Imágenes, volúmenes y, además, palabras

9 diciembre, 2020

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Tunnelen (El túnel)

Tunnelen (El túnel)

Lejos de lo que pudiera parecer, para la visión de un profano, el mundo nórdico -y los países que lo componen- no tiene tan buena reputación entre sus propios conciudadanos como se muestra en la imagen que de dichos escenarios se proyecta fuera de sus fronteras. Es más, la realidad pinta un fresco bien distinto, sin que por ello se pasen por alto las ventajas que las sociedades del norte de Europa pudieran tener para quienes viven en ellas. 

Lo que queda claro, cuando se reside en dicha parte del mundo, es que en el conjunto de tales países se agrupan personas con sus virtudes y con sus defectos, en muchos casos tan válidos y/o censurables como pudiera pasar en el resto del globo. Quizás la diferencia estriba en que estas mismas sociedades suelen aprender de sus errores y, además, tampoco son muy dadas a dilapidar sus recursos públicos y privados en sandeces varias, algo que en un emplazamiento geográfico como el que ocupa nuestro país, no sucede de la misma forma.

Sea como fuere, está claro que vivimos en un planeta condicionado por los modos y las maneras de quienes habitan sobre su superficie y de ahí que, independientemente del país en el que nos encontremos, se terminen por repetir los mismos esquemas que nos suelen poner a todos en jaque cuando estamos expuestos a ellos.

Y sobre tal base argumental, los errores que acompañan a la misma existencia del ser humano, se asienta el relato cinematográfico del que les voy a hablar, protagonizado de manera más señalada por los siguientes personajes: Stein; su hija, Elise; Ivar, su compañero de trabajo; y Andrea, quien se encarga de supervisar todo lo que veremos en la pantalla, desde su puesto de control.

El primero de la lista es una de esas personas con un sentido del deber y la responsabilidad tan acentuado que, con el tiempo, ha terminado por convertirse en un hándicap, sobre todo en sus relaciones personales. Fruto de todo aquello son las tirantes relaciones que mantiene con su hija, Elise, quien culpa a su progenitor, por lo menos de forma indirecta, de una inestabilidad emocional, la cual será la responsable de que la joven se suba en un determinado autobús y, en medio del camino, tenga que enfrentarse con sus miedos, sus carencias y, sobre todo, su enorme capacidad para sobrevivir ante la adversidad, gracias, eso sí, a ser hija de quién es.

Ivar es otro de esos hijos empeñados en demostrarle a su PADRE -con mayúsculas- que puede hacerse cargo de su vida sin necesidad de que lo tutelen. En el lado opuesto tenemos a Elise, quien se ha llegado a sentir “abandonada” por el casi se diría que obsesivo comportamiento de su padre para con su trabajo…

Dicho esto, ambos coinciden en tener una tensa y, a ratos, abrupta relación con sus respectivos padres, la cual les empujará a comportarse de la forma en la que lo hacen. En realidad, dicho choque generacional es normal, en cualquier parte, y más si se tiene en cuenta el vertiginoso ritmo al que están sujetas las vidas de las personas en la aldea global en la que nos encontramos.

El problema llega cuando todo esto sucede en medio de una situación tan límite como la que trascurre ante nuestros atónitos ojos, sin prácticamente tiempo para poder reaccionar. Con estos mimbres, solamente queda escoger el peor escenario posible, un enorme y claustrofóbico túnel, el cual parece querer llevar a quienes lo cruzan hasta las mismas entrañas del averno y convertir dicho espacio en la peor de las pesadillas para todos y cada uno de los personajes que protagonizan este drama.

Cierto es que, para algunas personas sometidas a los vaivenes de unas circunstancias extraordinarias, el túnel les supondrá un camino de iniciación para conocer hasta dónde llegan sus propias limitaciones, tal y como pudiera ser el caso de Elise y de algunos de los supervivientes que la acompañan. Frente a ellos, están los profesionales, Stein, Ivar y Andrea, entrenados para este tipo de situaciones, pero que ahora deben demostrar si, de verdad, todo ese entrenamiento es válido para abordar la situación en la que se encuentran inmersos.

Stein es quien sabe perfectamente qué hacer y cómo comportarse, antes siquiera de conocer todos los detalles y de enterarse de que su hija está atrapada en aquella ratonera que se ha logrado horadar en una majestuosa montaña nevada. Ya poco importa el paso atrás que dio para tratar de recuperar todo el tiempo perdido con sus seres queridos, tratando de dejar una vida para la que se había preparado durante años y que ahora vuelve para dejarle claro cuál es su lugar en esta tragicomedia que es la vida del ser humano. Ivar, por su parte, está empeñado en demostrar que es algo más que el hijo de alguien con poder y contactos, aunque ni su preparación, ni actitud sean la misma que posee su compañero.

Andrea, por su parte, es quien debe canalizar los problemas, las inquietudes y las necesidades de todos y cada uno de los implicados, sentada en una silla que simboliza mucho más de lo que pudiera parecer a simple vista. Es más, su voz termina por convertirse en un símbolo de esperanza cuando todo parece que está a punto de derrumbarse.

Y mientras tanto, el enorme y siniestro túnel, escupiendo un humo negro, pesado y agobiante, en todos los sentidos, no pierde la oportunidad de recordarnos a los seres humanos lo equivocados que estamos pretendiendo desafiar a la naturaleza. En esto último, el director de esta narración, Pål Øie nos dice, de manera clara, que poco importa el lugar en el que nos encontremos, porque el ser humano seguirá cometiendo los mismos errores de siempre desde que su evolución le llevó a desafiar el mundo en el que debía vivir y desarrollarse. Además, los resortes burocráticos de la civilización tampoco ayudan mucho que digamos.

En todos los lugares hay personas capaces, incapaces, desprendidas, egoístas y aquellas que se resisten a comportarse como deberían, independientemente de la situación en la que se encuentren, sólo por citar algunos ejemplos, y el reino de Noruega no es una excepción, por mucho que se piense que los defectos y las carencias que muestra esta narración son exclusivas de otras latitudes. Ni siquiera la personalidad de Stein es exclusiva en estas latitudes geográficas, pero sí que sería deseable que hubiera en este mundo más personas como él y menos como algunas que pululan por la película de Pål Øie.

De ser así, el túnel sobre el que se articula esta historia terminaría por dar mucho menos miedo del que da, al igual que el resto de los escenarios en los que nos debemos mover, día tras día, los seres humanos.

© Eduardo Serradilla Sanchis, Helsinki, 2020

© Nordisk Film Production.

Enlace de IMDB: https://www.imdb.com/video/vi918274329?playlistId=tt9049042&ref_=tt_ov_vi

Imagen 1: Stein (Thorbjørn Harr) y su hija Elise (Ylva Fuglerud) en una imagen de la película Tunnelen (El túnel) © Nordisk Film Production.

Imagen 2: Stein (Thorbjørn Harr) dentro del infernal escenario en el que se desarrolla la película Tunnelen (El túnel) © Nordisk Film Production.

Imagen 3: Stein (Thorbjørn Harr) y su compañero Ivar (Mikkel Bratt Silset) saliendo del escenario en el que se desarrolla la película Tunnelen (El túnel) © Nordisk Film Production.

Imagen 4: Andrea (Ingvild Holthe Bygdnes) y Egil (Kyrre Haugen Sydness) en una imagen de la película Tunnelen (El túnel) © Nordisk Film Production.

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