Imágenes, volúmenes y, además, palabras

1 junio, 2021

Imágenes, volúmenes y, además, palabras

1 junio, 2021

Promising Young Woman

Promising Young Woman

El siempre caprichoso, implacable y despiadado cálculo probabilístico -aquel que rige el devenir de los seres humanos, aunque éstos no sean muy conscientes de tal hecho en cuestión- ha sido el responsable de que, mientras esté escribiendo esta reseña, centrada en la película Promising Young Woman (Emerald Lilly Fennell, 2020), se encuentre sobre mi mesa de trabajo el libro de Chanel Miller (1992-) Know my name.1

Entenderé, una vez dicho todo lo anterior, que se pregunten “¿qué tiene que ver la mencionada película con el libro que se cita a continuación?” Bien, para poder explicárselo con una base sólida, lo primero que debo hacer es invitarles a recordar -en este caso, invitarles a que vuelvan a leer- una frase que aparece al final de los títulos de crédito de cualquier producción cinematográfica y/o televisiva que se estrene en un medio de comunicación y/o difusión. La frase, con algunas variaciones, viene a decir lo siguiente: “Los personajes y hechos retratados en esta película son completamente ficticios. Cualquier parecido con personas verdaderas, vivas o muertas, o con hechos reales es pura coincidencia.”

El párrafo, el cual responde a una consideración formal y legal -más si se tiene en cuenta que dicha producción será luego expuesta al escrutinio de una audiencia determinada- no siempre logra esconder el verdadero propósito de quien ha impulsado el proyecto en cuestión. En el caso particular de la película escrita, producida y dirigida por la actriz británica Emerald Lilly Fennell (1985-) queda de sobra patente su denodado empeño por plasmar la realidad de nuestra sociedad y su permisividad ante los abusos sexuales, por ceñirnos a este caso en cuestión, cometidos por los integrantes del sexo masculino.

Promising Young Woman, protagonizada de manera absoluta y aplastante por la actriz Carey Hannah Mulligan (1985-), nos cuenta el mismo drama que sufrió Chanel Miller, aunque la protagonista principal de la historia, Cassandra «Cassie» Thomas, papel interpretado por la actriz británica, sea una víctima colateral de los abusos que comete un grupo y/o una manada de prometedores y caucásicos estudiantes universitarios -compañeros suyos de clase- llamados, todos ellos, a ser los pilares de una nueva sociedad en la que las miserias del pasado continúen estando tan vigentes como antaño.

La película, tintada de un humor cínico, corrosivo y políticamente muy poco correcto, es solamente la antesala de unos modos y unas maneras que, en el mundo real, llevaron a la joven Chanel Miller a despertar sobre la cama de un hospital, hace ya un lustro, luego de asistir a una desenfrenada fiesta universitaria en la fraternidad Kappa Alpha Order (KA) situada, en la universidad de Stanford (CA).

Para Cassie, toda su pesadilla comenzó cuando su mejor amiga, Nina Fisher, sufrió los abusos de una panda de indeseables cuyo escaso juicio estaba empapado por los vapores etílicos que terminan por justificar cualquier tipo de abusos, tal y como esgrimió durante el juicio Brock Allen Turner (1995-), cuando trataba de defenderse de los cinco cargos de los que fue acusado tras la demanda que presentara Chanel Miller.2

Nina, al igual que Cassie y la misma Chanel, cometió el “error” de beber más de la cuenta, inmersa en una sociedad que ha logrado articular un torticero discurso que propicie que una minoría pueda abusar y luego justificar sus desmanes con casi se diría que total impunidad. Y, además, encuentre en la ingesta del alcohol la excusa perfecta a la que agarrarse para justificar sus actos… Además, el mismo aparato legal tampoco se ha quedado a la zaga, tal y como le confesará el abogado Jordan Green (Alfredo «Alfred» Molina, 1953-) a Cassie, en la película de Emerald Lilly Fennell. Ésta llegó hasta él buscando cierta dosis de venganza, pero lo único que encontrará será a una persona con la existencia destrozada, y un sistema legal -al que se enfrentó Nina Fisher- que premia a quienes lograban un mayor número de sentencias absolutorias, en lugar de castigar a quienes habían cometido un delito.  

En este apartado, Chanel Miller -tanto en su demoledor artículo escrito para BuzzFeed, Inc como, más tarde, en las páginas de su libro- cuenta la surrealista pesadilla a la que la sometieron los abogados de un joven que nunca demostró arrepentimiento, ni nada por el estilo y solamente buscó una excusa para que el “calentón de un momento” no arruinara su vida, ignorando que, en esta historia, había y siempre hay, más de un protagonista.3

En lo único que difieren estas dos historias es que, al revés de lo que sucedió con Chanel Miller -conocida como la víctima «Emily Doe» hasta que, en el año 2019, decidió abandonar su anonimato y contar, con sus propias palabras, todo lo sucedido-, Nina no soportó el trato, las vejaciones, el vacío y la ignominia de un sistema caduco, perverso, basado en la preponderancia de un sexo -el masculino frente al femenino- que gusta de aplastar a quienes se atreven a poner en jaque el estatus quo por el que se rige esta esperpéntica pantomima de sociedad en la que estamos todos atrapados. Llegado el momento, quitarse la vida terminó por ser la mejor de las opciones y, con su muerte, Cassie empezó también a morir, mientras, por el camino, gustaba de “vengarse y vejar” a cuantos varones se pusieran a su alcance, además de hacer lo propio con algunas de esas féminas que demuestran que el enemigo suele estar más cerca de lo que se pudiera pensar, tal y como es el caso de Madison McPhee (Alison Brie).

Habrá quien diga que los varones, todos los que aparecen en la película, son un muy mal ejemplo del sexo al que representan. Sin pasar por alto que las tautologías no son buenas para soportar ningún postulado, en este caso particular, la realidad y la ficción no discurren por senderos divergentes, sino todo lo contrario. Ni siquiera el único varón que parece no regirse por las mismas normas de comportamiento es capaz de admitir sus errores y se escuda en la juventud, la inexperiencia y en la pertenencia a una tribu que, por experiencia personal, apesta mucho más que el más inmundo de los vertederos.

Lo peor de todo es que Promising Young Woman es de esas películas que serán tachadas de reaccionarias y/o de estar escritas por una “feminazi”, según el manual de estilo de Rush Hudson Limbaugh III (1951-2021), el reaccionario y ultraconservador locutor de radio norteamericano y abanderado de quienes se niegan a reconocer la igualdad de derechos y obligaciones entre ambos sexos. Poco importarán -como poco les importó a todos aquellos que quisieron anular el juicio y el raciocinio de Chanel Miller durante el proceso judicial al que se debió enfrentar- las secuelas a las que debió hacer frente Nina Fisher y todo su entorno, al igual que Cassie y sus progenitores, incapaces de entender lo que se rompió, de forma inexorable, el día que abusaron de la mejor amiga de su hija.4

Por añadidura, la “victoria” legal de Chanel Miller se vio luego empañada por el paternalismo de un juez que entendió, de una forma muy, muy estricta, que todo lo mundo tiene derecho a una segunda oportunidad, pero no por ello dejar de asumir su responsabilidad. El tiempo, luego de la insultante rebaja en la sentencia de quien abusó de Chanel Miller -el 18 de enero de 2015, de manera premeditada, opresiva y sin atender a otra razón que no fuera la que le dictara su deseo sexual y su erecto miembro viril- terminó por ser un juez mucho más severo e implacable y cada cual debió asumir una parte de la culpa que, hasta ese mismo momento, había tratado de evitar, sin importar el medio ni la herramienta para lograrlo.

Quizás, sólo quizás, la secuencia final, tan esperpéntica como disparatada, con la que se cierra Promising Young Woman, es capaz de sacarle una sonrisa al público. Las ocho mil palabras del ensayo que Chanel Miller leyó delante del juez, el jurado y el acusado, sin embargo, no pretenden tal cosa y se trata de un texto que debería ser de obligada lectura para todos esos “machitos, malcriados e insensatos” que todavía hoy, en pleno siglo XXI, pululan por nuestra sociedad pensando que tienen permiso para hacer lo que les venga en gana, dado que, el sistema, la letra de la ley y el mismo entorno en el que se mueven se los permite.

Tanto Cassie Thomas como Chanel Miller ponen sobre la mesa un hecho que, aunque pueda parecer distópico, es real. Vivimos en una sociedad en la que una parte no entiende lo que significa no. En una sociedad que no entiende que hay comportamientos que no están bien, por mucho que tus atributos masculinos te dicten lo contrario. Y en una sociedad que no quiere entender que los abusos, todos, no deberían tener cabida en su seno.

Antes de que digan nada, no me siento orgulloso de los modos, ni las maneras que parecen regir los comportamientos del sexo al que pertenezco por naturaleza. No tolero el corporativismo, ni la necesidad de pertenencia a una tribu que te lleva a participar en comportamientos como los que se denuncian en Promising Young Woman o en los escritos de Chanel Miller. Es más, me gustaría poder comportarme como cualquiera de los dos estudiantes suecos que terminaron por inmovilizar, luego de ver su comportamiento, al prometedor campeón de natación que decidió que Chanel Miller estaba más atractiva con sus bragas en los tobillos, el pelo revuelto y tumbada en el suelo contra su voluntad, en vez de manteniendo una conversación con ella, mientras ambos miraban las estrellas.

Y, ya puestos, haber podido ayudar a Nina Fisher ante los abusos de quienes luego terminan por darte lecciones de cómo hay que hacer las cosas, cuando sus modos y maneras son merecedores de la más oscura de las más mazmorras…

Dado que ninguna de las dos cosas es posible, haré todo lo que esté en mi mano para educar a mi hijo de una forma diametralmente opuesta a la que hacen gala los protagonistas de la película dirigida por Emerald Lilly Fennell y, por supuesto, del mencionado atleta que pensó que su gloria futura terminaría por justificar sus desmanes del pasado… Luego entendió que, algunas veces, el destino -y el ya mencionado cálculo probabilístico- se toman la revancha.

© Eduardo Serradilla Sanchis, Helsinki, 2021.

© 2021 Focus Features

Notas:

1-. Miller, C. (2020). Know my name (2nd ed.). Penguin Random House UK.

2-. The People of the State of California v. Brock Allen Turner.

3-. Miller, C. (2016, June 3). The Powerful Letter The Stanford Victim Read To Her Attacker. Buzzfeednews. https://www.buzzfeednews.com/article/katiejmbaker/heres-the-powerful-letter-the-stanford-victim-read-to-her-ra

4-. Seth, R. (2021, March 26). Carey Mulligan and Emerald Fennell on Promising Young Woman and the Concept of Female Bodies as ‘Something to Be Won.’ Vogue. https://www.vogue.com/article/carey-mulligan-emerald-fennell-promising-young-woman-interview

Imágenes 1-5: Carey Mulligan (Cassandra «Cassie» Thomas) en una imagen de la película Promising Young Woman © 2021 Merie Weismiller Wallace / Focus Features.

Bo Burnham (Ryan Cooper) y Carey Mulligan (Cassandra «Cassie» Thomas) en una imagen de la película Promising Young Woman © 2021 Merie Weismiller Wallace / Focus Features.

Carey Mulligan (Cassandra «Cassie» Thomas); la directora Emerald Lilly Fennell y Laverne Cox (Gail) en pausa durante del rodaje de la película Promising Young Woman © 2021 Merie Weismiller Wallace / Focus Features.

Promising Young Woman posters 1-3 (India, Italia, Estados Unidos de América, Nueva Zelanda y Reino Unido)  © 2021 Focus Features.

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