Imágenes, volúmenes y, además, palabras

9 febrero, 2021

Imágenes, volúmenes y, además, palabras

9 febrero, 2021

¡Yo soy Espartaco!, por Kirk Douglas. Capitán Swing Libros, S.L.

¡Yo soy Espartaco!, por Kirk Douglas. Capitán Swing Libros, S.L.

En nuestro mundo, cada cual puede vivir su vida como le plazca, o como las circunstancias se lo permitan, todo sea dicho. Unos tratarán de sobrevivir, sin despertar muchos recelos entre sus semejantes. Otros se apuntarán al carro del clientelismo, buscando dónde colocar sus horondos traseros con tal de medrar. Claro que, también estarán aquellos que, a pesar de lo adverso del escenario, se empeñen en vivir su vida de acuerdo con unas férreas directrices éticas y morales, soporte de una coherencia que pocos llegan a conocer.  

Una de esas escasas personas, capaces de enfrentarse con los propios cimientos sobre los que se sustentaba la sociedad en la que vivía, fue Issur Danielovitch (1916-2020) -nombre que, luego, se transformaría en Kirk Douglas, por aquellos vaivenes que siempre han caracterizado el mundo de la farándula-, descendiente de una pareja de emigrantes judíos, llegados desde Bielorrusia hasta los Estados Unidos de América. 

Douglas, persona liberal y abierta de mente en el sentido más amplio de la palabra, sufrió, en carne de otros, el sinsentido -bendecido y santificado por muchos- que supuso para su país de acogida la caza de brujas y las listas negras. Por culpa de la histeria anticomunista -desatada entre otras personas por el celebérrimo senador Joseph McCarthy-, el mundo de la creación artística y el libre pensamiento se vio sometido a un linchamiento continuo, el cual acabó con la carrera profesional y, en algunos casos, con la vida misma de cientos de personas durante los años finales de la década de los cuarenta y buena parte de la década de los años cincuenta del pasado siglo XX.

Y en medio de un ambiente tan viciado -casi diría que desquiciado- Kirk Douglas y su productora, Bryna, el nombre eslavo de su madre, se empeñaron en llevar la contraria y producir películas tan políticamente incorrectas como Paths of Glory (Stanley Kubrick, 1957), uno de los mayores alegatos contra el sinsentido de la guerra y todo lo que la rodea o Spartacus ( Stanley Kubrick, 1960), según novela del historiador Howard Melvin Fast (1914-2003) y escrita mientras su autor cumplía sentencia por negarse a delatar a quienes, en el pasado, habían apoyado las actividades de un grupo antifranquista y antifascista.   

Como verán, el mero hecho de plantearse llevar a la pantalla una novela de alguien condenado por no colaborar con el Comité de Actividades Anti-Americanas, organismo empeñado en limpiar la sociedad de aquel momento de cualquier elemento subversivo y/o peligroso -a imagen y semejanza de las purgas del megalómano de Joseph Stalin, en la URSS- era ya un atrevimiento que bordeaba lo delictivo. El que, además, contratara a James Dalton Trumbo (1905-1976), uno de los guionistas que se negó a delatar a sus supuestos “camaradas de armas comunistas” -circunstancia que no sólo le llevó a dar con sus huesos en la cárcel, sino a formar parte de la lista negra que le impedía trabajar para ningún estudio de Hollywood- rozaba lo suicida, se mire como se mire.

Lo mejor de todo es que Kirk Douglas nunca se ha visto, ni entonces ni ahora, como un activista político, ni nada que se le parezca. Es más, cuando en 1959 se planteó llevar a la pantalla la novela de Fast, su empeño era el de lograr reunir al mejor grupo de actores posible, y dejar los mítines y los eslóganes políticos para quienes se ganan la vida con ello. Sin embargo, no es menos cierto que Douglas detestaba toda aquella situación, y con su carácter recio y decidido se mantuvo impasible ante los continuos embates que debió sufrir la producción de la película. Gracias a su osadía, y su empeño por ser coherente con su forma de pensar, el nombre de Dalton Trumbo volvió a figurar en el lugar que le correspondía y, al hacerlo, Douglas, con su película Espartaco, acabó con la lista negra de Hollywood.

George Timothy Clooney (1961-), actor que sí se ha significado por sus ideas liberales y democráticas en el Hollywood actual -algo que queda palpable en aquellas películas dirigidas por él mismo, en especial Good night and good luck (2005), resume de una forma muy clara y precisa la forma de entender la vida de Kirk Douglas, en el prólogo del libro ¡Yo Soy Espartaco!

La pasta de la que está hecho Kirk Douglas es una materia absolutamente sólida. A diferencia de muchos personajes que vemos en las películas, no se moldeó liderando ninguna causa. Su sendero hacia la gloria discurre más bien paralelo al de personajes como Atticus Finch en Matar a un ruiseñor. Él no buscaba pelea… la pelea fue a buscarle a él… y al igual que Atticus, hizo lo que sabía que debía hacer, lo que era correcto.1

Kirk Douglas es muchas cosas. Estrella de cine. Actor. Productor. Pero, en primer lugar y por encima de todo, es un hombre de una naturaleza extraordinaria. Esa naturaleza que se forja cuando hay mucho en juego. Esa naturaleza que siempre buscamos en los momentos más difíciles.

Si quieren conocer cómo era Hollywood y la sociedad de los Estados Unidos durante buena parte del pasado siglo XX y, además, conocer cómo se lograr llevar una película a la gran pantalla sin perecer en el intento, ¡Yo Soy Espartaco! es un libro imprescindible para amantes y neófitos de la historia y del séptimo arte, entonces y ahora.

Y si, también, quieren aprender cómo se logra llevar una vida intensa, plena, rica y coherente, las palabras de Douglas son mucho más válidas, actuales y sinceras que las de cualquier youtuber, influencer y/o libro de autoayuda del tres al cuarto y peor factura.

Eduardo Serradilla Sanchis, Helsinki, 2014-2021.

Nota: To Kill a Mockingbird, Nelle Harper Lee (1960)

Imagen de la portada: Cortesía de la editorial Capitán Swing Libros, S.L.

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