Imágenes, volúmenes y, además, palabras

15 enero, 2021

Imágenes, volúmenes y, además, palabras

15 enero, 2021

La última cacería de Kraven

La última cacería de Kraven

Hay historias, las que de verdad merecen la pena, que, por mucho que uno las vuelva a leer, permanecen igual de apasionantes y atractivas que cuando cayeron en tus manos, si no más, ahora que entonces. Este es el caso de Kraven’s Last Hunt (también conocida en el mercado anglosajón como Fearful Symmetry: Kraven’s Last Hunt y La última cacería de Kraven, en nuestro país), por derecho propio, uno de los mejores arcos argumentales protagonizados por el vecino arácnido Spider-man a lo largo de su ya dilatada historia. Un arco argumental, éste, que nada tiene que envidiarle a cualquier relato literario, de tono introspectivo y existencial que se precie de serlo. 

Y sé que decir esto supone casi una blasfemia cuando, para muchos sesudos y tautológicos críticos literarios, inmersos como estamos, en el siglo XXI, el cómic sigue siendo un entretenimiento menor, ideal para descerebrados incapaces de leerse un libro «serio», y que solamente está compuesto por imágenes y, claro está, no por letras en su totalidad.  Quienes todavía piensan así, beben de unos postulados que siguen anclados en los estereotipos negativos acuñados por las novelas «pulp» -tan válidas como cualquier otro tipo de literatura- y por los tebeos de antes, sobre todo de después de Segunda Guerra Mundial,  igualmente atractivos salvo aquellos que estaban impregnados por los designios de algún régimen dictatorial, tal y como sucedió en nuestra geografía, o condicionados por lo delirios de algún que otro político desmedido y/o «respetado investigador «, empeñados, ambos, en desatar el mismo infierno sobre el mercado editorial. Sea como fuere, no haber evolucionado más allá de dichos prejuicios de “clase” les ha impedido ver el tremendo avance que el género gráfico ha experimentado en las últimas décadas, y esta historia en particular es un buen ejemplo de todo ello.

Está claro que, como en cualquier otra disciplina artística, hay cómics de todo tipo y condición; buenos, regulares y algunos que mejor nunca se hubieran editado por aquello de evitar el inútil derroche de tinta, papel y tiempo que se invirtió en su impresión. Sin embargo, continuar relegando al noveno arte al furgón de cola de la creación artística es un anacronismo que en nada beneficia a las artes en general.

Desgraciadamente, el mismo noveno arte también debe lidiar con los prejuicios que buena parte de los «entendidos » en cómics tienen para con el género de sus superhéroes. Para dicho grupo de eruditos, sólo los densos, farragosos y, en muchos casos, algunos de los insoportables cómics publicados en Europa y/o por algunas editoriales anglosajonas independientes, son merecedores de ser considerados como verdaderas muestras del mundo gráfico. Poco importa que ni su contenido -normalmente demasiado hermético para todo aquel que no comulgue con el tema en cuestión- ni, sobre todo, su elevado precio estén al alcance de buena parte del público. Lo que importa es arrinconar a todo aquello que suene a héroe vestido con un llamativo traje y que pulule por las azoteas o los cielos de tal o cual ciudad, real y/o inventada.

Como ya he dicho antes, hay cómics y cómics. Y este baremo de calidad también se puede aplicar a los cómics del mercado francófono y a los que llegan desde la órbita independiente y, por qué no decirlo, con cierto tinte «underground «, aunque a muchos les moleste tal afirmación.

Dentro del primer grupo anteriormente citado, el de los cómics MUY recomendables, independientemente del género del que provengan, se encuentra el arco argumental del anteriormente comentadoKraven’s Last Hunt (Web of Spider-man# 31 y 32, Amazing Spider-man# 293 y 294 y Peter Parker, Spectacular Spider-man# 131 y 132, publicados, originalmente, entre octubre y noviembre del año 1987), una de esas historias que marcó un antes y un después en el devenir existencial del trepamuros gráfico por excelencia.  

Por añadidura, Sergei Nikolaevich Kravinoff, Kraven «el cazador»  fue uno de esos «malosos» a los que tantas veces derrotó Spiderman a lo largo de su carrera. Era un villano al que su aspecto, cercano a un «Tarzán de opereta decimonónica», no le ayudó a encontrar su hueco en el universo Marvel, salvo en contadas ocasiones y siempre formando parte de un grupo de villanos. Y ni siquiera en esos momentos Kraven logró sobresalir más de lo necesario.

Con tal bagaje a sus espaldas, Kraven era el personaje perfecto para que un escritor y guionista como J.M. DeMatties llenara todas aquellas páginas que nadie había sabido escribir sobre el noble ruso, indómito e impenitente cazador.

DeMatties, amante de los guiones profundos y bien estructurados, llevaba tiempo queriendo escribir una historia en la que un superhéroe -Wonder Woman y Batman eran los candidatos escogidos- salía de la tumba, cual zombi que se precie, pero las dos veces que había presentado un borrador de su idea en el tiempo que permaneció en DC Comics, la respuesta resultante había sido negativa.

Una vez que DeMatties regresó a Marvel y se hizo cargo de Web of Spider-man, junto con el dibujante Mike Zeck, la idea volvió a la mesa de redacción y, en esta ocasión, fue aceptada por el responsable editorial, Jim Salicrup. Lo único que cambio Salicrup fue que la historia se repartiría entre las tres cabeceras arácnidas, en vez de en una sola como había previsto el guionista. A partir de entonces, DeMatties se puso manos a la obra y desarrolló una trama en donde conoceremos las motivaciones y los sentimientos «reales» de Sergei Kravinoff, lejos de sus fanfarronadas de antaño.

Desde las primeras páginas, queda claro que Kravinoff es un hombre antiguo, anclado en unos valores y en una ética que el mundo olvidó hace ya demasiado tiempo. Como muy bien indica Julián M. Clemente en su libro Spider-man. Bajo la máscara (Pretextos Dolmen# 2), «Kraven es, en muchos sentidos, un fantasma condenado a vagar de un lado a otro, sin que nadie se fije demasiado en él«1.

Su familia, obligada a abandonar la Rusia imperial a causa de la revolución de los bolcheviques, le inculcó unos sentimientos sobre el linaje, el honor y la manera de comportarse en la sociedad, los cuales, según el propio Kraven, han sido prostituidos por un mundo moderno y decadente. Su único consuelo lo ha podido encontrar en sus cacerías y en medio de la jungla, lugar que considera mucho más cabal que las ciudades humanas. Sin embargo, el único animal que no ha logrado cazar ha sido la araña, en este caso, el vecino arácnido, para más señas y, por ello, a Kraven no se le ocurre mejor manera de despedirse de este mundo que acabar con su mayor y más esquivo enemigo.

DeMatties recurre al monólogo interior para contarnos los pensamientos de un Sergei Kravioff desprovisto de cualquier artificio innecesario. Su único interés es atrapar a la araña y demostrar que él es capaz de asumir la personalidad y el espíritu del héroe.

Y cuando lo logra, Kraven entierra al héroe, con toda la solemnidad posible, en una tumba presidida por una lápida con un epitafio bien claro y conciso «Aquí yace Spider-man. Asesinado por Kraven el cazador».

Todo esto transcurre en las primeras veintidós páginas, el prólogo de una historia que no dejará de sorprender al lector, tanto por lo que se cuenta como por la manera en la que se hace, gracias al oportuno y cuidado dibujo de Mike Zeck. El dibujante, conocido hasta ese momento por sus trabajos en las Secret Wars y en una mini serie de Punisher, realiza un trabajo sobresaliente, en especial por el juego de luces y sombras y por su forma de recrear la constante lluvia que cae en cada uno de los números, esfuerzo que se ve apoyado por el entintado de Bob McLeod y el color de Janet Jackson.

El resultado final logra transportar a los lectores a un escenario propio de la Inglaterra victoriana, donde el ambiente de las callejuelas portuarias se mezclaba con la constante niebla y una lluvia que azotaba la ciudad de Londres de manera impenitente, constante y machacona.

Aquellos parajes fueron el escenario perfecto para las andanzas de criminales como el celebérrimo Jack the Ripper (Whitechapel, Londres, 1888) y, en base a tal truculenta inspiración decimonónica, Mike Zeck logra que la ciudad de Nueva York se trasforme en un escenario muy similar, incluso con las mismas ratas, pestilentes olores y maleantes de cualquier pelaje que llenaban las citadas callejuelas de la capital británica.

Con la «araña» fuera de juego, Kraven adoptará el papel del héroe, según su propia concepción de lo que debería hacer un héroe, castigando el crimen con una dureza que lo acerca más a The Punisher, aka «Frank» Castle que a Peter Parker. Todo aquello acabará teniendo eco en una sociedad que, en esos momentos, anda de cabeza con las desapariciones de una serie de jóvenes, de las cuales no se encuentra ni el menor rastro. 

El otro eslabón de la cadena que no encuentra un momento de tranquilidad es Mary Jane Watson-Parker, la flamante esposa de Peter Parker, quien ignora cuál es el paradero de su marido, mientras todo esto sucede. Y las cosas no mejoran cuando los titulares de los periódicos acusan a Peter de ser un asesino.

En la cuarta entrega de la narración –Web of Spider-man# 32-, vemos cómo Peter despierta de una pesadilla, la cual le ha llevado a vivir una auténtica metamorfosis dentro de la tumba en la que le atrapó Kraven. Dicha metamorfosis le ha puesto contra las cuerdas, obligándole a plantarse su misma existencia, como hombre, como héroe y como marido.

Al final, el amor por Mary Jane será el trampolín que lo ayudará a salir de la tumba, en una de las más impactantes e intensas splash-pages de cuantas se han dibujado en la historia del personaje gráfico2.

Después  de su «resurrección», Peter Parker conocerá la realidad que el mundo ha vivido durante el tiempo que él ha estado, literalmente, enterrado, e irá a buscar respuestas, sobre todo a casa de Sergei Kravinoff.  El cazador sabe que la araña le visitará y está a la espera de que su antiguo enemigo acuda a tratar de saldar la deuda que está pendiente entre ambos, después de la osadía cometida por el noble ruso venido a menos.

Sin embargo, Sergei Kravinoff está tranquilo y, en especial, su espíritu. Ya ha logrado atrapar a la araña y sólo le queda despedirse de este mundo, de la manera que él elija.

«Qué tranquilo me siento, qué paz. Como si algo dentro de mí, algún nudo, algún lazo de miedo y rabia y mucho más, por fin se haya desatado.

Todos estos años: la huida de Rusia, la asfixia en América, hallar la liberación… Encontrar el honor… En la jungla, todos estos años, y nunca he conocido la paz o la tranquilidad o esa cosa elusiva llamada felicidad. Pero siento como si ahora pudiera hacerlo.

Siento que está cerca. Ahí al lado, tal vez, escondida en el repiqueteo de la lluvia, en el retumbar del trueno.

Paz, calma, felicidad, un final… Ahora.«

Con estas palabras Sergei Kravinoff, Kraven «El cazador», toma la última decisión de su vida, marcada por la lucidez y el honor.  Puede que para muchos, las viñetas que acompañan estas palabras del personaje -en las que se ve su suicidio- no casen en una narración gráfica de esta índole. Por fortuna, y a pesar de las reticencias de los altos directivos de la editorial, Marvel publicó la historia y las ventas le dieron la razón a DeMatties y a Salicrup en cuanto a la validez de la propuesta.  

La última cacería de Kraven es, sin duda alguna, una de las mejores narraciones protagonizadas por Spider-man, plena de aciertos, tanto en el guión como en el dibujo. DeMatties, Zeck y el resto del equipo artístico nos sumergen en una historia cercana al delirio y la pesadilla que tan bien describiera Joseph Conrad en sus propuestas literarias,  pero sin olvidar las claves mismas de la colección del trepamuros. La lápida del villano muerto, en cuya inscripción se puede leer el epitafio: «Aquí yace Sergei Kravinoff; Kraven «El cazador«. Murió con honor«, muestra, sin duda, las  palabras quemejor resumen el verdadero significado de toda esta la obra.

Lo cierto es que, más de tres décadas después de su publicación, La última cacería de Kraven mantiene vivo el interés por su lectura, igual que cuando se publicó por vez primera. Además, y dados los continuos vaivenes a los que ha estado sujeto el personaje, con idas y venidas y vuelta a empezar, su coherencia es aún mayor a tenor de lo que se ha podido ver en la colección arácnida en estos últimos años, salvo contadas y gloriosas ocasiones.

 © Eduardo Serradilla Sanchis, Helsinki, 2020

Spider-man, Sergei Nikolaevich Kravinoff, Mary Jane «MJ» Watson, Joseph «Robbie» Robertson © 2021 Marvel Characters, Inc. All right reserved. All characters and the distinctive names and likenesses thereof, and all related indicia are trademarks of Marvel Characters, Inc.

Spider-man y Sergei Nikolaevich “Kraven” Kravinoff es una creación de Stan Lee y Steve Ditko para Marvel Comics.

Mary Jane Watson, Robbie Robertson es una creación de Stan Lee y Stan Lee John Romita Sr., para Marvel Comics.

Notas:

1- Clemente, J. M., Guzmán, R., De Salazar, E. (2002). Spider-man: Bajo la máscara (1st ed., Pretextos Dolmen# 2). Palma de Mallorca: T. Dolmen Editorial.

2- Sin querer entrar en agravios comparativos, la splash-page que aparece en la novena página de la entrega Web of Spider-man# 32, recuerda, poderosamente a otra ilustración a página completa protagonizada, de igual forma, por el vecino arácnido, dos décadas antes, en The Amazing Spider-man# 33 (FP: febrero 1966) Dicha splash-page -y el entrega en la que se encuentra- dibujado en su totalidad y para la ocasión por el gran Steve Ditko, según un guión original de Stan Lee, es una de las imágenes que más ayudaron a cimentar la impronta del personaje cuando éste aún no había llegado a los niveles de popularidad y aceptación de los que goza hoy en día.

Imágenes 1-3: Web of Spider-Man #31 (1987). Kraven’s Last Hunt – part 1. DeMatteis/ Zeck/ McLeod/ Sharen/ Jackson. Portada: Bob McLeod y Mike Zeck

Imágenes 4 y 5: Peter Parker, The Spectacular Spider-Man# 131 (1987). Kraven’s Last Hunt – part 3. DeMatteis/ Zeck/ McLeod/ Sharen/ Jackson. Portada: Bob McLeod y Mike Zeck

Imágenes 6-9: Web of Spider-Man #32 (1987). Kraven’s Last Hunt – part 4. DeMatteis/ Zeck/ McLeod/ Sharen/ Jackson. Portada: Bob McLeod y Mike Zeck

Imágenes 10-12: The Amazing Spider-Man# 294 (1987) . Kraven’s Last Hunt – part 5. DeMatteis/ Zeck/ McLeod/ Sharen/ Jackson

Imágenes 13 y 14: Peter Parker, The Spectacular Spider-Man# 132 (1987). Kraven’s Last Hunt – part 6. DeMatteis/ Zeck/ McLeod/ Sharen/ Jackson. Portada: Bob McLeod y Mike Zeck

Imágenes 15 y 16: The Amazing Spider-man# 33 (1966). «If This Be My Destiny…!». Lee/ Ditko/ Simek

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