperdician ninguna oportunidad para buscar un nuevo argumento por el que pelear.

Y es que, por mucho que se quisiera enmascarar y/o camuflar bajo una falsa y artificial sensación de seguridad, en aquel territorio se vivía una suerte de guerra civil encubierta, donde todos decían tener la razón, pero nadie parecía entender que los métodos a los que recurrían no solo eran los erróneos, sino carentes de cualquier signo de racionalidad.

Quizás, por todo esto, y por el pegajoso blanco, negro y gris que tiñe su vida, esta se torna multicolor cuando Buddy y su familia conocen a Caractacus Potts, ese genial inventor quien, merced a su más sonada creación, el inusual y resolutivo Chitty Chitty Bang Bang, osa desafiar los desmanes megalómanos del Barón Bomburst, el tirano que persigue a los niños en el reino de Bulgaria.

¿Se imaginan qué hubiese pasado si, en el sinsentido que se vivió en la isla de Irlanda, hubiera existido un personaje como el inventor? A buen seguro, y estoy tratando de ponerme en el papel de Buddy, por no decir de toda la familia, incluyendo a “Granny” y “Pop”, los abuelos, a nadie se le ocurriría arrastrar, por ejemplo, a unos niños hasta una vandálica y destructiva manifestación, orquestada por un bando para demostrarle a su antagonista lo poco que el simio que se bajó de los árboles, tiempo atrás, ha logrado evolucionar en todos estos siglos.

Quizás la actitud de “Lone Ranger” de la que hace gala el padre de Buddy no sea la más errónea. Las personas tienen derecho a decidir lo que quieren y lo que no quieren hacer con sus vidas, lejos de esos “gallos de pelea” de tercera categoría, que solo saben enseñar sus músculos y sus “hierros” como si, con ello, lograran paliar sus carencias como seres humanos.

Con todo, la historia que nos cuenta Buddy, por simple, sincera y, a ratos, inocente que pudiera ser, no pierde ni un ápice de validez, por mucho que sean legión los que consideren que los recuerdos de la infancia no son el mejor soporte teórico para desarrollar una idea, algo que el tiempo e historias como esta se encargan de desmentir.

Es más, los recuerdos de Buddy -que también son los de Kenneth Charles, otro niño que, al igual que Buddy, se vio sometido a los mismos vaivenes existenciales sin tan siquiera saber qué significaba todo aquello- terminan por completar una suerte de “documental” en donde la realidad, tal cual es, se nos muestra ante nuestros ojos, de la misma forma en la que las fotos de aquella época nos aportan una “imagen congelada” de esa misma realidad.  

En ambos casos, los dos abandonaron Belfast para encontrar la estabilidad y la paz que su tierra natal y quienes vivían en ella se habían empeñado en arrebatarles. De paso, demostraron que ni “Pa”, ni Will Kane, ni el senador Ransom «Ranse» Stoddard, ni, mucho menos, Caractacus Potts, estaban equivocados, sino todo lo contrario.

© Eduardo Serradilla Sanchis, Helsinki, 2022.

© 2022 Northern Ireland Screen and TKBC.

Nota:

1-. Sorene, P. (2018, August 14). Children in ‘The Troubles’: Northern Ireland 1969–1981. Https://Flashbak.Com/. Retrieved March 15, 2022, from https://flashbak.com/photos-of-children-in-the-troubles-northern-ireland-1969-1981-53649/

BelfastIM01: El escenario donde se desarrolla esta historia © 2022 Northern Ireland Screen and TKBC. Fotografía: Rob Young.

BelfastIM02R: 17th August 1969: A British soldier stands on patrol at a street corner in Belfast, while two children mount their own kerbside guard. (Photo by Wesley/Keystone/Getty Images)

BelfastIM03: “Ma” (Caitríona Mary Balfe) en una imagen de la película Belfast © 2022 Northern Ireland Screen and TKBC. Fotografía: Rob Young.

BelfastIM04R: 31st October 1974: Children play on the corner of Independent St in Belfast ignoring the armed soldiers on patrol. (Photo by Keystone/Getty Images)

BelfastIM05: “Granny” (Dame Judith Olivia Dench) en una imagen de la película Belfast © 2022 Northern Ireland Screen and TKBC. Fotografía: Rob Young.

BelfastIM06R: 13th May 1981: A Belfast girl chats to a soldier out patrolling the streets in the Falls Road area. (Photo by Central Press/Getty Images)

BelfastIM07: “Ma” (Caitríona Mary Balfe) y “Pa” (James Peter Maxwell Dornan) en una imagen de la película Belfast © 2022 Northern Ireland Screen and TKBC. Fotografía: Rob Young.

BelfastIM08R: 13th May 1981: Schoolboys in a Catholic area of Belfast at play on the streets near a British soldier on patrol. (Photo by Rob Taggart/Central Press/Getty Images)

BelfastIM09: “Pa” (James Peter Maxwell Dornan); “Ma” (Caitríona Mary Balfe); Buddy (Jude Hill) y Will (Lewis McAskie) en una imagen de la película Belfast © 2022 Northern Ireland Screen and TKBC. Fotografía: Rob Young.

BelfastIM10: Kenneth Charles y “Buddy” (Jude Hill) en una imagen de la película Belfast © 2022 Northern Ireland Screen and TKBC. Fotografía: Rob Young.

Belfast poster00:  © 2022 Northern Ireland Screen and TKBC.

Belfast poster01:  © 2022 Northern Ireland Screen and TKBC.

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