Imágenes, volúmenes y, además, palabras

28 diciembre, 2020

Imágenes, volúmenes y, además, palabras

28 diciembre, 2020

Mi novio es un oso

Mi novio es un oso

Después de tantos siglos de civilización, se ha hablado mucho, mucho y mucho, quizás demasiado, de las relaciones entre los seres humanos, independientemente del lugar, la raza, el sexo y el momento histórico en el que se encuentren ubicados los protagonistas de dichas relaciones.  

No obstante, siempre aparece alguien dispuesto a darle un vuelco total a las reglas del juego conocidas y aceptadas por todos. Éste es, sin ningún género de duda, el caso de Nora, una joven que vive en un pequeño apartamento de la zona este de la ciudad de Los Ángeles, junto con su gato Nutso y su pareja. ¿Y qué tiene de extraño todo esto? Muy simple, lo «extraño» es que su pareja es un oso negro americano de 200 kilos. Sí, repito, el novio de Nora es un enorme oso que, normalmente, debería vivir en un bosque, y no en un espacio pensado y diseñado para seres humanos, aunque muchos se empeñen en diseñar celdas propias de un hormiguero en vez de habitáculos decentes donde poder vivir.  

Volviendo al tema que nos ocupa, toda esta historia comenzó cuando a la joven se le ocurrió la «feliz» idea de irse de acampada con el mamarracho de Ben, el último de los imbéciles -de raza humana, añado- con los que Nora había terminado compartiendo su vida, sus sentimientos y, sobre todo, un bien tan valioso como lo es el tiempo. En el caso particular del mencionado Ben, si de él dependiera la supervivencia de la raza humana, poco íbamos a durar en el planeta Tierra, aunque el individuo es de los que creía que el sol, por no decir todo el universo conocido, giraba a su alrededor.  

El caso es que, en aquel ambiente tan hostil, la joven se cruzó con el oso quien en el futuro estaba llamado a ocupar un lugar en su corazón, aunque en aquellos instantes, lo único que sintió Nora fue la sensación de alivió cuando logró «escapar» del animal.  

Bueno, lo cierto es que el oso no le atacó, pero aquellos instantes en los que sus miradas se cruzaron, le sirvieron a la joven para darse cuenta de que debía recuperar su vida, aficiones y amistades, dándole a Ben con la puerta en todo su desbocado ego, como paso previo para lograrlo. Luego, cuando el oso llegó hasta la misma puerta de su casa, justo la noche en la que Nora había decidido sacar a la luz todos sus sentimientos y, de paso, vomitar todo lo que había comido durante ese mismo día, la joven lo interpretó como si aquel animal representara el revulsivo que su destartalada vida necesitaba.  

Imagino que ahora lo siguiente que me dirán es ¿cómo un oso puede vivir en un apartamento y ser la pareja de una humana? Quizás, porque el oso en cuestión no responde a las señas de identidad de un animal «salvaje» al uso. Quizás todo se deba a que Nora era la persona más cualificada para lograrlo, después de sus pasadas experiencias amorosas, de tener que lidiar con un trabajo que sólo servía para limpiar las enormes miserias de una pandilla de estafadores y de estar rodeada de un círculo íntimo y familiar que tampoco es que fuera fácil de llevar, por decirlo educadamente.    

Créanme si les digo que el oso sólo tiene problemas de convivencia cuando trata de comportarse como un ser humano normal, de ésos que van dando bandazos por la vida, sin tener muy claro qué hacer, decir e, incluso, pensar. Cuando se comporta como un oso, Nora es la persona más feliz de la creación y, eso, claro está, tampoco es algo que su círculo más cercano terminara de tolerar, por mucho que todos ellos se aferraran al tema de la hibernación como la excusa perfecta para hacer tambalear su relación.   

Además, tampoco es que una circunstancia tan normal en la vida de un oso como lo es la hibernación le deba acarrear a la joven tantos dolores de cabeza, pero el ser humano siempre ha jugado al juego de sustituir una angustia por otra, amén de hacerle la vida imposible a quienes no sólo parecen felices, sino que, en realidad, lo son.  

Y qué quieren que les diga. Con la cantidad de cafres, ignorantes, mamarrachos y abusadores de todo tipo y condición, ¿qué tiene de malo que el novio de Nora sea un oso?  

“Mi novio es un oso” pone sobre la mesa todos los temas anteriormente citados sobre las relaciones humanas, además de querer atacar a la línea de flotación de aquello que se conoce como una “relación normal” por una sociedad que es todo menos normal. Nora es una de tantas personas que solamente busca alguien que la quiera y la respete por lo que es, no por lo que la otra persona desea que sea. Sus intereses, sus sueños, su forma de comportarse, deberían ser mucho más sencillos de tolerar por su círculo más cercano en vez de comportarse con ella como si la tuvieran siempre bajo las lentes de un microscopio. Además, el oso no engaña a nadie, ni pretende ser quien no es, mientras que el resto no para de aparentar aquello que, en verdad, no son. Es más, su comportamiento deja con las vergüenzas al aire a toda esa legión de “machitos alfa” a los cuales se les está acabando la consideración y permisividad de la que han disfrutado hasta ahora.  

En realidad, Nora quisiera ser mejor persona de lo que es, ayudar a sus semejantes y, si le queda algo de tiempo libre, ser feliz, aunque sin pasarse. Tampoco está dispuesta a que su creatividad y sus ganas de aprender deban ser supervisadas por un indocumentado como Ben o cualquiera de los otros con los que se emparentó en el pasado, por mucho que la sociedad le siga poniendo topes a un sexo en beneficio del otro.  

La suma de todo esto termina siendo mucho más definitoria que su elección de pareja, la cual, y a la vista de lo que cuentan Pamela Ribon y Cat Farris en esta obra gráfica, también merece la pena ser tomada en consideración. 

Lo único que cambiaría sería el título, para añadirle la frase siguiente: “y me da igual lo que pienses, ¡mamarracho!” 

© Eduardo Serradilla Sanchis, Helsinki, 2020.  

© 2020 Pamela Ribon and Cat Ferris. All Rights reserved. 

Edición española © Fandogamia Editorial C.B., 2020

Mi novio es un oso (2019)
Ribon/ Farris/ Temofonte
© 2020 Pamela Ribon and Cat Ferris. All Rights reserved.

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