Imágenes, volúmenes y, además, palabras

28 diciembre, 2020

Imágenes, volúmenes y, además, palabras

28 diciembre, 2020

Pride of Baghdad (El orgullo de Bagdad)

Pride of Baghdad (El orgullo de Bagdad)

El martes 22 de abril del año 2003, efectivos de la Tercera División de infantería del ejército de los Estados Unidos, la cual formaba parte del XVIII Cuerpo Aerotransportado, abatieron, mientras patrullaban la ciudad, a cuatro leones escapados del zoológico de Bagdad. Los ejemplares -un león, dos leonas adultas, y una cría- fueron avistados por los soldados y, al comprobar que dos de estos animales comenzaban a correr en su dirección, descargaron el fuego de sus armas sobre ellos.  

Estos leones escaparon, junto con más de un centenar de animales, de las instalaciones del parque zoológico de la ciudad, tras los bombardeos de la aviación estadounidense. Así mismo, en las calles de la ciudad, se encontraron cerca de una docena de briosos caballos de pura raza, pertenecientes a las cuadras privadas del, hasta entonces, líder del país, Saddam Hussein, y otros animales, pertenecientes a la reserva privada de Uday, hijo del dictador1

Ahora, y una vez leída la noticia que se publicó en buena parte de los medios de comunicación del mundo civilizado y conocido, deténganse un momento y piensen en las motivaciones que recorrieron las mentes de aquellos felinos, los cuales debieron abandonar, de manera brusca y violenta, las jaulas en donde estaban encerrados para luego salir hacia una libertad totalmente incierta y que no les acababa de convencer, por lo menos a Safa, una leona ya entrada en años. Para ella, la vida en libertad no le reportaba buenos recuerdos. Es más, su ojo ciego –tras un enfrentamiento con un pendenciero macho- se alzaba como un recordatorio de los peligros que el mundo exterior podía esconder.  

Frente a su visión más conservadora de la existencia, se encontraban los deseos de libertad de Zill, un macho que a duras penas recordaba lo que era un atardecer en libertad, y Noor, una joven leona, madre de Alí, que llevaba tiempo tratando de llegar a un acuerdo con los otros animales allí retenidos para poder abandonar aquella prisión.  

Poco podía pensar Noor que la libertad que ansiaba para su hijo llegaría de mano del animal humano -de la misma raza que quienes se encargaban de cuidarles, cada mañana- a lomos de unos estridentes y destructivos pájaros…  

Poco importó, entonces, luego del bombardeo que llevó fuera del recinto del parque zoológico, la sentencia de la vieja Safa en relación a lo sucedido; “la libertad no se otorga, es algo que se debe ganar”. Tras ver la puerta abierta, en el sentido más literal de la palabra, quedó claro que aquélla era la oportunidad que estaban esperando y no era cuestión de desaprovecharla.  

Lejos de las rejas y las paredes de las jaulas, el mundo exterior se abrió ante ellos como un lugar inhóspito y lleno de referentes y misterios que no poseían ningún valor para los recién llegados.  Incluso sus encuentros con otros animales, como la tortuga que emerge procelosa del río Tigris para reclamar su espacio, les pinta un panorama nada halagador. Ésta les cuenta la verdadera realidad que se esconde tras el mal llamado “animal racional”, el responsable de la muerte de toda su familia.  

Por si les quedaba alguna duda de dónde se encontraban, las divisiones acorazadas de la guardia republicana iraquí -asolando el terreno a su paso y todo lo que sobre él pudiera encontrarse- se encargaron de demostrarles lo poco apetecible que puede resultar su nuevo escenario.  

De todas maneras, donde el cambio se torna más radical es mientras recorren las desiertas y destrozadas calles de la capital del país, llenas de los escombros de un sistema que poco pudo hacer frente al avance de la maquinaria bélica de los Estados Unidos de América. Allí, y delante de los pocos edificios que aún se mantienen en pie, el grupo de felinos se encontrará con la versión “animal” del régimen totalitario liderado, hasta el momento de la invasión, por Saddam Hussein -simbolizado, éste, en Rashid, el león escuálido y torturado, y Fafer, el enorme oso pardo que, ahora, ejerce como líder del desierto palacio presidencial-. Ambos son una recreación de los comportamientos del desaparecido dictador, aunque muy bien podrían simbolizar los atropellos cometidos por las tropas americanas contra los prisioneros iraquíes, tras el fin de la contienda, dada la perspectiva que dan los años y la información recopilada desde entonces…   

Al final, la ansiada libertad, prometida durante los momentos previos a la invasión, se tornó en una nueva manera de sumisión y control sobre la población del país. Cambiaron los colores de las banderas, pero no las intenciones para con los habitantes del lugar, se podría concluir, por mucho que alguno de sus principales instigadores se empeñara en decir todo lo contrario.  

“Now, I think things have gotten so bad inside Iraq, from the standpoint of the Iraqi people, my belief is we will, in fact, be greeted as liberators.”  

—US Vice-President, Dick Cheney2 

La salida del palacio, tras el enfrentamiento con Fafer, significará el comienzo del final de la escapada para el grupo de felinos, incapaces de oponerse al avance de la civilización, simbolizada, ésta, en las tropas de ocupación. En ese instante, ya sólo les quedará tiempo para poder contemplar el atardecer… ¿en libertad?  

El orgullo de Bagdad, novela gráfica creada al alimón por el reconocido guionista Brian K. Vaughan y el dibujante Niko Henrichon, supone toda una vuelta de tuerca a la visión que hasta ahora teníamos del conflicto que se libró y, en cierto modo, aún se libra en la República de Irak. El que los protagonistas de dicha propuesta sean unos leones, acompañados de otras especies, tales como tortugas, monos u osos, no los diferencia, de ninguna forma, de animales como los humanos, los “otros” protagonistas de la historia.   

Es más, las experiencias que, calladamente, recuerda Safa mientras observa la libertad que viene acompañada de la silueta de un caza-bombardero Boeing F/A-18E Super Hornet, no es muy distinta que la que atesoran muchas otras mujeres en demasiadas partes del mundo actual. Su ojo ciego bien pudiera formar parte de uno de esos rostros desfigurados por los efectos del ácido, tales como los que pertenecen a las víctimas del enfermizo comportamiento enarbolado con cierto orgullo por los varones con los que les ha tocado en desgracia convivir…  

Las dudas que se agolpan en la mente de los protagonistas, ante el incierto futuro, la supervivencia, a costa de la libertad -todo un símil de la vida bajo los efectos de un sistema dictatorial- o la lucha a muerte contra un enorme y pendenciero oso, el cual parece haber copiado los destructivos y dementes comportamientos de sus captores, son estampas que nos sirven para identificar la realidad, anterior y actual de Irak, independientemente de quien se encuentre al cargo. En aquel nuevo escenario, sólo sobreviven los más aptos, los mejor armados y, lamentablemente, los más despiadados. Y, en esta narración, los felinos no son rivales para quienes marchan con paso firme por las calles y los tejados de la ciudad, llevando la muerte y la destrucción allá donde pisan, sin importar el daño que puedan causar.   

En cuanto a lo que concierne al realista y naturalista grafismo que impregna cada una las páginas de esta obra, éste está puesto al servicio de la narración, como si se tratara de una crónica periodística sobre lo que les ocurrió a aquellos leones escapados del zoológico de Bagdad. Henrichon ejerce de implacable cámara subjetiva que recoge las andanzas del grupo y que se detiene en algunos detalles que raramente se han podido ver en las pantallas y en los diarios de todo el mundo.  

Su realidad, la auténtica, no la que muchos medios se empeñaron en mostrar -mientras los críticos con lo que sucedía a su alrededor debían evitar ser bombardeados por las divisiones acorazadas estadounidenses-, está tomada a pie de calle, al nivel mismo del suelo que pisan los felinos protagonistas, donde ningún decorador ni diseñador gráfico la puede embellecer, ni alterar.  

Seguro que, si escuchásemos lo que nos tienen que decir todos esos animales, «convidados de piedra» de nuestros desmanes sin sentido, aprenderíamos muchas cosas sobre nosotros mismos, aunque me temo que no nos gustaría, lo más mínimo, lo que nos pudieran decir… 

© Eduardo Serradilla Sanchis, Helsinki, 2020.  

Pride of Baghdad © 2020 Brian K. Vaughan and Nico Henrichon. All Rights Reserved. Vertigo and all characters featured in this issue, the distinctive likeness thereof, and all related elements are trademarks of DC Comics Inc. DC Comics Inc, a Warner Bros. Entertainment Inc.  

Notas:  

1- Holmes, M. (2003, April 17). Baghdad Zoo: A different battle. Retrieved December 26, 2020, from https://edition.cnn.com/2003/WORLD/meast/04/16/sprj.nilaw.baghdad.zoo/ 

Middle East | US troops kill Baghdad lions. (2003, April 22). Retrieved December 26, 2020, from http://news.bbc.co.uk/2/hi/middle_east/2966107.stm 

Russell, R. (2003, April 22). US troops kill four escaped lions of Baghdad zoo. Retrieved December 26, 2020, from https://www.rediff.com/us/2003/apr/21iraq5.htm 

2- News, N. (2003, September 14). Transcript for Sept. 14. Retrieved December 26, 2020, from https://www.nbcnews.com/id/wbna3080244 

Pride of Baghdad (2006)
Vaughan/ Henrichon/Klein
© 2020 Brian K. Vaughan and Nico Henrichon. All Rights Reserved.

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