Imágenes, volúmenes y, además, palabras

24 agosto, 2021

Imágenes, volúmenes y, además, palabras

24 agosto, 2021

Village of the Damned: Desheredados (John Carpenter, 1995)

Village of the Damned: Desheredados (John Carpenter, 1995)

El cine de género -el último vagón del tren del séptimo arte, antes y ahora- es aquel en el que suelen recaer todos los prejuicios caprichosos, indocumentados y torticeros de quienes sólo entienden este negocio bajo el prisma de los “grandes clásicos”, tan inmutables como, en muchos casos, ciertamente apolillados y caducos, por el inexorable paso del tiempo.

El cine de género está lleno de actores que fueron tachados de mediocres -por desarrollar su carrera en un escenario tan poco valorado como es éste- y que, con el paso del tiempo, terminaron siendo unos parias y unos desheredados de esa fortuna que siempre parece sonreír a quienes escogieron una senda bien distinta, por falaz que esto sea en realidad.

El cine de género cuenta con un montón de pequeñas joyas, muchas de ellas sin tan siquiera pulir, pero que merecen la pena ser tomadas en cuenta por quienes disfrutan con el cine a secas y con mayúsculas, sin alfombras, plumas y sin ese “glamour” tan mentiroso como ramplón que tanto parece gustar a los promotores de este tipo de encuentros.  

El cine de género, simbolizado en un festival de cine, Night Visions, que, sin ser ni mucho menos perfecto -por lo menos, las personas que lo organizan distan mucho de serlo-, sí que ha logrado forjarse una sólida reputación sin tener que recurrir a las herramientas y, sobre todo, a los excesos anteriormente enumerados.

Night Visions es un festival que, año tras año -por lo menos, antes del parón obligatorio por causa de la pandemia en la que estamos todos inmersos-, se ha empeñado en ofrecer una selección de títulos que bien pudieran servir como testamento vital de quienes lo llevan organizando desde sus inicios. Quizás su secreto sea que, desde que empezaron, tuvieron asumido que aquella bien pudiera ser la última edición del evento…

Por esa misma razón no les suele temblar el pulso a la hora de ofrecer en su programación obras como de la que les voy a hablar en los siguientes párrafos, que reflejan la esencia misma del título de este ensayo, tanto por quienes lo protagonizan, como por lo desconocido que aún sigue siendo, un cuarto de siglo después de su rodaje. Esto último se debe, en buena parte, a su pésima distribución, la cual lo relegó, directamente, a las estanterías de los videoclubs que todavía existían en aquellos momentos, sin tan siquiera tener una oportunidad en las pantallas de los cines.

Village of the Damned se estrenó en nuestro país con el nombre de El pueblo de los malditos. Dirigida por John Howard Carpenter (1948-) en el año 1995, reinterpreta el clásico cinematográfico del mismo nombre, el que dirigiera en 1960 Wolf Peter Rilla (1920-2005) con George Henry Sanders (1906-1972) y Barbara Shelley (Barbara Teresa Kowin, 1932-2021) en sus papeles principales. En ambos casos, la historia original está basada en la novela The Midwich Cuckoos (1957), escrita por John Wyndham (John Wyndham Parkes Lucas Beynon Harris, 1903-1969), autor conocido en el mundo de la literatura de género por su sensacional novela postapocalíptica The Day of the Triffids (1951).

El trabajo del escritor inglés fue luego tamizado por Stirling Dale Silliphant (1918-1996), Ronald Kinnoch (1910-1995) -acreditado en los créditos como George Barclay- y el director Wolf Rilla, para la versión original de 1960. En la película de John Carpenter, además de utilizar dicho guion previo, trabajaron David Himmelstein (1947-), Steven Siebert y Larry Sulkis, -los dos últimos sin acreditar- junto al director.

La primera versión cinematográfica -todo un sonoro y lucrativo éxito de taquilla para los estudios británicos de Metro-Goldwyn-Mayer, más si se tiene en cuenta el ínfimo presupuesto del que partió que terminaría multiplicando por diez sus beneficios- nos traslada hasta el pequeño pueblo inglés de Midwich, espacio donde, tras un suceso inexplicable, nacerán un grupo de inquietantes, manipuladores y destructivos niños, capaces de cualquier tropelía con tal de salirse con la suya. Rodada con una sencillez de medios que, a ratos, termina por ser desasosegante por lo descarnada, dramática y cercana de la situación que se está viviendo, aquellos niños terminarán por ser una amenaza, con mayúsculas, merced a los poderes que les permiten manipular las mentes y las acciones de quienes los rodean.

Solamente el tesón y la determinación de Gordon Zellaby, personaje al que pone cara George Sanders -quien trabajó en la película casi por casualidad- logrará interponerse en el afán destructivo de aquellos niños demoniacos. En el relato original, sin embargo, se deja claro que su procedencia tiene que ver con una raza llegada desde el espacio exterior, no con las profundidades del averno.

Dicho esto, lo que realmente ha quedado grabado para la historia del séptimo arte contemporáneo, además de la magnífica interpretación de la también británica Barbara Shelley, Anthea Zellaby, la esposa de Gordon Zellaby en este relato cinematográfico, es el intenso enfrentamiento intelectual entre el resolutivo profesor y los inquietantes niños, uno de ellos su propio vástago, David (Martin Stephens, 1949-), líder del infame grupo.

La versión que tres décadas después rodara John Carpenter difiere bien poco del espíritu de la película original, salvo en la forma en la que el veterano director plasma los desmanes de los niños y los efectos que dichos desmanes causan en quienes les rodean. Además, se incluye a un personaje, el de la ambigua doctora y representante del Gobierno Federal, Susan Verner, que no forma parte del relato original literario.

Su inclusión añadirá un elemento discordante en toda la historia. Ella es la que se hace cargo del bebé no nacido de Melanie Roberts, el mismo que debería haber sido la pareja de David McGowan, dado que los niños van siempre en parejas. Esta pérdida siempre puso en peligro la estabilidad de todo el grupo e hizo que los excesos de los desasosegantes niños se multiplicaran, de manera exponencial y sin freno. Además, la presencia de la doctora añade el elemento conspiratorio -tan del gusto del imaginario estadounidense- que presenta siempre un lado turbio del Gobierno Federal, esté en el Despacho Oval el presidente que sea.

Lo más destacable, además de la endiablada capacidad del director por ir incomodando al espectador en la butaca, es el sólido reparto sobre el que se sustenta toda la narración cinematográfica, compuesto por un grupo de actores que, lejos de formar parte de ese selecto grupo de “estrellas del celuloide”, forman parte del grupo de desheredados que, a pesar de sus cualidades, nunca ha logrado destacar lo que debiera.

Christopher D’Olier Reeve (1952-2004), dando la réplica al doctor Alan Chaffee es, sin duda, quien mejor representa no el encasillamiento en un personaje, el del alienígena Kal-El -a quien interpretó en cuatro ocasiones-, sino la ceguera e ineptitud de una crítica y un público que fue incapaz de valorar títulos tan válidos y dignos de tener en cuenta como Somewhere in Time (Jeannot Szwarc, 1980); Monsignor (Frank Perry, 1982); The Bostonians (James Ivory, 1984); Street Smart (El reportero de la calle 42/ Jerry Schatzberg, 1987); Switching Channels (Interferencias/ Ted Kotcheff, 1988) o Noises Off (¡Qué ruina de función!/ Peter Bogdanovich, 1992).

Es más, su papel en la película de John Carpenter, la última que rodó antes de sufrir un accidente de equitación en el mes de mayo del año 1995 que lo postergó a una silla de ruedas hasta su pronta desaparición en el año 2004, no sólo no tiene nada que envidiarle al trabajo de un actor tan válido como lo fue George Sanders, sino que lo lleva un paso más allá. Reeve nos presenta a un personaje que mezcla esa asumida resignación ante lo que está ocurriendo delante de sus ojos con la determinación que le llevará a enfrentarse al peligro letal que suponen todos aquellos niños.

Junto al personaje del doctor Alan Chaffee se sitúan Jill McGowan (Linda Kozlowski) y la ya mencionada doctora Susan Verner (Kirstie Alley).

La primera, interpretada por Linda Kozlowski (1958-), es una madre soltera tras la muerte de su marido Frank McGowan (Michael Paré). Representa la quintaesencia de una superviviente nata, capaz de sobreponerse a la trágica muerte de su cónyuge -el mismo día en el que ella y el resto de las mujeres de la ciudad costera de Midwich quedaron embarazadas- y aceptar su situación sin amedrentarse por ello. Luego, cuando David nace, Jill será capaz de sortear todos y cada uno de los peligros que el resto de los niños suponen con tal de defender a su hijo, el único que no tiene pareja, circunstancia que lo hace menos dado al sadismo que demuestra el resto.

Quizás la actriz norteamericana de origen polaco volcó en su personaje todos sus esfuerzos previos por labrarse una carrera profesional sin tener que recurrir al recuerdo del personaje de Sue Charlton, la intrépida reportera protagonista de la saga Crocodile Dundee (1986-2001), cada vez que le ofrecían un papel en alguna producción de cine y/o televisión. Su interpretación en Village of the Damned no es sólo una de las mejores de la película, sino que, como ya pasara con su compañero de reparto Christopher Reeve, desnuda la falta de sentido práctico y el asfixiante predominio de los estereotipos y los abusos que regulan los mentideros de la industria cinematográfica, antes y ahora.

El caso de Kirstie Louise Alley (1951-) dista mucho de ser el mismo que el de su compañera de reparto, más si se tiene en cuenta su participación en la icónica serie de televisión Cheers (1987-1993) -serie por la que ganó un globo de oro y un Emmy- o la saga cinematográfica Look Who’s Talking (Mira quién habla, 1989-1993), junto a John Joseph Travolta (1954-). Sin embargo, su carrera profesional, una vez comenzado el siglo XXI, ha entrado en una deriva que la ha llevado a ser un rostro frecuente en programas de televisión, tales como Dancing with the Stars (2011-2012) o Celebrity Big Brother (2018), y ha dejado de prodigarse en películas, salvo en contadas ocasiones.   

En lo que a la película de Carpenter se refiere, su papel de la manipuladora esquiva e inquietante doctora Danvers -una versión femenina del televisivo C.G.B. Spender, creado por Chris Carter para la serie Expediente X– supone el contrapunto distorsionador que pone en peligro los intentos de Alan Chaffee y Jill McGowan por tratar de entender, y controlar, a los temibles niños, además de demostrar que no sólo aquellos infantes son unos dementes sin control.

El caso de Meredith Dawn Salenger (1970-), la actriz que da la réplica a Melanie Roberts -la única mujer que pierde a su bebé en el momento del parto-, es similar al de Linda Kozlowski. Tras un más que prometedor debut en la película The Journey of Natty Gann (El viaje de Natty Gann/ Jeremy Kagan, 1985) junto al actor John Paul Cusack (1966-) -una de las pocas películas producidas por Disney en la aciaga década de los años ochenta del pasado siglo XX que sí gozaron del favor del público-, vio cómo su carrera no lograba cuajar como hubiera sido deseable. Esto, en parte, se debió a que la actriz decidió abandonar la disciplina interpretativa para estudiar psicología en la universidad de Harvard, entre 1988 y 1992.

Una vez de regreso en el mundo de la interpretación, sus apariciones fueron perdiendo peso y, en la película de John Carpenter, su papel -sin ser tan relevante como los dos casos anteriores-, sí que es cierto que posee una fragilidad y vulnerabilidad dignas de ser comentadas, que la alejan de los papeles juveniles que había interpretado en su primera etapa como actriz. Ella representa, mejor que nadie, la desesperación que embarga a los habitantes del lugar ante los abusos cometidos por aquellos niños que nadie deseó, mucho menos ella -virgen en el momento del súbito, e inexplicable, embarazo-, pero que están socavando los mismos cimientos de la convivencia en Midwich.

Si hablamos de encasillamiento, Mark Richard Hamill (1951-) poco tiene que envidiarle a su compañero de reparto Christopher Reeve. En el caso del primero, su carrera siempre ha estado ligada el personaje de Luke Skywalker, el granjero que, siguiendo los dictados del antropólogo Joseph Campbell, se convirtió en un héroe que se opondría a la tiranía del malvado imperio galáctico, junto a su hermana melliza, la princesa Leia Organa, Han Solo, su fiel compañero Chewbacca y las enseñanzas del caballero Jedi Obi-Wan Kenobi.

No obstante, el actor californiano trató de diversificar su carrera luego del estreno de Star Wars (George Lucas, 1977). Por dicha razón, protagonizó Corvette Summer (Matthew Robbins, 1978); la magnífica propuesta bélica The Big Red One (Samuel Fuller, 1980) junto al icónico Lee Marvin (1924-1987); The Night the Lights Went Out in Georgia (Ronald F. Maxwell, 1981);  Slipstream (La furia del viento/ Steven Lisberger, 1989), una película que se mereció mucha mejor suerte, a pesar de los vaivenes que sufrió su producción; y The Guyver (Screaming Mad George & Steve Wang, 1991), otra producción que mereció mucha más consideración por parte del público y de quienes dicen amar y defender el cine de género.

Al final, la carrera del actor ha estado más ligada al mundo de la animación -dando su voz a personajes tan carismáticos como el excesivo y demente Joker o trabajando para la industria de los videojuegos- que actuando en la gran pantalla para el espectador, por lo menos, hasta la llegada de la tercera trilogía galáctica y todo lo que ello ha supuesto para el universo original creado por George Lucas cuatro décadas antes. Su último trabajo ha sido darle le réplica al personaje de Skeletor en la serie de animación Masters of the Universe: Revelation, entrenada en julio del presente año 2021.

Village of the Damned nos ofrece la oportunidad de ver al actor en el papel del reverendo George, el único representante del estamento eclesiástico en la ciudad de Midwich. Éste, como es lógico pensar, verá la mano demoniaca en todo aquello, circunstancia que tratará de extirpar como si se tratara de un cáncer. Ni que decir tiene que su personaje terminará bordeando la línea que separa la cordura de la locura, instantes en los que Mark Hamill dejará palpable que su registro interpretativo siempre ha sido capaz de ir más allá de su papel como granjero, luego transmutado en héroe, en una “galaxia muy, muy lejana”.

El último en discordia en esta narración es Michael Kevin Paré (1958-), el marido de Jill McGowan que desaparecerá en los instantes previos de la narración cinematográfica, suceso que determinará el carácter de su mujer, sobre todo cuando da a luz a David.

El actor, originario de Nueva York, empezó su carrera protagonizando títulos tan emblemáticos como Eddie and the Cruisers (Martin Davidson, 1983); The Philadelphia Experiment (El experimento Filadelfia/ Stewart Raffill, 1984); y el musical Neo-noir Streets of Fire (Calles de Fuego/ Walter Hill, 1984).

Después y en las décadas siguientes, salvo por contadas excepciones, Paré no ha dejado de protagonizar títulos secundarios y de bajo presupuesto -pensados para su lanzamiento en formato videográfico-, muchos de ellos dirigidos por el infausto director alemán Uwe Boll (1965-), hasta que éste se retiró en el año 2016.

En Village of the Damned es cierto que el actor tiene poco tiempo de demostrar sus cualidades interpretativas, que las tiene, dada su pronta y dramática desaparición. En cambio, en la fantasía rodada por Walter Hill, Michael Paré -dando la réplica al pétreo personaje de Tom Cody- tiene tiempo de explorar su registro interpretativo, en medio de una narración rodada a ritmo de rock & roll, a lomos de potentes motocicletas y con una mezcla de estilos y escenarios llenos de enormes luces de neón que nos retrotraen a otras épocas donde todavía se sabía quiénes eran los malos y, si me apuran un poco, los menos malos.

Streets of Fire es una película rodada con un ritmo trepidante, dotada de una banda sonora que nunca da tregua al espectador y con una puntuación cinematográfica que la diferencia de la mayoría de las producciones de aquellos años, muchas de ellas condicionadas -en el mal sentido- por la estética del videoclip impuesta por la cadena de televisión MTV. En contraposición a dichas carencias, Walter Hill (1942-) propone una suerte de cuento de hadas contemporáneo donde un “príncipe”, Tom Cody, regresa a su ciudad de origen para salvar a su “princesa”, Ellen Aim (Diane Colleen Lane, 1965-) del malvado secuestrador que la tiene presa, Raven Shaddock (William James «Willem» Dafoe, 1955-). Y todo esto ocurre porque Reva Cody (Deborah Gaye Van Valkenburgh, 1952-), hermana del héroe, le pone sobre aviso.

Una vez que los personajes principales están sobre el tablero de juego, incluyendo al pretencioso Billy Fish (Frederick Allan “Rick” Moranis, 1953-) y a la resolutiva McCoy (Amy Marie Madigan, 1950-) -una soldado antes de que las mujeres pudieran siquiera entrar en el ejército y, mucho menos, en combate-, la acción resultante mezcla elementos del western más clásico, sobre todo por la actitud solitaria y desafiante de los dos antagonistas principales y las armas que empuñan, y le añade toques de la estética de las películas de los años cincuenta, tales como la atmósfera, la luz y el uso del espacio que se plasma en la pantalla.

Donde la película va un paso más allá es en su montaje, que recuerda a la maquetación de un comic-book. Es más, una secuencia se “rasga” en la pantalla y la siguiente invade el espacio libre, solapando las imágenes anteriores, de la misma forma que cuando las viñetas dibujadas en una página tratan de invadir el espacio de la siguiente, sin resignarse a ocupar el espacio asignado.

Todo esto debería haber sido más que suficiente para que el público de aquella época valorara el proceso de reinvención estética y cinematográfico que desarrollaran el director y todo su equipo. La realidad fue bien distinta. Han tenido que pasar varias décadas para que ese mismo público que le dio la espalda en el momento de su estreno haya empezado a considerarla una de las mejores propuestas estilísticas y argumentales de cuantas se estrenaron en aquellos momentos. Hoy sigue destacando frente a la legión de producciones clónicas que se apuntaron a una moda, sin tan siquiera saber de qué estaban hablando…

Y en cuanto a por qué destaca, ello se debe a lo sobresaliente del casting, incluyendo la actuación de un Michael Paré que entendió los dobleces, las motivaciones y el devenir de Tom Cody, una suerte de héroe pulp crepuscular, trasplantado a una época que no es la suya, pero en la que siguen haciendo falta héroes con mayúsculas.

Queda para la historia el épico enfrentamiento entre Tom Cody y Raven Shaddock, brutal, áspero y sin concesiones, y las dos canciones interpretadas por Ellen Aim. La primera, Nowhere Fast, es el verdadero pistoletazo de salida para toda la acción. Por su parte, Tonight Is What It Means to Be Young es todo un canto a la inocencia perdida y a la realidad que rodea a las personas, amén de ser el mejor epílogo para una película que, al final, ha logrado formar parte del imaginario de la cultura popular contemporánea, aunque con unas cuantas décadas de retraso.

Streets of Fire es otra de esas películas que se ignoraron en el momento de su estreno y que se han recuperado luego en distintos foros, tal y como es el festival Night Visions, en este caso particular, el mismo año en el que la propuesta de John Carpenter se pudo ver en pantalla grande. Y sin querer entrar en ningún tipo de agravio comparativo, más si se tiene en cuenta que el reparto de la película dirigida por Walter Hill sí logró continuar con su carrera cinematográfica, de una forma o de otra -algo que no pasó con la mayoría de los actores que participaron en Village of the Damned antes y después del trabajar en la producción-, no es menos cierto que ambas películas sufrieron de las consecuencias derivadas de la ceguera que suele padecer la audiencia de tanto en tanto, además del denodado empeño de la industria por torpedear aquello mismo que, en teoría, debería defender.

Esto último se puede aplicar, casi palabra por palabra, a lo que le sucedió a la película de John Carpenter, la cual se debió conformar con los festivales que le dieron cobijo, en el momento en el que ésta ya estaba terminada y, luego, pasar a engrosar las estanterías de los videoclubs, establecimientos que, por entonces, se encontraban en cualquier ciudad del mundo, por lo menos, hasta la primera década del presente siglo XXI.

Bien es cierto que este hecho no siempre suponía un handicap para que quienes peregrinaban, semana tras semana, para descubrir qué nuevas propuestas habían pasado a engrosar el catálogo del lugar en cuestión, pero sería de necios ignorar lo que, a una película cualquiera, y más si cabe a una de género, le suponía el no estrenarse en pantalla grande y con el soporte publicitario de una empresa de distribución cinematográfica cualquiera, por pequeña que ésta pudiera ser, circunstancia que no se le puede aplicar a los estudios Universal (Universal City Studios LLC, 1912) una de las más veteranas empresas cinematográficas a nivel mundial.  

Sea como fuere, todos aquellos que no pudieron disfrutar con Village of the Damned, tal como debe ser; es decir, dentro de la oscuridad de una sala de cine y en pantalla grande, se perdieron la oportunidad de ver la desasosegante secuencia final protagonizada por Jill McGowan (Linda Kozlowski) y su hijo, David (Thomas Dekker). Se trata de un momento en el que la no menos inquietante banda sonora, compuesta por John Carpenter y Dave Davies, te va llevando hasta una oscuridad que amenaza con tornarse en una terrorífica pesadilla sin fin, vista la gélida frialdad que rodea los ojos del infante que acompaña a su madre mientras dejan atrás aquel dantesco escenario en el que se ha convertido lo que antaño fuera su hogar.

© Eduardo Serradilla Sanchis, Helsinki, 2021.

© 1995 Universal Pictures and Alphaville Films

Village of the Damned 1960

David Zellaby (Martin Stephens), Gordon Zellaby (George Sanders) y Anthea Zellaby (Barbara Shelley) en una imagen promocional de la película Village of the Damned © 1960 Metro-Goldwyn-Mayer British Studios.

Póster de la película Village of the Damned © 1960 Metro-Goldwyn-Mayer British Studios.

Village of the Damned 1995

El doctor Alan Chaffee (Christopher Reeve) en una imagen de la película Village of the Damned © 1995 Universal Pictures and Alphaville Films.

La doctora Susan Verner (Kirstie Alley) en una imagen de la película Village of the Damned © 1995 Universal Pictures and Alphaville Films.

Frank McGowan (Michael Paré) en una imagen de la película Village of the Damned © 1995 Universal Pictures and Alphaville Films.

Jill McGowan (Linda Kozlowski) en una imagen de la película Village of the Damned © 1995 Universal Pictures and Alphaville Films.

David McGowan (Thomas Dekker) en una imagen de la película Village of the Damned © 1995 Universal Pictures and Alphaville Films.

Reverend George (Mark Hamill) en una imagen de la película Village of the Damned © 1995 Universal Pictures and Alphaville Films.

Melanie Roberts (Meredith Salenger) en una imagen de la película Village of the Damned © 1995 Universal Pictures and Alphaville Films.

Robert (Cody Dorkin), Julie (Trishalee Hardy), Mara (Lindsey Haun), Dorothy (Jessye Quarry), Issac (Adam Robbins), Matt (Chelsea DeRidder Simms), Casey (Renee Rene Simms) y Lily (Danielle Keaton) en una imagen de la película Village of the Damned © 1995 Universal Pictures and Alphaville Films.

Poster de la película Village of the Damned © 1995 Universal Pictures and Alphaville Films.

Póster del estreno de la película Village of the Damned, en la Federación Rusa © 1995 Universal Pictures and Alphaville Films.

Streets of Fire

Ellen Aim (Diane Lane) en una imagen de la película Streets of Fire © 1984 Universal Pictures, RKO Pictures and A Hill-Gordon-Silver Production.

Tom Cody (Michael Paré) en una imagen de la película Streets of Fire © 1984 Universal Pictures, RKO Pictures and A Hill-Gordon-Silver Production.

Raven Shaddock (Willem Dafoe) en una imagen de la película Streets of Fire © 1984 Universal Pictures, RKO Pictures and A Hill-Gordon-Silver Production.

McCoy (Amy Madigan) en una imagen de la película Streets of Fire © 1984 Universal Pictures, RKO Pictures and A Hill-Gordon-Silver Production.

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