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El Salón del cómic de Tenerife ya se ha convertido en lo que pretendía ser, cita irrenunciable para el creciente número de aficionados al tebeo y alrededores

 Una creadora catalana destaca la naturalidad de la cita tinerfeña frente al mercantilismo creciente de otros encuentros de este tipo

 ‘Kira’ participar por primera vez en la cita y está dispuesta a desplazarse a más salones pese a las barreras económicas

 En el  callejón del artista hay espacio para todos los estilos, por ejemplo ‘Pensils48_’ destaca por una obra realista y vinculada a la naturaleza y Cazorla por el misticismo

 Noé Ramón

El Salón del cómic de Santa Cruz en su edición número XXIII ha salido adelante pese a los no demasiado positivos augurios que se han lanzado en estos días. Que sí lluvias, revueltas callejeras y la feliz coincidencia con la celebración de Halloween. Pero al final todo el mundo parece encantado, la organización está perfectamente engrasada y la cita se asienta sin duda alguna después de años en los que era mirada como una especie de anomalía en el mundo del ocio y que desde luego no tenía nada que ver con la cultura.

La realidad ha fulminado los negro augurios. Y prueba de ello es que entre las propuestas que más se asientan y convierten en un polo de atracción total está Callejón de los Artistas. Un espacio vibrante que vuelve a congregar a autores locales y nacionales, sirviendo de termómetro para medir la salud del sector y las ganas de crear y dar a conocer.

Para los dibujantes que vienen de fuera, la plaza tinerfeña del Príncipe ofrece un oasis de cercanía especialmente por llevarse a cabo al aire libre como únicamente permite el clima canario. Es el caso de la ilustradora barcelonesa Ana Dácil, quien recaló en Tenerife aprovechando los vínculos familiares de su pareja en la Isla. Su obra destaca por la frescura del formato: “El Salón me parece una iniciativa súper bonita, sobre todo el ofrecer a los artistas espacios así al aire libre, las charlas y las exposiciones, lo que no suele ser muy habitual”.

Para la creadora catalana, citas como la de Santa Cruz salvan la esencia romántica de estos encuentros frente a la cada vez más acentuada deriva comercial y mercantilista de las grandes ferias como la que se lleva a cabo en su ciudad natal: “El Salón de Barcelona es una locura, muchísima gente. Pero también hay un montón de iniciativas que han perdido la esencia y se están convirtiendo más bien en un negocio. Da mucha pena ver cómo algo tan bonito, que es para que la gente conozca artistas y el arte, se está transformando en algo así como: tengo que sacar dinero como sea y luego salir corriendo”. La propuesta que se podía ver en su puesto está totalmente influenciada por el manga de su infancia y la estética Disney, de manera que lógicamente  destaca por un color muy vivo y saturado plagado de brujitas, sirenas y gatos que apreció el público tinerfeño.

El salón también funciona como plataforma de despegue para el talento emergente. Kira, ilustradora tinerfeña con raíces de Europa del Este, debutaba con un estilo que camina entre el cómic de superhéroes y la estética de videojuegos como Tomb Raider. “Para ser la primera vez no está mal, todo me parece súper guay”, comentaba satisfecha al ser preguntada sobre cómo había recibido el público sus sus láminas de aire místico.

Sin embargo, Kira pone sobre la mesa la cruda realidad a la que se enfrentan cada día los artistas insulares como es la falta de oportunidades locales para dar el salto profesional. “Aquí en Tenerife hay muy poca oferta, así que me pensaría ir a otros salones en otros lugares si es posible, estaría guay tener representación de Canarias fuera de las Islas”, admite, aunque reconoce que la barrera económica es alta: “Es un poco complicado, necesitas mucho dinero, pero si me las apaño y todo me va bien podría permitírmelo”.

La diversidad de estilos ha sido otra de las grandes bazas de esta edición, demostrando que el término cómic a veces se queda corto para definir el talento expuesto. Pensils48_, es el nombre artístico de un ilustrador natural de Tenerife que cumple su tercera edición en el certamen, donde destaca por alejarse de la corriente casi mayoritaria del manga y se decanta por el realismo y las obras de corte científico-naturalista centradas en aves, flores y naturaleza. A pesar de un arranque titubeante, el balance es positivo: “El viernes empezó un poco lento entre comillas, pero ya a la tarde comenzó a llegar más gente y el mercadillo estuvo bastante lleno de gente. Las ventas han sido aceptables, por lo menos se cubren gastos”.

En una línea diametralmente opuesta se mueve Diego Cazola Rodríguez, un ilustrador formado en la Escuela de Arte de Las Palmas de Gran Canaria que viajó exclusivamente desde la Isla vecina. Su obra se sitúa en un universo de fantasía oscura y estética medieval con fuertes guiños a la saga de El Señor de los Anillos, un trabajo que complementa con su propia marca de ropa y el diseño de tatuajes. Para Cazorla este tipo de ferias representa el camino hacia la profesionalización: “Los mercadillos me encantan, empecé este año en el de La Laguna y me están gustando bastante. Al final es una muy buena forma de ganarme la vida con la ilustración, del arte, las camisetas. ver si puedo repetir el año que viene aquí”.

Al cierre de la segunda jornada el veredicto de los creadores es unánime. Aunque las mañanas acusaron la rutina de las clases y el trabajo, las tardes experimentaron una eclosión de público que llenó los pasillos del recinto. Y respecto a Halloween, lejos de suponer una competencia o un elemento de distracción, los artistas coincidió perfectamente con la propuesta en cuanto sumó vistosidad, contagiando al salón de un ambiente festivo con decenas de visitantes paseando disfrazados entre las mesas. El Salón del Cómic de Santa Cruz no solo ha esquivado malos augurios sino que ha demostrado que su estructura es ya a prueba de temporales.