Imágenes, volúmenes y, además, palabras

17 febrero, 2023

Imágenes, volúmenes y, además, palabras

17 febrero, 2023

Thale

Thale

Cada país tiene una mitología y un imaginario propios, forjado a lo largo de los siglos. Esto es así, no importa el país, la geografía o la mentalidad, aunque, dependiendo de un lugar u otro, los personajes que pululan por dicha mitología tienden más hacia la luz o hacia la oscuridad, hacia el bien o hacia el mal, según sea la mentalidad del pueblo que los ha creado.  

Los países nórdicos responden a las premisas anteriormente señaladas tanto en el desarrollo de una vasta y compleja mitología, como en la posterior plasmación de dicho entramado ideológico-religioso en las páginas de multitud de libros, murales, criptas y templos, de todo tipo y condición. No obstante, sus mitos y leyendas están marcados por una geografía y un clima que condiciona, enormemente, debo añadir, el desarrollo de una historia o el devenir de sus personajes. En estas latitudes el invierno no es una estación, sino un personaje más de cualquier peripecia vital en la que se vean envueltos seres humanos o divinos.

De igual forma, sus enormes bosques guardan de manera fiel y celosa, embutidos en las entrañas de sus verdes y tupidos corazones, mil y un secretos, muchos de los cuales han permanecidos ocultos a la inconveniente y mezquina mirada de unos seres humanos que, tiempo atrás, olvidaron respetar a las deidades de la madre naturaleza.

Uno de esos secretos que ha sido celosamente guardado tiene que ver con una raza de seres mágicos, de aspecto homínido, llamados de manera genérica Huldra. Dependiendo del lugar, se les conoce como Skogsfru (en la mitología noruega); Tallemaja (en la mitología sueca) o Ulda (dentro de la mitología del pueblo Sami).

Los integrantes de dicha raza, seres que no necesitan del habla para transmitir sus pensamientos, viven escondidos en las profundidades de los bosques. Poseen rasgos animales tales como una cola y pezuñas en lugar de pies, pero su aspecto se asemeja bastante al de un ser humano, razón por la cual las hembras podían llegar a seducir a los seres humanos que se encontraban en su camino, especialmente a los que terminaban perdidos en medio de uno de aquellos infinitos bosques de antaño.

Otra cosa bien distinta es lo que le ocurre a Thale, una Huldra capturada en los bosques de Noruega por una suerte de demente investigador que trató de convertirla en una niña normal y corriente, hasta el punto de mutilar la seña de identidad primordial en su raza; es decir, su cola. Thale vivió toda su vida en una habitación situada bajo tierra y sólo logró ver la luz del día, experiencia que se le arrebató por los delirios de su captor, una vez que murió éste.   

Thale es una película de género un tanto atípica, dado que el espectador lo que realmente conoce es el cautiverio forzado al que se vio sometida siendo tan sólo una niña. Hay que añadir que el cautiverio poco tenía que ver con el saber científico y más con el demente interés de una persona empeñada en cambiar la verdadera naturaleza de un ser vivo… Por momentos, uno llega a olvidar que Thale no es, en realidad, un ser humano.

Con la aparición en escena de Leo y Elvis, dos operarios de limpieza especializados en dejar impoluto el escenario de un crimen, la vida de Thale cambiará de manera drástica.

Es cierto que, antes de lograr su propósito final, unos misteriosos y esquivos hombres de blanco… ¿les suenan de algo?  harán acto de presencia, apuntalando uno de los grandes tópicos del cine de género que tiene como protagonista a una criatura extraña y desconocida, sea de nuestro mundo o del espacio exterior, y quienes se interponen en su camino. Dicho esto, su presencia será más bien testimonial tanto por la fortaleza de Thale, como por la de otros miembros de su raza, dispuestos a evitar que los seres humanos metamos la nariz donde nadie nos ha invitado previamente.

La mayor virtud de Thale, como película de género, es saber centrarse en cada uno de los personajes principales, pintarnos una situación que mezcla realidad y fantasía en las dosis justas y no prolongar las situaciones hasta la extenuación, un mal que está aquejando a muchas realizaciones cinematográficas en estos últimos años.

Thale, como narración cinematográfica que es, no pretende engañar a nadie, sino contar un cuento de “hadas” donde no hay príncipes, ni princesas, ni elfos, ni hadas, sino una raza de seres mágicos, empáticos y ciertamente excepcionales, unos humanos muy malos –por lo menos, algunos de ellos- y otros que sólo quieren hacer lo correcto, en un mundo que suele empeñarse en hacer todo lo contrario. 

Además, la belleza plástica de la película, del director y guionista Aleksander Nordaas, muy bien rodada y montada, así como el halo de misterio y fragilidad que desprende Silje Reinåmo, la actriz noruega que interpreta a la mitológica y empática criatura, son alicientes más que suficientes para verla. Con todo, Thale forma parte de esa larga lista de producciones que, salvo por su paso por algún que otro festival de género, terminan siendo desconocidas para el gran público de nuestro país. Puede ser, también, no solo por proceder del país del que procede, sino por no contar con el soporte de una plataforma de streaming que no cese de recomendártela. Lamentablemente, esto sí que ocurre con otras producciones más banales y sin los aciertos de la película nórdica de la que les he hablado en los párrafos anteriores.

© Eduardo Serradilla Sanchis, Helsinki, 2013-2023

© 2023 Film Fund FUZZ and Yesbox Productions

© 2023 Film Fund FUZZ and Yesbox Productions.

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