Imágenes, volúmenes y, además, palabras

12 marzo, 2021

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Soy una matagigantes

Soy una matagigantes

Según el diccionario de la Real Academia Española, la palabra “gigante” se define en tres de sus cinco acepciones de la siguiente forma:

gigante, ta: Del lat. gigas, –antis, y este del gr. γίγας, -αντος gígas, -antos.

1.- m. y f. Persona que excede mucho en su estatura a la que se considera normal.

2.- m. y f. Persona que destaca extraordinariamente en una actividad o posee una cualidad en grado muy elevado.

3.- m. y f. Ser fabuloso de enorme estatura, con figura humana, que aparece en cuentos y fábulas mitológicas.

Para el tema que vamos a tratar a continuación, nos interesa la definición mitológica del término, aquella que siempre coloca a los gigantes como los malos malísimos de los relatos infantiles y que, casi por regla general, es el ser que devora a los niños que pululan por dichos “cuentos de hadas”. 

En el caso particular que nos atañe, la protagonista de la historia es una adolescente llamada Barbara Thorson, quien se define a sí misma como una versión contemporánea del personaje del cuento de hadas anglosajón “Jack the Giant Killer”1.

El único problema es que Barbara dista mucho de ser la viva imagen de la determinación y el coraje que el osado Jack demuestra en sus aventuras, y por mucho que ella sea toda una veterana en el noble y peligroso arte de ser una Dungeons Master (DM), empeñada en lidiar con arrojo y determinación con todos los integrantes de una partida de Dungeons & Dragons (D&D), su misma existencia poco tiene que ver con la de aquel que derrotó una y otra vez a cuantos gigantes se cruzaron en su camino2 .

Para colmo de males, Barbara tampoco es lo que se definiría como una chica popular, más bien todo lo contrario. Sus compañeros, compañeras, e incluso sus profesores la tratan como si fuera una auténtica freak, en el sentido más despectivo y peyorativo de la palabra amén de ser el blanco de todos los abusos y frustraciones de Taylor, la indeseable matona oficial del instituto donde ambas cohabitan. Claro que todos ellos no saben, ignorantes que son, lo dura que puede llegar a ser la vida de una “matadora de gigantes” como lo es Barbara, siempre atenta a los ataques de quienes han jurado acabar con los seres humanos sobre la faz de nuestro planeta.

Por fortuna para la dura tarea a la que se debe enfrentar nuestra heroína, esta cuenta con la ayuda de un poderoso martillo hecho con un hueso de la mandíbula del mismísimo Urano -el titán primordial, que personifica al cielo y del que procede la primera raza de titanes, fruto de su unión con Gea, la madre tierra-. Dicha arma, apodada Coveleski, en memoria del jugador de béisbol Harry Frank Coveleski (1886-1950), -más conocido como The Giant killer por ser el responsable de la derrota del equipo New York Giants, tres veces seguidas en una misma temporada (1908) cuando militaba en The Philadelphia Phillies- es la posesión más preciada de la joven y nunca se separa de ella3.

Con tal carga de responsabilidad sobre sus jóvenes hombros y con mucha ayuda de Sofía, una chica que desafía el torticero estatus quo del colegio al relacionarse con ella, además de la paciencia infinita de Ms. Mollé, la psicóloga del instituto -empeñada en desentrañar los misterios que se agolpan en la psique de la joven y no perecer en el intento- la vida de Barbara transcurre en continuos sobresaltos.

Lo que la joven no sabe aún es el peligro que representa el “gigante” que habita en el piso superior de su casa, una realidad mucho más real y terrorífica de lo que ella está dispuesta a aceptar. De poco sirven los encantamientos descritos en su manual de DM ni esconderse dentro de su guarida lejos de la vista de los demás. Cada día que pasa, la realidad, su realidad, va agrietando el suelo que pisa y este amenaza con devorarla cual titán Cronos que devoró a su prole4.

Llegado el momento, el gigante enviado desde el averno para llevarse de su lado a su madre deberá rendirse ante la evidencia del arrojo y la determinación que mueven los sentimientos de la joven Barbara. Como sucediera en los relatos de la antigüedad, se trata de una lucha desigual -el destino siempre tiene la carta más alta, una vez que nos sentamos en la mesa para jugar la última mano-, pero no por ello debemos dejar de hacerlo.

Barbara, como el resto de las personas que se enfrentan al reto de crecer y aceptar todas aquellas cosas que les suceden en sus vidas mientras ven cómo el tiempo pasa ante sus ojos, superará los miedos, saltará sobre las barreras y logrará traspasar el umbral donde reposa su madre, quien trata de sobrevivir ante la tesitura de dejar atrás a sus hijos. Gracias a esto, Barbara aprenderá que las mayores batallas no se libran en los campos, ni en los cielos ni en los mares, sino dentro del corazón de cada uno, sin necesidad de banderas, estandartes ni nadie voceando las órdenes de manera mecánica y atribulada.

I kill giantsSoy una matagigantes en la edición española publicada por Norma Editorial- está magníficamente escrita por Joseph “Joe Kelly” (1971-) e igualmente dibujada por JM Ken Niimura (José María Ken Niimura del Barrio, 1981-), con control total de las herramientas del leguaje secuencial, y es una suerte de cuento de hadas contemporáneo donde una joven adolescente debe hacer frente a sus mayores pesadillas y no morir en el intento. La historia es simple, clara y muy directa, evitando caer en excesos argumentales y/o en requiebros estilísticos innecesarios. Bastante dura es ya la realidad como para cargar las tintas, debió pensar el escritor responsable del guion.

En lo esencial, el relato se sustenta en los requisitos necesarios y en el aprendizaje que debe recorrer un héroe, dictados por el profesor de literatura y teórico de la historia de la mitología y de las religiones Joseph John Campbell (1904-1987) en su libro The Hero with a Thousand Faces (1949), requisitos adaptados luego al caso particular de la joven Barbara Thorson5.

En el caso del dibujo, con una marcada influencia asiática, cada cosa está donde debería estar, tanto cuando se trata de reflejar la realidad como cuando se quiere bucear en los sueños fantásticos de una Barbara que desearía poder enfrentarse al gigante que quiere acabar con la vida de su madre y salir bien de dicha temeraria osadía.  

Al final, como cualquiera de los héroes a los que hace referencia el profesor universitario del Sarah Lawrence College, Barbara terminará por dejar atrás todos sus miedos para aprender a vivir con sus fantasmas y aceptar que solo ella puede derrotar no a uno, sino a mil gigantes, dado que, el valor, como aprendió el joven e intrépido Jack, está dentro de cada uno. Lección que, al final, los emparentará a ambos por y para siempre jamás.

Notas:

1.- Green, T. (2009). Arthuriana: Early Arthurian tradition and the origins of the legend (1st ed., Vol. 1). Louth, Lincolnshire: Lindes Press.

2.- Currell, L. (2004, September 1). Dungeons and Dragons—30 Years and Going Strong. The Golden Gate Press Online. doi: San Francisco State University.

3.- Kashatus, W. C. (2002). Diamonds in the coalfields: 21 remarkable baseball players, managers, and umpires from northeast Pennsylvania (1st ed., Vol. 1). Jefferson, NC: McFarland.

4.- Recomiendo al lector visitar la página web del Museo del Prado (https://www.museodelprado.es/) para poder contemplar la obra Saturno o Saturno devorando a un hijo.

5.- Campbell, J. J. (2015). El héroe de las mil caras: Psicoanálisis del mito (1st ed., Vol. 1). Madrid: S.L. Fondo de cultura económica. Traductor: Luisa Josefina Hernández.

© Eduardo Serradilla Sanchis, Helsinki, 2021

© Norma Editorial, Barcelona, 2021

I kill Giants (2008/2009) Image Comics

Soy una matagigantes (2009-2021) Norma Editorial

Kelly/ Niimura

Portadas: Ken Niimura.

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